Podemos hace un guiño al diálogo, pero plantea un programa de máximos

Podemos hace un guiño al diálogo, pero plantea un programa de máximos
Alex Piña

La formación morada ve todavía insuficientes las cesiones del Gobierno en educación o medidas anticorrupción para dar su apoyo al presupuesto | La segunda sesión del debate sobre el estado de la región, que se retomará el viernes, ha finalizado tras siete horas de pleno

Andrés Suárez
ANDRÉS SUÁREZGijón

Si el Gobierno quiere sacar adelante los presupuestos de 2018 va a tener que sudar tinta porque ni IU ni sobre todo Podemos se lo van a poner fácil. Entre los socialistas y la formación morada aparenta existir un cierto clima de distensión que se notó tanto en el discurso de ayer de Javier Fernández como en la réplica inicial de esta mañana del portavoz del partido opositor, Emilio León. Pero cuando se rasca un poco la superficie aparecen las diferencias a superar, que son muchas. En el caso de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares lanzó una crítica durísima tanto a la carencia de liderazgo del presidente del Principado como al déficit gestor de su gabinete. En cuanto a Podemos, León puso sobre la mesa un programa de máximos que va mucho más allá de las cesiones iniciales del Ejecutivo.

Que el clima en el que se enmarca la negociación presupuestaria es más sosegado es un hecho. No hubo en el primer discurso de Fernández sus habituales diatribas contra Podemos, como tampoco se cebó León en el suyo al centrar sus ataques en el PP y dejar en segundo plano, mucho más que en otras ocasiones, los dardos al PSOE. Pero eso es una cosa y otra la realidad práctica, al menos a día de hoy, de la negociación presupuestaria.

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Porque más allá de las buenas palabras, de la voluntad expresada por León de «recoger el guante y hablar de futuro», de que se pase «de la alternancia del bipartidismo a las alternativas», las posturas entre el Gobierno y Podemos respecto de los presupuestos de 2018 están bastante distantes. Para el partido morado las cesiones iniciales del Gobierno -avanzar hacia un modelo público y universal de la enseñanza de 0 a 3 años e impulsar, con matices, la unidad anticorrupción- representan un paso, pero del todo insuficiente para el acuerdo.

León puso sobre la mesa un programa de máximos. Una red de cero a tres universal y pública, sí, pero «gratuita», y no para el medio plazo sino prácticamente de inmediato. Duplicar en una década el parque público de vivienda hasta llegar a disponer de 22.000 pisos de estas características. Eliminar Gispasa y medidas de ahorro en sanidad por valor de 100 millones al año para ofertar más de 1.000 plazas de empleo público. «Pasemos de hablar del techo de gasto a hablar de un techo para todo el mundo», dijo León, metafórico.

El Gobierno, que está por la labor de ceder, asume que será difícil llegar tan lejos. «Difícil» fue precisamente el término utilizado por Fernández a la hora de referirse a la posibilidad de llevar la inversión en vivienda hasta donde quiere Podemos. El presidente puso además pegas a la gratuidad plena del 0 a 3 que plantea el partido morado.

La refriega política hizo además saltar las suturas de las heridas que sangran en la relación entre ambos partidos. Fernández puso en duda la sinceridad de la defensa de Podemos del carbón y en concreto de las centrales térmicas, al hilo de la apuesta de Iberdrola por clausurar la planta de Lada. También ahondó en las contradicciones del discurso del partido morado en Cataluña. León, por su parte, responsabilizó al PSOE del declive de la industria en Asturias.

La aparente tregua dialéctica llevó al portavoz de IU, Gaspar Llamazares, a decantarse también por el mensaje del diálogo. «Estaremos en una política de acuerdos que permita cambiar las cosas», dijo. «Concesión, diálogo y alianza», resumió, «y no solo en el presupuesto» sino también en asuntos que juzgó decisivos como el plan de residuos o la demografía.

Pero fuera de esa apelación al entendimiento, lo cierto es que el discurso de Llamazares fue duro, muy duro, con el Gobierno y singularmente con Fernández. Censuró tanto su «liderazgo declinante» como su «irregular y manifiestamente mejorable gestión». Le echó en cara que no levante la voz en Madrid en defensa de los intereses de Asturias, que sus proyectos estrella -ley de transparencia, plan demográfico, área central- presenten muchas carencias o que en su discurso inicial no hiciera la más mínima mención al pacto de investidura que, gracias a los votos de la coalición, le hizo presidente. Fernández negó la mayor, defendió las cesiones realizadas ante IU y pidió consenso para sacar adelante las actuaciones más acuciantes que permitan encarrilar la legislatura.

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