Diputados de Podemos desconocían el sentido de su voto antes de iniciar el pleno

A. MORIYÓN OVIEDO.

Todos los ojos estaban ayer puestos en el grupo parlamentario de Podemos. Pero no solo por el sentido de su voto, del que iba a depender el futuro del proyecto presupuestario, también porque era el primer pleno en la Junta General después del proceso interno en el que midieron sus fuerzas dos de los diputados: Daniel Ripa, arropado por la mayoría de sus compañeros de bancada y quien finalmente reeditó el cargo de secretario general, y Héctor Piernavieja, quien recibió el apoyo durante las primarias de las también parlamentarias Rosa Espiño y Lucía Montejo.

Ninguna de las partes disimuló ayer que las aguas siguen revueltas tras la asamblea que, además de para elegir al nuevo secretario general, sirvió para renovar a los miembros del Consejo Ciudadano Autonómico (CCA) y, queda pendiente aún, para la aprobación de los documentos que deben trazar el futuro del partido.

La negociación presupuestaria de Podemos con el Gobierno socialista coincidió con este tenso proceso interno y, es cierto, se detectaron diferencias entre los candidatos sobre la relación que había que mantener con el PSOE en el futuro. Sin embargo, ni siquiera los sectores críticos con la dirección del partido se plantearon en ningún momento cambiar de estrategia en la negociación de las cuentas de 2018, para evitar «dar bandazos» de última hora. Fue, de hecho, decisión unánime del nuevo CCA -en el que toman parte de forma simbólica los dos sectores críticos- presentar una enmienda a la totalidad al documento, aunque finalmente se presentaron tres. El sentido final del voto, sin embargo, se llevó con tanto hermetismo por parte de la dirección del partido que hubo diputados que lo desconocían al inicio del pleno.

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