Podemos se aleja del presupuesto y el PP promueve un acuerdo de la derecha

El popular Luis Venta Cueli, ayer, en Gijón. / CITOULA
El popular Luis Venta Cueli, ayer, en Gijón. / CITOULA

Los populares invitan a Foro y Ciudadanos a sumarse a un consenso con el Gobierno como alternativa al «enredo partidista» de la izquierda

ANDRÉS SUÁREZ OVIEDO.

Podemos continúa emitiendo señales negativas en relación con la negociación de los presupuestos del Principado para 2018. Si el viernes abogó por dejar fuera del primer plano a IU, añadiendo tensión política al diálogo, ayer advirtió de que no transigirá con partidas presupuestarias «que luego terminen en el desagüe de las redes clientelares» que a su juicio impregnan la administración asturiana. El desencuentro en la izquierda da alas al PP, que plantea -a sabiendas de que la operación es casi imposible- un acuerdo con el Ejecutivo socialista del que también puedan formar parte Foro y Ciudadanos.

Los presagios, al menos en estos primeros momentos de la negociación, no son favorables. Podemos no piensa poner las cosas fáciles y la apuesta por evitar la foto de un pacto a tres con PSOE e IU, desmarcándose de una entente de la izquierda de la que dice no formar parte por ser el suyo un proyecto transversal, enreda notablemente el escenario. La formación morada quiere un diálogo cara a cara con el Gobierno de Javier Fernández en busca de un principio de acuerdo al que luego puedan sumarse otras fuerzas, ya sea IU, ya sea Ciudadanos. La estrategia de orillar a Gaspar Llamazares y los suyos, un movimiento que la coalición prefiere ignorar por considerarlo táctico y partidista, disgusta también al Ejecutivo, que no está por la labor de «descabalgar» a nadie de las conversaciones.

Pero Podemos fue ayer un paso más allá, subió el tono y recuperó el discurso que tanto irrita al PSOE de su supuesta complicidad con «redes clientelares» que, según su versión, funcionan en la administración. El partido morado pone como ejemplo a la Fundación Barredo, muestra de «opacidad» que, según su criterio, debe pasar a mejor vida. «No es razonable negociar partidas presupuestarias destinadas al I+D+i para que terminen luego en el desagüe de las redes clientelares», señala la diputada Lorena Gil, para quien no es posible crear actividad y empleo «si los recursos se despilfarran». Hay que cambiar el modelo, razona, evitando destinar fondos a sociedades que «amparándose en el derecho administrativo emplean dinero público con escaso control y en objetivos que poco tienen que ver con el interés general».

Los desencuentros en la izquierda dan a la derecha asturiana un espacio holgado en el que moverse. El momento político es propicio para el PP. Saben sus responsables que el Gobierno tiene poco margen para pactar con ellos el presupuesto. Lo tiene en cualquiera de los casos -difícilmente el Ejecutivo puede asumir nuevas rebajas de impuestos tras las pactadas en 2015 y 2017- y especialmente después del relevo al frente de la Federación Socialista Asturiana y el criterio de la nueva dirección, con Adrián Barbón al frente, de marcar claras distancias con la derecha.

Sabe el Partido Popular todo eso y sabe que puede subir la apuesta del diálogo presupuestario, consciente de que el Gobierno lo tiene crudo, presentándose como opción seria y responsable, con sentido de Estado. El secretario general y diputado Luis Venta exprimió ayer ese discurso y emplazó al Gobierno a desmarcarse de los «enredos partidistas» de la izquierda, de sus actitudes «excluyentes», y mirar hacia el otro lado. Allí, dijo, podría encontrar un terreno amplio de acuerdo, con el PP pero sumando también a Foro y Ciudadanos.

El PP mete así presión al Gobierno y al PSOE. Considera que sus planteamientos -rebajas fiscales sin concretar, gratuidad de la educación de cero a tres años, aumento de las inversiones y partidas específicas para combatir el declive demográfico de la región- son «asumibles» y que hay margen para alcanzar un acuerdo «amplio» que sea positivo para el Principado. El presupuesto, indicó Venta, «es una herramienta importante para el despegue económico», convencido de que bien harían los socialistas en distanciarse de una izquierda «que juega a ver quién se lleva el gato al agua» en la lucha por la hegemonía de ese espectro ideológico, y optar por una posición de pacto y consenso.

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