Javier Fernández: «Algunos ven la oficialidad como factor de identidad y eso conlleva riesgos»

El presidente del Principado, Javier Fernández, en un momento de su conferencia en Nueva Economía Fórum. / IÑAKI MARTÍNEZ

Rechaza contentar con más dinero a Cataluña a costa de Asturias y pide aparcar la reforma de «aspectos nucleares» de la financiación hasta la revisión de la Constitución

ANDRÉS SUÁREZ MADRID.

Javier Fernández celebra la decisión de la dirección del PSOE, con Pedro Sánchez a la cabeza, de «rectificar» y abrirse a acuerdos con el Partido Popular en cuestiones de calado. En su etapa como líder de la gestora socialista se propició la investidura de Mariano Rajoy, mientras los 'sanchistas' alentaban el discurso del 'no es no'. Ahora, el presidente del Principado parece ver ratificadas sus tesis políticas tras este «sorprendente» giro de la ejecutiva federal, tal y como lo calificó durante su intervención, ayer, en un acto en Madrid. «Rajoy está en minoría y tiene que negociar, lo hizo conmigo y ahora con la nueva dirección del PSOE», razonó el jefe del Ejecutivo asturiano, en un mensaje suave en las formas pero con evidente carga política para quienes han sido sus rivales internos en esta última etapa.

Fernández intervino en un acto organizado por Nueva Economía Fórum con un discurso centrado tanto en una hipotética reforma de la Constitución como en la vinculación con la misma de la revisión del sistema de financiación autonómica. Pero el turno de preguntas pronto llevó la sesión por otros derroteros, principalmente la vida interna del PSOE tras la convulsa etapa reciente. El presidente del Principado dejó un puñado de ideas jugosas sobre el tapete.

La principal, su opinión favorable sobre la «rectificación» de Sánchez desde la negativa frontal a pactar con Rajoy a la posibilidad de llegar a acuerdos con el PP en temas de calado. Parece entender Fernández que este cambio avala las tesis que sostuvo cuando era presidente de la gestora y defendía que era mejor que la derecha gobernase en minoría que forzar unas terceras elecciones en las que pudiera aglutinar un poder absoluto. «Yo pacté, está bien cuando se rectifica en la buena dirección», anotó, apostillando que aunque este viraje puede resultar «sorprendente, me parece bien». Y apostilló: «No estoy aquí para juzgarlo, sí para entenderlo».

Dijo el jefe del Ejecutivo no querer caer en el «consejismo», pero sí trasladó algún mensaje a la nueva dirección. Por ejemplo, que no sirve únicamente con ir desgranando «propuestas» y que es necesario tener un «proyecto» claro a medio y largo plazo. También que no se obsesione con las encuestas, que ahora pronostican un alza de Ciudadanos, y se centre en pelear «en igualdad con Podemos y en eficacia con el PP». Y, por último, que no prescinda del valor que representan pilares del partido como Felipe González o Alfonso Guerra. «Un partido no puede prescindir de sus referentes por nuevo que se autodenomine», deslizó. Admitió, por cierto, que hace más de dos meses que no habla con Sánchez, con el que la relación es gélida, si bien respaldó su posición sobre Cataluña.

Fuera del debate interno, el segundo gran eje del discurso de Fernández fue la cuestión territorial. En una doble vertiente que vinculó: la revisión del modelo de financiación autonómica y una posible reforma de la Constitución. Entre ambos asuntos trazó una ligazón clara y relevante.

Admitió el dirigente asturiano que el modelo de financiación necesita una reforma en profundidad que va más allá de retoques técnicos para poder atender las insuficiencias de las comunidades. Sin embargo, aclaró que el cambio de los elementos «nucleares» del sistema, caso de la definición de la solidaridad o los conciertos, debe hacerse en el marco de una reforma de la Constitución, nunca antes, para no «condicionar ni constreñir» la actualización de la Carta Magna.

Una reforma de la Constitución que el presidente ve conveniente pero también lejana por las diferencias políticas en las Cortes. Lo que sí expresó fue un temor claro a que la reforma de la financiación pueda usarse como moneda de cambio para desatascar la situación política en Cataluña. En este punto fue contundente. «Pienso en Asturias y no quiero que el porvenir de mi tierra se condicione por alianzas coyunturales, por ambiciones a corto plazo, por urgencias financieras de unos u otros o por compensaciones económicas para apaciguar la pulsión independentista».

El tijeretazo de Montoro

Javier Fernández abordó otros asuntos de cariz más regional. Preguntado por EL COMERCIO, rechazó la retención de 116 millones de euros de la financiación autonómica aplicada por el Ministerio de Hacienda, con el argumento de que no ha aprobado las cuentas estatales de 2018. «Los recursos de las comunidades no pueden vincularse con la aprobación de un presupuesto», dijo. Alertó del impacto que para la industria española y asturiana tendría un cierre precipitado de las centrales térmicas por la subida del precio de la electricidad. Y reiteró su posición negativa, de sobra conocida, a la oficialidad del asturiano, dejando claro que conllevaría «obligaciones» y alertando de que determinados colectivos puedan utilizarla no desde la perspectiva estrictamente lingüística sino como un «factor de identidad».

Eludió el presidente entrar en la clave interna regional, dando por hecho que habrá primarias en la FSA «y lo único que sé es que no me voy a presentar». E ironizó al referirse a los enredos de Carles Puigdemont. «La posibilidad de ir a peor siempre está abierta y él siempre elige la peor alternativa», bromeó.

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