Asturias y Galicia piden una financiación justa y un impulso decidido a sus infraestructuras

Alberto Núñez Feijóo y Javier Fernández, ayer, en un momento del coloquio. / DAMIÁN ARIENZA
Alberto Núñez Feijóo y Javier Fernández, ayer, en un momento del coloquio. / DAMIÁN ARIENZA

El presidente del Principado defiende corregir el «agravio» vasco: «No es soportable» | Fernández y Feijóo ligan al consenso una reforma de la Constitución; el asturiano pide delimitar las competencias de las autonomías para evitar el vaciado del Estado

ANDRÉS SUÁREZ RIBADEO.

Vienen curvas en el debate político más inmediato y conviene afrontar los retos que llegan desde una posición lo más sólida posible. Es el criterio que guía a los gobiernos de Asturias y Galicia cuando piensan que, una vez pasen las elecciones catalanas del próximo día 21, se abrirá por fin el melón de la reforma de la financiación autonómica. Salvo pequeños matices, la posición de ambas comunidades sobre un asunto de tanto calado es común: urge un modelo que mitigue las insuficiencias del actual y que asegure un mismo nivel de servicios en todos los territorios. Sus presidentes, Javier Fernández y Alberto Núñez Feijóo, escenificaron ayer en Ribadeo, en la frontera natural entre ambas regiones, su alianza en pos de conseguir el mejor resultado posible. Un acto que sirvió también para reclamar el necesario compromiso del Estado para acelerar las infraestructuras que todavía están pendientes de rematar, sobre todo en materia ferroviaria.

El encuentro de ayer, al que asistieron un nutrido grupo de empresarios de las dos orillas del Eo, dio continuidad a la imagen de unidad que salió de la cumbre celebrada el pasado día 4 en Oviedo en la que también estuvo presidente el presidente castellanoleonés, Juan Vicente Herrera. Fernández y Feijóo remarcaron las grandes líneas del discurso conjunto articulado unos días atrás en la capital del Principado: la necesidad de un modelo de financiación que asegure unos servicios de alta calidad en todos los territorios atendiendo a la realidad de su coste y no a la potencia fiscal de cada comunidad, un punto en el que incidió el jefe del Ejecutivo asturiano ante el temor de que se busque privilegiar a las regiones 'ricas' frente al resto.

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Tanto Fernández como Feijóo incidieron en los elementos que encarecen el coste de los servicios en Asturias y Galicia -la población envejecida, la difícil orografía...- frente a quienes, como Madrid, quieren que el reparto de los recursos atienda exclusivamente al número de habitantes. El presidente asturiano fue especialmente vehemente al dejar claro que la solidaridad entre territorios se ejecuta mediante transferencias que «no son subsidios sino mecanismos de nivelación».

Quizá al analizar las peculiaridades de los regímenes forales, del País Vasco y Navarra, fue donde se apreciasen ciertos matices en el discurso de ambos dirigentes. Feijóo, del PP, está más atado por el criterio partidista y mantuvo un discurso más suave, centrado en exigir al Gobierno de Mariano Rajoy que explique el nuevo cálculo del cupo vasco, que le genera dudas. «Si está bien hecho no pasa nada por explicarlo», deslizó. Fernández, con más margen en este terreno, fue más explícito.

«No es soportable», comenzó razonando Fernández, que las particularidades de la financiación vasca y navarra otorguen a ambas comunidades un volumen de recursos que duplica al que manejan las regiones de régimen común. Lamentó además que su contribución a la solidaridad interterritorial sea prácticamente nula, una situación de «agravio» que, dijo, «habrá que corregir en el futuro». Feijóo, por cierto, sí hizo hincapié tanto en la necesidad de un pacto multilateral, evitando un trato de favor a Cataluña como el que a su juicio se produjo en la reforma de 2009, como en su oposición a las quitas de deuda que plantean algunos gobernantes autonómicos.

Fernández y Feijóo defienden un acuerdo de consenso para la reforma de la financiación, algo que, opinaron, debería extenderse también a una eventual y posterior revisión de la Constitución. Tanto el 'barón' asturiano como el gallego dieron por hecho que la compleja situación política impedirá abordar este segundo proceso en el corto plazo, aunque precisaron -con más entusiasmo el primero, menos interesado el segundo- que hay capítulos de la Carta Magna que conviene revisar.

Fernández, por ejemplo, defendió la conveniencia de delimitar con claridad en la Constitución las competencias de las autonomías, evitando así el vaciado del Estado. El debate sobre el traspaso de competencias del Estado a las comunidades «no puede estar indefinidamente abierto», razonó, porque llevado al extremo «nos convertiría, más que en un Estado federal, en un Estado de tipo confederal».

Con todo, ni uno ni otro ven cercana una reforma constitucional. «No creo que pueda hacerse a corto plazo», dijo el jefe del Ejecutivo asturiano aludiendo al equilibrio de mayorías en las Cortes Generales y a los diferentes intereses en liza. «Veo el riesgo de que no se quiera reformar la Constitución sino derogarla, y yo no quiero hacer borrón y cuenta nueva», anotó Feijóo.

Las infraestructuras fueron el otro gran eje del coloquio organizado en la frontera entre ambas comunidades. En este punto, y con la salvedad de la discrepancia sobre la necesidad de impulsar o no el AVE del Cantábrico, Fernández y Núñez Feijóo reclamaron el impulso definitivo de las grandes obras pendientes, que en ambos casos tiene mucho que ver con la llegada a las dos comunidades de la alta velocidad ferroviaria.

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