El Comercio

Villa y el negro poder de las amistades

  • El exlíder sindical eligió a José Antonio Postigo para dominar el Montepío, una entidad privada, pero controlada con puño de hierro por el SOMA

  • El exsecretario general del SOMA urdió un entramado que ahora destapa la investigación de la UCO

¿Cómo hace uno para ganar millones de euros para sí mismo y para sus amigos sin montar una empresa legal? Según la investigación de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, es factible. Hace falta un entramado bien diseñado, una base social que respalde al líder y que suponga una cierta amenaza para el poder establecido, y que éste le deba al líder del entramado parte de su posición. O, simplemente, que le tema.

Contábamos hace unas semanas cómo José Ángel Fernández Villa llegó a adquirir en Asturias un poder tan omnímodo que durante años ponía y quitaba presidentes del Principado y se erigía en portavoz de Asturias en diversas negociaciones frente a la Administración central. La más importante de ellas, la de los fondos mineros. Villa fue, respaldado por un sindicato capaz de paralizar Asturias y de incomodar seriamente a Madrid, el factótum de unos fondos que, se suponía, iban a traer a la región una oleada de millones destinada a reindustrializarla y a situar su tejido productivo en la vanguardia del nuevo siglo. Asturias, y hubo voces que desde el PP lo afirmaron, iba a ser «la Alemania de España» gracias a los fondos mineros.

Luego vino la aplicación de esa lluvia de millones. Y Villa seguía teniendo la voz cantante. No todo se hizo mal. Algunas de las obras proyectadas eran objetivamente necesarias. Pero cuando desde el entorno de Villa se planteó que había que levantar un macrogeriátrico en Felechosa, en lo más alejado del centro de Asturias del valle del Aller, hubo quien dudó.

Para defender el proyecto, Villa contaba ya con su fidelísimo José Antonio Postigo al frente del Montepío de la Minería. Él le había situado al frente de la mutualidad, una particular entidad privada (es propiedad de los socios mutualistas), pero controlada con puño de hierro por el SOMA (la mayoría de los mutualistas son afiliados suyos, y la dirección es invariablemente de mayoría aplastante del sindicato que Villa dirigía).

Mientras Villa forzaba en Madrid que la obra se pudiese financiar íntegramente con cargo a los fondos mineros, merced a su poder sindical y político, Postigo iba buscando un constructor de confianza. Lo encontró, sin buscar mucho, en su amigo Juan Antonio Fernández. Su pequeña empresa, Alcedo de los Caballeros, hacía poco más que reformas y obras de menor entidad, pero en el concurso diseñado por el Montepío, por Postigo y sus colaboradores, Alcedo se impuso a competidores como la UTE Trobsa-Inbulnes-Cevisa (21,7 millones); la de Dragados y Gonsan (19,9 millones); la de Procoin y Proasur (22,2 millones) y la oferta de San José (15,6 millones). Alcedo presupuestaba 25,1 millones y acabó imponiéndose a las demás, teniendo en cuenta incluso que con los sobrecostes previsibles que se le atribuían a cada una de las ofertas la de Alcedo seguía siendo la más cara y que, además, llegó a elevar el coste hasta los 32,4 millones.

De 10,1 millones que inicialmente presentó en el estudio el arquitecto Manuel Sastre a tres veces más. Unos 165.000 euros de coste por cada una de las 200 plazas que tiene el geriátrico. En esas cantidades, según indica la Fiscalía Anticorrupción, hay sitio para mucho. Y si las obras se ejecutan con calidades inferiores a las presupuestadas y sin cumplir con algunas de las partidas, aún más.

Alcedo de los Caballeros tuvo que subcontratar la mayoría de los trabajos a otros profesionales y empresas, toda vez que carecía de los medios para hacer frente sola a una obra de la entidad de la del macrogeriátrico. Y ahí está buena parte del montaje, siempre según los datos de la investigación. Las catorce empresas y profesionales que quisieron participar afrontaron 'mordidas' que sumaron, que se haya documentado, al menos 2.799.060 euros. ¿De dónde salía ese río de dinero? Según la investigación, de sobrecostes que elevaron de forma injustificada el coste de la obra en «un 36%, y hasta en un 51% si se tiene en cuenta el beneficio empresarial».

No actuó solamente en Felechosa. A Alcedo le encargó Postigo obras en el Balneario de Ledesma por más de 4,5 millones, que también hubo que rehacer. Y actuaciones en las instalaciones del Montepío en Murcia y Almería, que en parte ordenó pagar con cargo a la obra de Felechosa. Tanto hacía y deshacía Postigo a su antojo, que se llegó a embolsar, según la investigación, más de 300.000 euros con facturaciones alteradas de la limpieza en Murcia y Almería.

Postigo no solo encontró en Alcedo de los Caballeros un buen instrumento para llevar la obra que se pagaba con los fondos mineros a su antojo, sino también, en el propietario de la constructora, Juan Antonio Fernández, a un buen amigo. Tanto, que hasta se construyeron sendos complejos para su relajo vacacional en el municipio vallisoletano de Mayorga de Campos (se pueden ver en el suplemento V de esta edición).

¿Y por qué se tardó tanto en saberlo? Para completar un entramado y que este pueda actuar impunemente, siempre es conveniente un pacto de silencio. Ahí vuelve a actuar Villa, que con su influencia logró que nadie dijese nada ni cuando el proyecto se presentó, con su evidente desmesura, ni cuando los costes se iban disparando. Ni los sucesivos responsables de la Administración central, ni el Instituto para la Reestructuración de la Minería del Carbón y de las Comarcas Mineras (IRCM), a través del cual se abonaban los fondos mineros. Nadie. De hecho, la fiscalía ya solicitó hace dos años al IRCM el informe sobre el control de las obras y, de momento, no se ha presentado. Los actuales responsables del instituto se limitan a indicar que todo esto «se hizo con gobiernos del PSOE».

Hay en el entorno sindical asturiano quienes advierten de que «lo del geriátrico de Felechosa es mucho, si se toma como caso aislado. Pero hay más».

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