A Gijón para aprender castellano

Doris Burgstaller y su marido, Joaquín López. / ARNALDO GARCÍA
Doris Burgstaller y su marido, Joaquín López. / ARNALDO GARCÍA

Una familia astur-austriaca tuvo que dejar Mallorca por las presiones del entorno | Doris Burgstaller y Joaquín López se fueron por «los impedimentos» del colegio de Artà para impartir clases en castellano a sus dos hijos

LAURA CASTRO GIJÓN.

«El problema nacionalista no atañe solo a Cataluña». Este es el mensaje que quiere transmitir a los españoles Doris Burgstaller, una austriaca que residió durante 18 años en Mallorca y tuvo que abandonar la isla ante «los impedimentos» del colegio público de la localidad de Artà a la hora de impartir clases de español a sus dos hijos.

«Siempre fui muy feliz allí», recordó. Los problemas de Doris y su marido Joaquín López, natural de Asturias, comenzaron en 2012 cuando quisieron escolarizar a sus dos hijos y marcaron la casilla de castellano en el apartado de libre elección de lengua. «Queríamos que pudieran aprender español y catalán, por eso lo hicimos. Según la ley, implantada por el Partido Popular en aquel momento, mis hijos recibirían una formación de 19 horas de catalán y 6 de castellano a la semana», explicó la austriaca. Sin embargo, no todo sería tan sencillo como rellenar los huecos en la matrícula.

«Desde el colegio nos presionaron muchas veces para que cambiáramos de opinión. De hecho, cuando se inició el curso escolar mis hijos no recibían las horas de castellano estipuladas por la ley», denunció Burgstaller, quien se reunió en varias ocasiones con la directora para abordar el problema. «La solución me pareció inaceptable. Les daban la hora de español en el recreo y frente a una cristalera, para que mis hijos vieran como el resto de niños estaban jugando en el patio, mientras ellos daban clase», aseveró la austriaca. Ante las dificultades mostradas por el centro, relató esta madre, decidieron acudir a la Consejería de Educación y después al Ministerio, pero les «dieron largas». Encontraron apoyo en la fundación Círculo Balear, desde donde les ofrecieron asesoramiento jurídico para demandar al centro.

«Viendo que la denuncia se quedaba en un cajón, como las otras 2.300 que había por aquel entonces por las mismas causas según nos contaron los abogados, decidimos acudir a los medios de comunicación. Esa fue nuestra perdición», afirmó la austriaca. La comunidad educativa del pueblo inició una campaña «de acoso» con camisetas y carteles. «Los niños ignoraban a mis hijos y los padres hacían lo mismo con nosotros. Nuestros vecinos también nos dieron de lado», rememoró Burgstaller. «Desesperados», abandonaron Artà y se mudaron a Palma de Mallorca. Sin embargo, «con todo lo sufrido con el catalán, se me acabó atravesando del todo», confesó la austriaca. Ella y su marido Joaquín decidieron hacer las maletas una vez más y poner rumbo a Asturias.

«En Gijón estamos muy contentos. Nos dio pena por los amigos que dejamos en Palma, pero no podíamos hacer otra cosa que no fuera irnos. Si tienes dignidad, se te hace imposible vivir allí», incidió Burgstaller. A pesar de que esto sucediera en 2012, la austriaca ve «necesario» sacarlo a la luz ahora que el tema nacionalista está más sobre la mesa que nunca. «Los españoles creen que el problema se limita a Cataluña, pero se equivocan» advirtió, para añadir que «esto también está pasando en otras comunidades del país como Valencia».

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