Javier Fernández: «Primero volver al orden constitucional y luego, hablar»

Fernández, ayer, interviene en el pleno de la Junta. / MARIO ROJAS
Fernández, ayer, interviene en el pleno de la Junta. / MARIO ROJAS

El discurso del presidente, que aclara que «no hay negociación cuando no hay ley», contrasta con el de Ferraz y la FSA

ANDRÉS SUÁREZ OVIEDO.

La espinosa situación en Cataluña, el desafío independentista, llegó ayer al pleno de la Junta General. Sacaron el tema a colación los portavoces de Partido Popular e Izquierda Unida, Mercedes Fernández y Gaspar Llamazares, pero fue el presidente del Principado, Javier Fernández, quien más se extendió al respecto. El jefe del Ejecutivo fue claro en su análisis. «Primero volver al orden constitucional y luego hablar», aseveró, convencido de que «no hay negociación cuando no hay ley». Una argumentación que presenta ciertos contrastes al compararla con el discurso de la dirección federal del PSOE, que tiene el respaldo de la nueva ejecutiva de la Federación Socialista Asturiana.

A nadie escapa, a la vista de los acontecimientos de los últimos días, que la cuestión catalana provoca un agitado debate en las filas del PSOE. El discurso de la dirección federal, que el pasado jueves avaló explícitamente el nuevo secretario general de la FSA, Adrián Barbón, sitúa como prioridad la defensa del Estado de derecho y del marco constitucional, pero abre la puerta a la negociación inmediata con los nacionalistas. «Nos negamos a creer que no haya espacio para el diálogo», indicó Barbón.

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La posición que ayer defendió el jefe del Ejecutivo y ya ex secretario general de la FSA, que no es nueva porque es la misma que trasladó en los últimos días, presenta matices -y no menores- respecto de la que emana de Ferraz. Fernández remarcó que «lo primero» es que en Cataluña se vuelva al orden constitucional y solo después se abriría un espacio para el diálogo. El segundo paso no sería posible si antes no se recorre el primero. «No hay negociación cuando no hay ley», dijo para reforzar su argumento.

El discurso del presidente, eso sí, intentó huir del pesimismo. «Creo que las dos cosas van a ocurrir», opinó, dando a entender que antes o después el Gobierno catalán renunciará a su aventura secesionista y a partir de ahí se podrá abrir un espacio de diálogo. Ese ya será otro debate, y ahí se mostró partidario de fijar con nitidez los límites en los que deben moverse esas hipotéticas conversaciones.

La autodeterminación es una opción a «descartar», afirmó con rotundidad el jefe del Ejecutivo asturiano. La posibilidad de un estado confederal tampoco sería aconsejable por el riesgo de «balcanización» que a su juicio conlleva. Fernández abrió entonces el terreno de juego del diálogo a cuestiones como el ámbito competencial o la financiación, aunque sin entrar en más detalles.

Competencias y dinero

Está por ver que tales propuestas encajen en las pretensiones de los nacionalistas catalanes, después de haber llevado tan lejos su desafío. Hace unos días el ministro de Economía, Luis de Guindos, deslizó la posibilidad de ofrecer a Cataluña una financiación específica, al estilo del cupo vasco. Un planteamiento del que recelan muchos expertos, caso del asturiano Ángel de la Fuente, director de Fedea, que ya indicó, en declaraciones a este periódico, que imitar en Cataluña un sistema similar al vasco o el navarro no sería una buena idea. Sobre el debate de la financiación, el presidente del Principado recalcó que el reparto de los recursos debe atender a las necesidades de gasto de los territorios y no a otras variables.

Sobre la realidad catalana se pronunció también Gaspar Llamazares, que situó el actual conflicto territorial como prolongación de la crisis económica y social de los últimos años y que pidió evitar que el debate se convierta en una pugna entre la ruptura y las posiciones inmovilistas. La alternativa, para el portavoz de Izquierda Unida en la Junta General, pasa por «reforma y derechos ciudadanos».

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