El Comercio

Los 'castillos' de José Antonio Postigo y el constructor del geriátrico del Montepío

Los 'castillos' de José Antonio Postigo y el constructor del geriátrico del Montepío
  • Así son las ‘mansiones’ que dos de los principales investigados en el ‘caso Hulla’ tienen en Mayorga. Este ayuntamiento investiga su legalidad

Una valla llena de polvo de óxido en la que cuelga una descolorida señal de prohibido el paso a vehículos. Tras ella, escondida bajo la maleza y el polvo de la llanura castellana, aún se aprecia lo que en su día se había proyectado como una especie de avenida. A los lados, la hierba y los matorrales se han encargado de esconder los bordillos de unas supuestas aceras y algunas farolas y, un poco más allá, se perfilan los esqueletos de lo que se supone debía de convertirse en viviendas. El tiempo es como si se hubiera detenido. Un paisaje apocalíptico. Lo ves desde fuera y es imposible no acordarte de la zona cero de Chernóbil, pero estamos en el corazón de Castilla. En plena Tierra de Campos. Entre Mayorga (Valladolid) y Gordoncillo (León), se encuentra Nuevo Camposol.Ocupa casi 40 hectáreas y en los años noventa se había proyectado sobre ellas una urbanización con más de 800 viviendas. Hoy, desde fuera de las vallas que la rodean no ves ni una. Pero una vez dentro, en el lugar más alejado de la carretera, dos parcelas están ocupadas por unos chalés. En ellos, alejados del mundanal ruido, suelen disfrutar de la tranquilidad del campo castellano el expresidente del Montepío de la Minería, José Antonio Postigo, y Juan Antonio Fernández, el propietario de la constructora Alcedo de los Caballeros.

Ambas viviendas fueron registradas durante la ‘operaciónHulla’, que investiga el cobro de ‘mordidas’ y desvío de fondos en la construcción del geriátrico de Felechosa. Anticorrupción y la UCO sitúan a Postigo, al constructor y al ex secretario general del SOMA-Fitag-UGT, José Ángel Fernández Villa, en el eje de esa trama. Se investiga si parte del dinero obtenido, supuestamente, de forma fraudulenta pudo haber sido destinado a la construcción de estos chalés.

Las dos viviendas están solo separadas por una parcela no construida. Ambas son como castillos, rodeadas de altos muros y de fuertes medidas de seguridad y en las que un vial lleno de grijo y tomado por la maleza hace las veces de foso. Dentro, la vivienda sobresale del resto de construcciones como si fuera la torre del homenaje. Los chalés de Postigo y de Fernández se complementan con otra serie de construcciones, como cenadores, naves auxiliares y, como si quisieran dejar clara su asturianidad, dos hórreos, uno en cada finca.

Una vez que se pasa la valla de entrada a Nuevo Camposol, tras caminar unos sesenta metros, uno se topa con el primero de los chalés.Es el del expresidente del Montepío y ex número dos de Villa en el SOMA. Al lado de la puerta principal se lee, en letras grandes, ‘Leypa’. Coincide el nombre que le puso a su chalé de retiro castellano con el de sus hijas: Leni (Elena) y Patricia.

Árboles y columpios

La puerta, como las ventanas, están cerradas a cal y canto. Al llamar al timbre, nadie responde. Además de la vivienda principal, hay otras auxiliares, independientes de la primera. El área destinada a vivienda se encuentra en medio de una zona verde, con algunos pequeños árboles y columpios. El césped está cortado y todo el complejo se encuentra en perfecto estado de mantenimiento, por lo que o alguien está al cargo del cuidado o su propietario, Postigo, ha estado recientemente en él.

A la parte derecha de la zona destinada a viviendas se encuentra el área de servicios. Un gran patio interior de forma rectangular hace las veces de distribuidor. Una de las esquinas está presidida por un gran hórreo y a su lado sobresale una construcción de grandes dimensiones, que por su apariencia podría ser un almacén. Ambos laterales del patio están ocupados por más construcciones. Una de ellas se asemeja a lo que podrían ser perreras –recordemos que estas casas están ubicadas en una zona de gran importancia cinegética–, aunque en estos momentos están vacías, y la otra está dividida en pequeñas estancias, quizás pequeñas cuadras o almacenes de aperos.

Todo el complejo ‘Leypa’, propiedad del expresidente del Montepío y que fue registrado por la UCOel pasado 30 de mayo, cuando arrancó oficialmente la ‘operación Hulla’, está dotado con un sistema de videovigilancia, con cámaras a lo largo de todo el recinto, y carteles que advierten de la presencia de perros peligrosos, aunque en el momento de realizar este reportaje en su interior no había ninguno.

Pocos metros más allá, separados por una parcela llena de maleza, se encuentra la casa de Juan Antonio Fernández, el propietario de la constructora Alcedo de los Caballeros a la que se le adjudicaron las obras del geriátrico de Felechosa. Él es otro de los principales investigados por la UCO y Anticorrupción dentro de la ‘operación Hulla’. Al igual que el de Postigo, este chalé fue registrado el pasado 30 de mayo.

Lo primero que llama la atención es el color azul del muro que rodea el complejo y de las fachadas de la vivienda principal. También el escudo de grandes dimensiones que preside una de estas fachadas. Se divide en dos partes, por una franja diagonal. En la superior se lee San José, con el escudo de armas de este apellido –es el de su esposa, Rocío–, y en la inferior Fernández, con el conjunto heráldico correspondiente.

Al complejo se accede por dos entradas principales, separadas por quince o veinte metros. Una de ellas es la que da acceso a la zona destinada a vivienda y la otra, a la de ocio.

La distribución de los espacios es bastante similar a la del complejo que ocupa el chalé de Postigo. A la izquierda de la entrada principal se ubican los edificios destinados a vivienda. Además de la casa, en este área hay una especie de cenador de forma circular, cuyo tejado está rematado por una veleta con la silueta de un cazador.Tras él, un hórreo, idéntico que el se encuentra en la vivienda del expresidente del Montepío.

A la derecha de la zona de viviendas se ubica el área de ocio. El portón de entrada deja bien claro quién es el protagonista en esta zona: el caballo.La puerta tiene dibujada una cabeza equina y la parte superior está rematada con el distintivo de la yeguada, en hierro: las iniciales ‘J’ y ‘F’ –Juan Fernández– se entrelazan formando una ‘Y’.

Ya dentro destaca el picadero. Es un recinto con forma dodecagonal en el que se da cuerda a los caballos. No obstante, en el momento de realizar este reportaje, no había ningún ejemplar equino en esta casa.

Sí de otros animales, como los perros. El picadero está rodeado de unos edificios de planta baja y alargados con varias jaulas en las que en su interior hay varios perros. Son, por su raza, de caza, una de las aficiones de Juan Antonio Fernández, junto con la de los caballos. Además de los enjaulados, otro can se encuentra suelto. Ya en el muro exterior se advertía de la presencia de perros peligrosos. Este, de color gris claro y con el lomo negro y con una morfología parecida a la de un lobo, es el guardián del ‘castillo’ del propietario de Alcedo de los Caballeros.

Perros en perfecto estado

Los animales están en perfecto estado, aparentemente bien alimentados. Por ello, y porque tanto el césped como los árboles y otros vegetales están cuidadosamente atendidos, está claro que, como en el caso de la vivienda de Postigo, o alguien está al cuidado de la casa de forma habitual o sus propietarios han estado allí recientemente.

Ni en el chalé de Postigo ni en el del propietario de la constructora del geriátrico de Felechosa se ven piscinas. Aunque eso no quiere decir que no las haya, puesto que ambas fincas cuentan con varios edificios cuyo uso no se puede apreciar desde fuera y cuyas dimensiones serían suficientes como para acoger en su interior una alberca.

Los ladridos de los perros son la única señal de vida en este yermo paraje. Porque las propiedades de Postigo y Fernández están rodeadas de esqueletos de hormigón que estaban destinados a acoger chalés. Algunos, incluso, están cerrados con paredes de ladrillo y tejados a medio construir.Otros, como uno que hay en la parcela que separa los chalés de Postigo y Fernández, guardan en la parte baja pacas de paja, supuestamente destinadas a alimentar a los caballos propiedad de la familia del constructor.

Pero nada más. El resto, hierbas y arbustos. Porque hoy, ante el sol abrasador de la Tierra de Campos, estas estructuras quedan como vestigios de lo que un día estaba llamado a ser una urbanización con 800 viviendas y hoy solo acogen los chalés castellanos de dos de los principales investigados en la ‘operación Hulla’.

Solo en alguna ocasión el silencio de esta zona fantasmagórica se rompe por algún disparo que se escucha en la lejanía, procedente de alguna de las fincas que hay en la zona para el aprovechamiento cinegético. Hasta la mínima brisa que recorre cada una de las parcelas parece silbar, con el coro de la maleza que lo devora todo, una especie de réquiem recordando lo que un día tenía que ser y lo que realmente es hoy: un yermo paraje que esconde los ‘castillos’ de Postigo y Juan Antonio Fernández en la Tierra de Campos castellana.

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