Alienados

Manuel González Orviz
MANUEL GONZÁLEZ ORVIZEx coordinador general de Izquierda Unida en Asturias

Son tiempos de alienación. Quieren hacernos ver que es el momento de elegir una bandera y tras ella, en formación cerrada, combatir. Son legión los que ya tienen bando, pelean y han tomado posición. Los que fieles a los dictados de la ortodoxia propia, a uno y otro lado, tras estelada o rojigualda, da igual, están vigilantes a las desviaciones de los demás. Más aún, si entienden que deberían ser de los suyos.

Me niego a aceptar esta lógica que beneficia por igual a Puigdemont y a Rajoy. En sus circunscripciones, les crecen los fieles. Resetean nuestra memoria, ya de por sí frágil, para olvidar que defienden la misma política económica, que han aplicado los mismos recortes, que son –ambos y por igual– deudos directos de la corrupción y servidores del mismo Señor. Me niego a aceptar que el principal problema de este país, España o Catalunya, sea territorial –siendo ‘gordo’ lo que están montando– y no de clase, de la mayoría social. Que el empobrecimiento de la población, pérdida de derechos y calidad democrática, al norte o al sur del Ebro, no sea la prioridad social, política y mediática en este momento.

Soy partidario de que los pueblos puedan ejercer sus derechos y, por ende, que se debe celebrar una consulta en Catalunya y muchas otras más en España sobre modelo social y la forma de Estado. Pero me sorprende que, de forma transversal, como gusta decir ahora, se reduzca la democracia exclusivamente al ejercicio del voto –incuestionable– olvidándose de los demás principios de este estado social y democrático de derecho y del respeto a la legalidad. Que esta lógica simple haga a unos defensores de la libertades y a otros, de un orden constitucional que no han defendido y han violado con reiteración.

La izquierda, toda, la reformista o altenativa, la ‘vieja’ o la ‘nueva’ –esta, si quisiera serlo, ya que se niega a definirse así– está atrapada en esta lógica territorial haciendo de nosotros –aquí están los míos– actores secundarios y de la cuestión social, que debería ser el eje de nuestro discurso, un elemento accesorio de la representación. Siento que sea así, pero es que la agenda la están marcando otros. Es más, algunos parecen sentirse cómodos con el ‘proces’ e incluso teorizan –no lo comparto, evidentemente y los argumentos darían para otro artículo– que puede ser la brecha que rompa con el pacto de 1978 y abra un nuevo proceso constituyente en Catalunya y España. Dudo, racionalmente, del carácter social y solidario de la república de los herederos de Pujol. No se trataría de una ruptura con el régimen, sino de su afianzamiento por la derecha. Cuando las utopías no tienen solidez, y en la actual correlación de fuerzas no la tienen, son simples quimeras.

La izquierda vive en el riesgo de la pérdida del sentimiento de la propia identidad que nada tiene que ver con las banderas y el identitarismo de las siglas sino con los principios y los valores. Debemos reconocernos en ellos, en nuestras luchas, en nuestras conquistas y en nuestras derrotas. Tenemos mucho que ver con la lucha contra la dictadura, con haber violentado su ilegalidad y con el consenso constitucional necesario para superarla. Sólo reconociéndonos herederos de ello y tratando de sumar fuerzas podremos conquistar un proceso constituyente de carácter federal, republicano y solidario, una ruptura por la izquierda. Unidos en una casa común pero fragmentados en causas territoriales no seremos capaces de sumar y nuestro espacio queda libre. En Europa tenemos referencias preocupantes.

El diálogo es la solución. Axioma irrefutable desde la pura retórica, pero entended que en las circunstancias actuales, con el mismo marco de debate y los mismos interlocutores sería un diálogo de besugos. ¿Y si el marco fuera otro? ¿Cuál sería el contenido y cuáles los limites? ¿Estarían representados todos los intereses? Me preocupa que al final el acuerdo se haga desde una perspectiva ‘asimétrica’ y con ello se lleve por delante la cohesión social y el equilibrio territorial. En cuyo caso debemos estar preparados para ese momento del diálogo político tanto desde la izquierda como desde Asturias por lo que nos va en ello.

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