Fernández respalda la aplicación de «la fuerza razonada de la Justicia»

Fernández, durante su discurso de ayer en el TSJA. A su izquierda, Ignacio Vidau y Álvaro Cuesta. / PABLO LORENZANA

El presidente del Tribunal Superior desea «una España Unida» y el representante del gobierno judicial ensalza al presidente regional

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

Ayer era la solemne apertura del año judicial en el Palacio de Valdecarzana de Oviedo, sede del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA). Pero dada la «situación excepcional» por la que atraviesa España tras la «crisis institucional de enorme hondura» en Cataluña, el presidente del Principado, Javier Fernández, dedicó su discurso a esta cuestión, rechazando escudarse «en la frivolidad de mirar hacia otro lado». Y se posicionó claramente con la defensa del Estado de derecho: «Me siento en la obligación de respaldar a quienes tienen la atribución de aplicar la fuerza razonada de la Justicia para dar preferencia a la Constitución sobre cualquier norma infraconsticuional incompatible con ella».

Para el presidente regional, la «nación española, tan discutida, legitima a un Estado que es previo a ella, un Estado con 500 años, una larga historia y una enorme experiencia acumulada». «Es posible desafiarlo», reconoció, «pero quien lo haga debe de perder el desafío».

Fernández advirtió de que «el peligro existe» cuando «la emoción de la pertenencia se impone a la razón de la convivencia», cuando prima «la comunidad romántica» de apelación a la historia frente a la de unos ciudadanos reunidos en torno a unas instituciones. La dicotomía entre el cumplimiento de la ley o de la voluntad popular le resultó extraña, ya que los dirigentes catalanes independentistas confeccionaron antes «su propio artefacto legislativo (leyes de referéndum y de transitoriedad)».

«Las apelaciones huecas al diálogo son un ejercicio inútil de buenismo»«No me vale cualquier reforma constitucional. La soberanía debe tener un objeto único»

El líder socialista quiso dejar claro que «las apelaciones huecas al diálogo y a la voluntad política son ejercicios inútiles de buenismo». Así, «sin un respeto acordado a las reglas de juego, el diálogo carece de garantías», y si nadie transige ni cede, «entonces todo paro en ruido». No obstante, afirmó ser de la opinión de que «la iniciativa política debería haber asumido más protagonismo». «El terreno perdido por la omisión política no se ganará exclusivamente con la acción judicial», ahondó.

La última parte del discurso la dedicó a analizar el modelo territorial español y a esbozar propuestas de solución. Todo ello supeditado a «la inmediata e inexcusable restitución del orden constitucional allí donde ha sido quebrado».

Para empezar, Fernández apostó por un «Estado federal que se diferencie del autonómico en que el proceso constituyente no permanezca indefinidamente abierto». Y en la que el Parlamento «no pueda modificar, movido por intereses partidistas, coyunturales o cortoplacistas» el reparto competencial entre Estado y comunidades «sin necesidad de reformar la Constitución».

Al presidente no le vale «cualquier reforma», y recalcó que «la soberanía en España debe tener un sujeto único, no múltiple». Descartó así tanto la autodeterminación, entendida como derecho a la secesión unilateral, como «la alternativa confederal», para la que puso como ejemplo a Estados Unidos y Suiza y que según él es un «camino hacia la desintegración, como ocurrió con el Estado austrohúngaro».

Fernández llamó a «la colaboración firme entre los partidos que respetan la ley» para superar la crisis en Cataluña, ante la cual «hoy (por ayer) todos nos sentimos concernidos» y «afecta a nuestro futuro colectivo». Este esfuerzo común «reclamará tanta determinación para aplicar medidas como para abrir el camino de las reformas».

Al presidente, cuya intervención no escatimó citas históricas (Agustín Argüelles y la Constitución de 1812) y humanísticas (Jürgen Habermas y Octavio Paz) recibió un largo aplauso, lo precedió en el uso de la palabra Ignacio Vidau. Muy comedido, el presidente del TSJA, solo lamentó que «algunos ponen en cuestión en estos momentos» la división de poderes, en referencia a las críticas sobre la falta de independencia entre gobierno y jueces. También deseó que, «dentro de otros tres siglos» (los que cumple la Justicia asturiana este año), «España continúe unida».

Por último, intervino el vocal territorial del Consejo General del Poder Judicial y exdiputado socialista Álvaro Cuesta, en representación del presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, quien decidió a última hora quedarse en Madrid debido a la crisis catalana. Mostró su apoyo a quienes sufren «coacciones intolerables» por defender el Estado de Derecho. También transmitió su apoyo a los profesionales de la justicia en Cataluña, «en estos momentos tan complejos», Vidau.

Cuesta alabó que el gobierno asturiano «no duda de cuál es su sitio en el marco constitucional» y está «orgulloso» del mismo. De Fernández ensalzó que sea la «bandera de la sensatez y la lealtad institucional».

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