Javier Fernández.
Javier Fernández. / Mario Rojas

Javier Fernández: «Conocí a Villa, fue amigo mío; busquen lo que quieran, nada encontrarán»

  • El presidente responde a las insinuaciones de Foro y Podemos sobre su relación con el exlíder del SOMA en un pleno caliente en la Junta

La oposición, o al menos una parte de ella, cree haber encontrado un filón político en el nuevo discurrir del 'caso Villa', en las facturas que revelan todos los gastos personales que el exlíder sindical habría facturado indebidamente al SOMA durante sus años de mandato. Ayer, en el pleno de la Junta General, Podemos y Foro atacaron sin disimulo al presidente del Principado por ese flanco, haciendo hincapié en la relación política que ambos mantuvieron en el pasado. Javier Fernández sabía a lo que se exponía porque llegó al pleno con el discurso bien preparado. «Conocí a Villa, fue amigo mío», recalcó durante su 'enganchada' con el portavoz de la formación morada, Emilio León. «Milito en el PSOE y la UGT. A partir de ahí, busquen lo que quieran porque nada van a encontrar», añadió, intentando desactivar con ese mensaje las insinuaciones lanzadas por sus adversarios.

No aparecía el nombre de Villa en ninguna de las preguntas registradas por los grupos para la sesión de ayer, pero el asunto, después de las informaciones de este periódico sobre las facturas cargadas por el ex líder sindical al SOMA, flotaba en el ambiente. La portavoz de Foro, Cristina Coto, que se interesaba por las supuestas irregularidades de la prórroga presupuestaria de 2014, aprovechó su turno para 'colar' que la actitud política del presidente, su «cinismo», solo es explicable «en el discípulo más fiel y aventajado del señor Villa». Podemos, que sí centraba en atención en los episodios de corrupción e irregularidades que afectan a la comunidad, citó directamente al histórico ex dirigente en el listado de escándalos que en estos momentos tratan de esclarecer los juzgados.

Fernández respondió a la ofensiva. Dado que no puede negar su relación pasada con Fernández Villa, la reconoció abiertamente. «Le conocí, tuve amistad con él», dijo. Y, a partir de ahí, machacó sobre el argumento que viene utilizando siempre que la oposición le vincula con algún escándalo de supuesta corrupción: que nada tiene que esconder. «Busquen lo que quieran porque nada van a encontrar», aseveró.

El presidente del Principado y de la gestora del PSOE, también secretario general de la FSA, se permitió incluso algún toque de ironía al relatar los gastos que Villa cargó al SOMA -citó los perfumes, los helados...- y sobre todo al comparar los gustos cinematográficos del ex sindicalista -en la lista de facturas aparecen películas de Clint Eastwood como 'Harry El Sucio'- con los suyos. «Si hablamos de Eastwood a mí me interesa más 'Mystic River' o 'Sin Perdón'», comentó esbozando una sonrisa.

La refriega, tanto con Podemos como con Foro, fue dura. León había basado su discurso en la existencia de un 'cártel del Reconquista', una suerte de trama de intereses políticos y económicos que asoció a episodios oscuros de la realidad asturiana pasada y presente. Ahí sacó a escena a Villa, «que fumaba puros mientras los parados fumaban en pipa». El presidente no se mordió la lengua en su réplica. «Han entrado en las instituciones pero las instituciones no han entrado en ustedes», espetó, acusando a los diputados de la formación morada de tener como único objetivo «ensuciar» la vida pública.

Coto, por su parte, afeó al presidente que no haya dado explicaciones suficientes sobre el 'caso Villa' y evocó tiempos pasados, cuando el líder del SOMA era «el sumo pontífice» del PSOE y Fernández, «su sumiso monaguillo». A la portavoz de Foro le criticó el líder socialista que acuda a la Junta a «insultar».

La contienda dejó en segundo plano el intercambio de pareceres entre Fernández y el portavoz de IU, Gaspar Llamazares, muy crítico con la política del Gobierno de asumir las tesis del PP en la rebaja del impuesto de Sucesiones. «Defienda el impuesto porque no lo ha hecho, su respuesta es el silencio», dijo ante la movilización pública que reclama la supresión del tributo.

A Llamazares, que negó con vehemencia el argumento de que Sucesiones sea un tributo que penalice a la clase media, le contestó Fernández rechazando la «carrera absurda» que parece haberse abierto en defensa de la eliminación del gravamen. Mensaje que tuvo que compatibilizar con la rebaja que su Ejecutivo ha pactado con el PP y que enmarcó en la necesidad de procurarse apoyos para sacar adelante el presupuesto de 2017.