Asturias se juega 3.000 millones de euros al año con la reforma de la financiación

Asturias se juega 3.000 millones de euros al año con la reforma de la financiaciónGráfico

El Principado busca blindar los servicios básicos: el 77% de sus recursos llegan por esta vía | El Gobierno regional fía a las alianzas con otros territorios el desenlace del proceso, marcado por el debate del cupo y el temor a la influencia de Cataluña

ANDRÉS SUÁREZ OVIEDO.

En pocas ocasiones se impone la unanimidad en la clase política a la hora de apuntar una prioridad, una exigencia urgente. La financiación autonómica es uno de esos pocos asuntos que concitan el interés de todos. Es sencillo comprender por qué. En el caso del Principado, casi ocho de cada diez euros que consolidan sus presupuestos llegan por esta vía, del orden de 3.000 millones en el proyecto para 2018. Es fácil, pues, entender lo que está en juego: el sostenimiento de los principales servicios públicos, especialmente la sanidad, la educación y las políticas sociales, que se costean a partir de la transferencia económica estatal. Es verdad, eso sí, que la unanimidad se acaba ahí, en la identificación del problema, porque las recetas para abordar la reforma del modelo vigente son múltiples y en muchas ocasiones contrapuestas. Este es el enrevesado rompecabezas cuyas piezas deberán encajar en los próximos meses el Gobierno central y las administraciones autonómicas, en un reto tan crucial como complicado.

La revisión del modelo de financiación es una cuestión capital para Asturias. El proyecto presupuestario para el próximo ejercicio se eleva a 4.485 millones de euros, de los que 2.951 millones (el 77% del total) provienen de la aportación del sistema vigente. Si las cuentas de 2018 -que probablemente no verán la luz- son expansivas es porque la inyección de la financiación autonómica también lo es. Este año 'solo' habrán llegado del Estado 2.762 millones. El crecimiento es muy notable. Es mucho lo que está en juego porque aunque en el reparto actual el Principado dispone de unos recursos por habitante superiores a la media, también lo es que las necesidades de gasto son crecientes y que, al menos según sostiene el Ejecutivo de Javier Fernández, el dinero es insuficiente para cubrir todos los frentes.

La petición de reforma de la financiación es coral. Ni un solo presidente se desmarca de esa exigencia. El problema es que todos aspiran a salir ganando con un nuevo reparto y eso solo se consigue con fondos adicionales sobre la mesa. En ese contexto se puede encajar la demanda de una mayoría de comunidades, con Asturias en el pelotón de cabeza, de que los territorios forales, País Vasco y Navarra, contribuyan como deben a la solidaridad interterritorial. Una idea razonable, según una mayoría de expertos, pero con pocos visos de prosperar en la práctica después de que el señor de los dineros, el Gobierno del PP, acabe de pactar con los nacionalistas vascos del PNV un nuevo cupo que le abre la puerta a aprobar los presupuestos estatales para 2018. Así que, si ese camino queda cegado, la única opción es que sea el propio Ejecutivo el que, por otras vías, inyecte más dinero en el sistema.

Y, aunque así sea, el embrollo es monumental. Cada comunidad quiere hacer valer sus prioridades, como hace Asturias con su declive demográfico, el envejecimiento de su población o su dispersión. En esta negociación pesa más la sintonía territorial que la partidista y en ese contexto cabe entender que el Principado, con un presidente del PSOE, busque como aliados a Castilla y León o Galicia, del PP, y no a Andalucía, de su mismo color político pero con intereses opuestos. Por si fuera poco, la cuestión catalana lo salpica todo. En la mente de los 'barones' flota el temor a que la financiación sea la baza del Gobierno para atemperar la pulsión independentista. Y por ahí nadie, ni del PSOE ni del PP, está dispuesto a pasar.

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