Los expertos coinciden en que «no es el momento» de reformar la Constitución

De izquierda a derecha, Leopoldo Tolivar, Roberto Blanco, Benigno Pendás y Pablo Pendás. / P. BREGÓN
De izquierda a derecha, Leopoldo Tolivar, Roberto Blanco, Benigno Pendás y Pablo Pendás. / P. BREGÓN

Los técnicos remarcan en La Granda que lo que diferencia a España es «la deslealtad constitucional de los nacionalistas» y tachan de «insólito» lo que ocurre en Cataluña

CAROLINA GARCÍA LA GRANDA.

Unanimidad. Los expertos coincidieron ayer en los cursos de verano de La Granda que «no es el momento» para reformar la Constitución. No lo es, dicen, porque «no se dan las condiciones de pacto político» y tampoco «está claro lo que se quiere reformar». Pero además, se suma a este escenario el problema nacionalista que, aseguran, «no se soluciona reformando la Constitución».

Roberto Blanco catedrático de Derecho Constitucional, Leopoldo Tolivar catedrático de Derecho Administrativo, y Pablo Pendás letrado de las Cortes Generales, fueron los encargados de reflexionar sobre los 40 años de la Constitución y su necesidad de llevar a cabo una reforma. El catedrático de Derecho Constitucional inició la ronda de intervenciones. En su discurso abordó el tema territorial sobre el que pese a que hay voces que coinciden en que sí habría que reformar, de hacerlo se trataría, indica, de dos reformas territoriales y no de una. Y es que por un lado, explica, existe la necesidad de ordenar una mayor coordinación del sistema autonómico y por otro, está el conflicto nacionalista. «Es un problema histórico que no se soluciona reformando la Constitución. Son dos reformas contradictorias», matizó. Por eso considera que «hay que esperar a que baje el soufflé catalán antes de meterse en reformas que supondrían un conflicto del que saldríamos trasquilados. Lo mejor es que no se lleve a cabo». En este sentido, Blanco tachó de «insólito» lo que ocurre en Cataluña ya que «no hay ni un solo lugar donde un gobierno se haya sublevado contra la Constitución. Si llega un punto de sublevación al Estado corresponderá al Gobierno aplicar el artículo 155; y si lo incumple, habrá que movilizar a las fuerzas de Orden Público y al Ejército. No hay otra forma de resolverlo», remarcó.

Y es que todos, junto con el junto con el director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales Benigno Pendás que además de moderar la mesa redonda fue el encargado de inaugurar las jornadas sobre la Constitución que finalizan hoy, coincidieron en que el problema no es otro que la «deslealtad constitucional de los nacionalistas». En este sentido, Benigno Pendás explicó que «hemos creído que se podía reconducir y hemos sido muy permisivos. Vamos a mantener la serenidad; los gobiernos, las cortes y el poder judicial deben de estar a la altura. No es un desafío imposible de superar porque el enemigo es hábil pero no imbatible». Por su parte, Leopoldo Tolivar puso sobre la mesa el debate de cómo afectaría una reforma a las comunidades uniprovinciales. «El modelo de las 17 comunidades está asentado y no hay que reformarlo. No es el momento de pensar en mejorar las normas para ponerlas al día. La Constitución no es perfecta y hay cosas que mejorar, pero no ahora». Y explicó que, en cualquier caso, «lo que ya se ha transferido es irreversible». Y puso un ejemplo: «no se puede revertir ya la competencia de tráfico concedida a Cataluña».

El letrado de las Cortes Generales explicó su experiencia e introdujo en el debate el Parlamento como «centro de la vida política y constitucional». Coincidió con el resto de los ponentes en que «no se debe hacer una reforma apresuradamente» porque es difícil pensar en satisfacer a los independentistas y no se va a solucionar porque «lo que quieren es marcharse».

En sus conclusiones, todos señalanron que antes de plantearse una reforma tiene que estar claro cuáles son los puntos a reformar y debe existir un acuerdo sobre cómo llevarla a cabo. «Es una majadería decir que hay que reformarla para ponerla el día» recalcó Blanco que puso como ejemplo el texto constitucional de EE UU del siglo XVIII «con el que puede gobernar muy bien». A su juicio la política sobre la reforma «no puede ser el campo de batalla de los partidos».

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