«Papá, te echo de menos. Estoy un poco preocupada»

La carta de la pequeña Olaya, hija del policía gijonés./E. C.
La carta de la pequeña Olaya, hija del policía gijonés. / E. C.

La hija de uno de los policías gijoneses en Pineda de Mar le envía una emotiva carta. Su esposa reivindica la labor de los agentes

Octavio Villa
OCTAVIO VILLA

La situación que se vive en Cataluña ha hecho que por primera vez en mucho tiempo las comisiones de servicio de los agentes del Cuerpo Nacional de Policía se vivan como una intervención con un riesgo cierto. Las emociones están a flor de piel, con especial intensidad para las familias de los agentes, preocupadas por su integridad en una situación de especial tensión en la que cualquier chispa podría hacer prender la llama de la violencia.

Para evitar eso, precisamente, están los agentes gijoneses que la semana pasada tenían, con muchos otros compañeros, su base de operaciones en Pineda de Mar y que ahora han sido trasladados a Monzón (Huesca), para controlar, saliendo cada día de allí, la zona de Lérida.

Olaya, hija del gijonés Gerardo, integrante de la UPR, le envió a su padre una emotiva carta, que su madre –Raquel– también hizo llegar a EL COMERCIO, junto con una misiva de ella misma, en la que la pequeña le hace saber que «te echo de menos, tengo muchísimas ganas de verte y mamá me dice que no sabe cuándo vas a volver».

La niña ve lo que ocurre en la zona en que está destinado su padre y le confiesa que «estoy un poco preocupada porque veo cosas en la tele y no sé si estas bién, aunque me quedo un poco más tranquila cuando hablo contigo por teléfono», a la vez que le recuerda que «me gustaría que estuvieras aquí para que pudieses celebrar mi cumpleaños conmigo».

La dulzura inocente de la pequeña contrasta con el dolor que día a día siente la esposa de Gerardo, Raquel, que ha elaborado un escrito en el que asegura que «mi marido y sus compañeros están con el ánimo por los suelos». En Pineda «se han sentido abandonados, aguantando día y noche insultos, a gente escupiéndoles...».

¿Miedo? Ciertamente, la carta de Raquel lo trasluce: «¿Cómo le explico a una niña por qué salen en la tele unas personas llamando asesino a su padre? Es muy duro. Estoy preocupada por si le puede pasar algo». Pone por escrito Raquel lo que muchos familiares de los agentes que están en comisión de servicio en Cataluña han sentido y sienten en estos últimos días: «Tenemos muchísima impotencia y rabia por todo lo que hemos tenido que escuchar contra ellos. Para mí, eso ha sido lo peor».

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Porque, en buena medida, los agentes acaban sintiendo que encarnan, a ojos de los más extremistas de los independentistas, a un enemigo que no es tal: «Se han dicho de ellos tantísimas barbaridades en los medios que no voy ni a repetirlas. Me da tantísima pena que con todo lo que hacen en su trabajo y los muchos sacrificios familiares y personales que conlleva ser policía o guarcia civil se les menosprecie de esa manera y que no se valore lo suficiente la labor que hacen y el poco reconocimiento que tienen», aduce la esposa del agente gijonés.

Raquel cuenta lo que su marido se ve obligado a callar, y subraya que «en algunos establecimientos no los quisieron atender, con miradas de odio, y todo esto con los mossos mirando hacia otro lado, llevándose la gloria y, por qué no decirlo, llevándose también 600 euros más a sus casitas que un policía nacional o un guardia civil. ¿Merecido? Yo no lo creo». Pone negro sobre blanco Raquel una reivindicación general de los agentes de Policía Nacional y Guardia Civil, que se sienten discriminados frente a los cuerpos autonómicos de policía.

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