El Comercio
Javier Fernández.
Javier Fernández. / DANIEL MORA

Fernández reprocha a Podemos que interfiera en las primarias con su moción «envenenada»

  • La líder del PP cuestiona el liderazgo del presidente y le desea con ironía «suerte el domingo», y este la tilda de «gran organizadora de derrotas»

  • El debate del PSOE y la censura a Rajoy irrumpen en la Junta en un pleno cargado de ataques

El pleno de la Junta General abandonó ayer su rutinaria melancolía y no fue por un asunto que le sea propio, los presupuestos o alguna ley de calado, sino por uno que en buena medida le resulta ajeno: las primarias del PSOE. Con la votación para elegir al secretario general de los socialistas a la vuelta de la esquina, los dos principales partidos de la oposición, PP y Podemos, no desaprovecharon la ocasión de hurgar en las heridas del presidente del Principado y de la gestora, Javier Fernández. La presidenta de los populares, Mercedes Fernández, lo hizo poniendo en cuestión su liderazgo. El portavoz de Podemos, Emilio León, le echó en cara que esté más preocupado de las cuestiones internas que de las inquietudes de la ciudadanía. A ambos replicó con contundencia el jefe del Ejecutivo, especialmente al segundo, disparando por elevación y cargando contra su líder nacional, Pablo Iglesias, por «interferir» en la vida interna del PSOE con una moción de censura en el Congreso de los Diputados cuyas intenciones reales desaprobó.

La de ayer fue una sesión tensa, áspera, que evidenció la falta de aliados del PSOE y del Gobierno en la Cámara y la apuesta de los grupos de la oposición por aprovechar la situación para desgastar en lo posible a Fernández y los suyos. El apoyo del PP a los presupuestos regionales fue un espejismo, una decisión vinculada al respaldo previo de los socialistas -por la vía de la abstención- a la investidura de Mariano Rajoy, y los populares vuelven al ataque con la mirada en las elecciones autonómicas y locales de 2019. En cuanto a Podemos, no ha dado oxígeno al Ejecutivo en lo que va de legislatura y no contempla hacerlo ahora. Con ese panorama previo y las primarias socialistas en perspectiva, era previsible que todo explotara en el reglamentario turno de preguntas al presidente. Así sucedió.

Fue el PP quien abrió la veda por la vía de poner en cuestión el liderazgo de Javier Fernández, que compatibiliza su cargo al frente del Gobierno con su labor interina a los mandos de la gestora del PSOE. Mercedes Fernández le calificó, utilizando la jerga laboral, de «presidente fijo discontinuo; está, pero poco». Consideró que sus ausencias no serían graves si la situación de la región fuera positiva «pero Asturias no va bien», e ironizó con el hecho de que ni siquiera los datos de empleo son satisfactorios, «cuando es el único consejero -Francisco Blanco- al que no tiene en campaña» en apoyo de Susana Díaz.

Incidió la presidenta popular en los escasos éxitos del Gobierno en estos dos años de mandato y fue ahí donde colocó de lleno el debate de las primarias. «Si cree que tiene un liderazgo firme en Asturias con estos logros, que tenga suerte el domingo», le dijo, antes de salir al paso de las risas con que el jefe del Ejecutivo recibió los dardos. «Nos gusta verle reír, lleva unos días con una cara de vinagre que da pena verle», remachó.

En su réplica, Fernández no se mordió la lengua. Se confesó perplejo ante el hecho de que la líder del PP guste de dar «lecciones de liderazgo» cuando «no ha ganado usted ni unas elecciones». Llegó a definirla como «gran organizadora de derrotas» y sacó a colación las dos citas con las urnas en las que la derrotó. Y no pudo resistirse a hacer referencia a los aplausos con que desde las bancadas populares se jaleó la intervención previa de su presidenta: «La ovación va más allá de lo que recomienda cualquier manual de peloteo parlamentario».

«¿De quién se rodea usted?»

El cuerpo a cuerpo con el portavoz de Podemos estuvo igualmente exento de la más mínima sintonía. Emilio León le interrogó sobre una reciente comparecencia en la Cámara del ex presidente socialista Juan Luis Rodríguez-Vigil y le preguntó si amparaba sus reflexiones sobre la emigración de jóvenes asturianos. Lo hizo citando que Vigil forma parte del Consejo Consultivo y sus palabras «nos cuestan 67.000 euros al año».

Fernández admitió que cree «penoso» que haya jóvenes que quieran trabajar en Asturias y no puedan, pero a partir de ahí pasó al ataque. Lo hizo a su estilo, jugando con la ironía y remarcando que no solo hay gente que se va del Principado, también otra que viene y es «bien recibida». Señaló entonces al secretario general de Podemos en la región, Daniel Ripa, «antes nacionalista aragonés, ahora nacionalista asturiano», y siempre objeto preferente de las invectivas socialistas. «Usted, señor León, pregunta de quienes nos rodeamos. ¿Y de quién se rodea usted? Porque tiene un compañero que le gusta más una hoguera que una tiza a un tonto», dijo sobre Ripa, a quien suele comparar con un inquisidor.

Fernández, además, venía con ganas de afear a Podemos sus injerencias en las primarias socialistas, y dio por sentado que la moción de censura que el partido morado ha presentado en el Congreso busca más enturbiar las aguas del PSOE que desalojar al PP de la Moncloa. Instó al adversario a «no interferir» en la vida interna de otros partidos, menos aún con una iniciativa como esta moción, que tildó de «manzana envenenada», con Pablo Iglesias ejerciendo el papel de madrastra de Blancanieves.

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