La desconfianza entre los grupos alimenta el riesgo de una prórroga presupuestaria en 2018

La opción de reeditar el acuerdo con el PP no está sobre la mesa y el recelo mutuo de PSOE y Podemos será, de nuevo, el principal obstáculo

ANDRÉS SUÁREZ OVIEDO.

Queda mucha tela que cortar hasta que en diciembre se llegue a su debate y votación definitiva, pero a estas alturas, a las puertas del inicio del curso, son mayoría en la Junta General quienes creen que los presupuestos de 2018 están llamados al fracaso y que la opción de una prórroga es más que probable. Al Gobierno de Javier Fernández le salvó este año la carambola de un acuerdo con el PP en unas circunstancias políticas muy influidas por el escenario nacional que no se volverán a repetir, así que la hipótesis de reeditar ese entendimiento se da prácticamente por descartada. El problema es que la mayoría natural para sacar adelante las cuentas, la que conformarían PSOE, Podemos e IU, sigue muy lejos de consolidarse. Con la coalición tratando de hacer fuerza en pro de un entendimiento que haga virar a la izquierda al Ejecutivo regional, las diferencias entre los socialistas y la formación morada no han aflojado y, a la expectativa de lo que suceda en las primarias que decidirán al nuevo líder de la Federación Socialista Asturiana, los precedentes no son alentadores.

Es verdad que el Gobierno afronta el reto presupuestario muy alejado de una posición de dramatismo. El acuerdo con el PP que permitió aprobar las cuentas de este año supuso encarrilar la legislatura en términos económicos, y una prórroga en 2018 sería un mal menor. Teniendo en cuenta que en primavera de 2019 hay elecciones, el obstáculo en clave financiera no es insalvable. Otra cosa es que, en términos políticos, la posición del Ejecutivo y también del partido, ya con un nuevo secretario general al frente, se vea desgastada por la imposibilidad de sacar adelante el proyecto. Y esa variable, la política, también es relevante.

Los presupuestos de 2017 salieron adelante con un acuerdo PSOE-PP influido por el clima nacional, cuando Javier Fernández presidía la gestora socialista que facilitó la investidura de Mariano Rajoy. Nadie dudaba de que, en Asturias, los populares iban a acabar dejando pasar las cuentas regionales, como finalmente sucedió. Pero ahora la realidad es muy distinta. Con Pedro Sánchez de nuevo en Ferraz y unas primarias a la vuelta de la esquina en las que el 'sanchista' Adrián Barbón se perfila como favorito, al menos si se atiende al dato de los avales, otro pacto con la derecha se antoja imposible. Por más que la presidenta de los populares, Mercedes Fernández, que sabe del lío interno del PSOE, muestre su voluntad de volver a sentarse a negociar para descargar toda la presión sobre el adversario, ya con la mirada puesta en las elecciones autonómicas de 2019.

La alianza lógica para que esas cuentas prosperasen sería sumar a PSOE, Podemos e IU. Pero no será fácil. La coalición se ha esforzado en agosto por buscar puntos de encuentro con la formación morada que luego llevar a los socialistas, haciéndoles girar a la izquierda, pero la respuesta de Emilio León y los suyos ha sido poco entusiasta. Podemos mantiene el discurso duro contra el Gobierno, del que no se fía lo más mínimo, y ni siquiera se ha permitido un guiño al próximo secretario general comprometiéndose a dulcificar su posición si hay cambios. En las filas socialistas se piensa que el partido morado mantiene su objetivo de convertirse en primera fuerza de la izquierda y que no va a concederles el más mínimo oxígeno. Tampoco con los presupuestos. Viene, pues, un otoño caliente.

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