Javier Fernández: «No quiero tener amargura por el último año»

Javier Fernández, antes del inicio del Congreso de la FSA. / Alex Piña

El presidente del Principado pronuncia su último discurso como secretario general de los socialistas asturianos y mostrando «mi respeto» a Adrián Barbón

Daniel Fernández
DANIEL FERNÁNDEZOviedo

Eran las 18.25 horas de la tarde de este 29 de septiembre de 2017. Javier Fernández abandonaba su asiento en la mesa de la ejecutiva saliente de la FSA y se dirigía al estrado para pronunciar ante los participantes en el 32º Congreso Regional de la Federación Socialista Asturiana su último discurso como secretario general de la FSA. Fueron unos quince minutos, en los que Javier Fernández no quiso hacer balance de su gestión al frente de los socialistas asturianos, “porque no quiero que mi último discurso sea de gestión ni de futuro, sino de recuerdos”. Y así fue. Quien lideró el socialismo asturiano durante casi las dos últimas décadas tiró de recuerdos y, en alguna ocasión de sentimentalismo, para despedirse como secretario general de la FSA, porque “lo que se filtra y me da vueltas en la cabeza no es el futuro, es el pasado”.

 

En contexto

Javier Fernández, quien insistió en su primera parte del discurso en varias ocasiones en que “el futuro ya no me ocupa a mi” comenzó su intervención con haciendo gala de esa modestia que quienes le conocen le atribuyen y dijo que “si tuviera que dar algún consejo es que cuando vas sobrado y navegas por el mar de la vida, siempre hay iceberg esperándote en alguna parte”. Una frase que le sirvió para reconocer que en su labor al frente de la Federación Socialista Asturiana, a la que lideró desde 2000, “hay cosas que hecho bien y otras mal”.

 

El secretario general saliente de la FSA –en este congreso será proclamado nuevo secretario general Adrián Barbón, ganador de las primarias celebradas el pasado día 17—recordó como en accedió al cargo en 2000, tras relevar al frente de la FSA al ex ministro Luis Martínez Noval. “Las circunstancias me colocaron en una posición de liderazgo en el  momento más crítico del partido”, dijo Fernández, recordando aquellas cruentas guerras internas en las que estaba sumido el partido entre los entonces llamados renovadores y los ‘guerristas’, que en Asturias representaban de forma mayoritaria el sindicato minero SOMA. Casualmente, el partido que deja Javier Fernández también está dividido, fruto de la profunda herida que se vivió a nivel nacional hace ahora un año, cuando los barones territoriales, encabezados por Susana Díaz, forzaron la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE. Ahora, en Asturias, no hay renovadores ni ‘guerristas’. Hay ‘sanchistas’, encabezados por el nuevo secretario general, Adrián Barbón, y un sector con peso importante también en el partido que apoyó a Susana Díaz en su lucha en las primarias con Pedro Sánchez.

 

Para Javier Fernández, la política le ha enseñado que no se debe elegir entre “el bien o el mal, entre lo bueno y lo detestable”. Su experiencia durante estos años le llevan a afirmar que “la realidad se hace cada vez más resistente a medida que negocias con ella”. Pero si hay una enseñanza política de la que especialmente se siente orgulloso el presidente del Principado es la de “no tener miedo. Hay que saber que se gana y se fracasa. Nunca tuve miedo porque siempre supe que la carrera política puede acabar en cualquier momento y quien me conocer sabe que lo que me estimula ni es el poder ni la presión por mandar”.

 

Para él, un secretario general durante 17 años aprende lo que no está escrito. “Porque un partido es más que un club de debate ideológico, es la entraña de la política, es crear equipos, grupos para diseñar campañas, ganar elecciones… Pero, sobre todo, por encima de todo, está la lealtad”, afirmó Fernández.

 

El secretario general saliente de los socialistas asturianos reconoció que es difícil vivir como militante siendo un cargo político, porque “cuando el viento está a favor compartes sus alegrías, pero nadie vive como tú con desazón los rencores y los momentos tan ásperos”.  Es por ello por lo que recordó su empeño en que evitar fracciones “porque todos compartimos una misma palabra: socialistas”.

 

En el tramo final de su discurso, Javier Fernández hizo referencia a la fractura que ha vivido el PSOE en el último año. Él fue quien se encargó de liderar el partido, como presidente de la gestora que se formó tras la renuncia, forzada por los barones territoriales. “El tiempo es como el viento, empuja y cambias. Siempre supe que los cambios llegaban, pero no quiero tener amargura por el último año porque no sería leal con mis recuerdos”.

 

Finalmente, Javier Fernández afirmó que “ha sido un honor liderar el PSOE” y mostró su gratitud a los equipos que él formó y a los grupos parlamentarios.

 

En su discurso solo citó, y para concluir, dos nombres. El del fallecido Luis Martínez Noval, a quien relevó al frente del partido, y el de Adrián Barbón, a quien cede el testigo. Al primero le mostró “mi cariño” y al segundo “mi respeto”. Finalmente, dijo Javier Fernández, “el PSOE no me debe nada, sino que le debo yo todo. Soy un abrumado deudor”

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