El conflicto catalán enfría las esperanzas de Asturias de lograr una mejor financiación

El portavoz del PSOE, Marcelino Marcos, y la consejera de Hacienda, Dolores Carcedo, en primer plano, al inicio de la reunión que el Gobierno y los grupos parlamentarios mantuvieron ayer para abordar la reforma de la financiación autonómica. /  PABLO LORENZANA
El portavoz del PSOE, Marcelino Marcos, y la consejera de Hacienda, Dolores Carcedo, en primer plano, al inicio de la reunión que el Gobierno y los grupos parlamentarios mantuvieron ayer para abordar la reforma de la financiación autonómica. / PABLO LORENZANA

Gobierno y partidos asumen que la crisis territorial demorará la negociación, en un clima marcado por el pesimismo

ANDRÉS SUÁREZ OVIEDO.

El debate sobre la reforma de la financiación autonómica está abierto, pero solo de forma parcial, y nada hace pensar que, al menos en el corto plazo, se vaya a cerrar con éxito. El conflicto político en Cataluña copa hoy todos los focos y, desde la perspectiva del Gobierno central, deja en segundo plano un asunto que, como el modelo de reparto de recursos entre las regiones, está llamado a provocar más tensiones territoriales. En el Principado, tanto el Ejecutivo como los partidos asumen que el tema va para largo, con las dificultades que ello conlleva para el sostenimiento de las finanzas regionales.

El Gobierno asturiano, con la consejera de Hacienda, Dolores Carcedo, al frente, reunió ayer a los partidos para abordar el estado de la cuestión. No tanto el impacto de la situación política en el debate sobre la financiación, que también, como el informe surgido de la comisión de expertos que traza las grandes líneas que debería seguir la revisión del modelo y sus potenciales consecuencias sobre las finanzas de la comunidad. Aunque con matices, del encuentro salió una posición de cierta unidad de todas las partes sobre los ejes que deberían guiar la reforma y sobre las grandes prioridades que interesan al Principado. Pero, al menos a día de hoy, esta no deja de ser una cuestión secundaria en vista de los acontecimientos políticos nacionales y singularmente de la crisis en Cataluña.

El órdago soberanista, como mínimo, va a retrasar el inicio del diálogo sobre la financiación autonómica, y amenaza con empujarlo al baúl de los recuerdos. La situación en Cataluña no es que vaya a afectar, «es que ya está afectando» a este proceso, admitió Carcedo. Otros portavoces coincidieron en la reflexión. La resolución del debate «parece lejana», opinó Gaspar Llamazares, de IU, para quien tanto el pulso independentista como los problemas del Ejecutivo central para sacar adelante sus presupuestos no son buenos síntomas.

La formación morada pide penalizar a las regiones afectadas por casos de corrupción

Se da pues por hecho que el asunto va para largo. La cuestión es si en las actuales circunstancias sería beneficioso o perjudicial para Asturias una reforma del modelo de financiación por lo imprevisible de la negociación. El Gobierno, y Carcedo lo reiteró ayer, sostiene que un nuevo sistema es imprescindible porque el actual tiene carencias que conviene resolver. Pero no son pocos quienes, en la Junta General, temen que abrir ese melón acabe propiciando un nuevo mecanismo en el que Asturias salga malparada en el reparto. Mejor, razonan, lo malo conocido que lo bueno por conocer, aplicando el refranero.

Más allá de la situación política, pocas novedades. Hay coincidencia entre Gobierno y partidos sobre la necesidad de hacer piña, de buscar alianzas con otros territorios, de rechazar las quitas de deuda y de asegurar una financiación que cubra la totalidad de los servicios, sin poner coto a las solidaridad interregional. Quizá el único aporte curioso fuera el de Emilio León, de Podemos, partidario de aplicar una suerte de 'doctrina Renedo' según la cual las comunidades que hayan despilfarrado recursos por escándalos de corrupción deben ser penalizadas en la financiación.

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