«Un porcentaje importante de los yihadistas del Daesh retornados vuelve para atentar»

Ángel Gómez posa en su laboratorio delante de una pizarra con algunas de las claves de su investigación. / Alberto Ferreras

Un estudio liderado desde España revela que los extremistas se ven capaces de vencer a sus enemigos por su fuerza espiritual aunque se reconozcan inferiores como ejército

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Un equipo de la Facultad de Piscología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) llevaba casi una década investigando el extremismo cuando se les presentó una oportunidad para profundizar en un área poco accesible. Gracias a Artis International (una empresa nacida en EE UU con expertos en Seguridad Nacional), el profesor Ángel Gómez pudo liderar un estudio con datos de campo de combatientes contra el Daesh en Siria con los que acercarse más a la comprensión de un realidad difícil de acceder. El equipo español ponía sus métodos de laboratorio y la colaboración suministraba los datos en el terreno.

«Nos habíamos planteado una investigación buscando cuáles son los factores que podían estar relacionados en el extremismo con la disposición a luchar o morir por un valor o por un grupo. Pero, ¿cómo le puedes preguntar eso a los participantes, si lo están haciendo todos los días y, de hecho, cuatro de los 60 fallecieron durante el estudio», recuerda Gómez. Entonces, los investigadores decidieron descubrir si la fuerza de un ejército era lo que les motivaba para sentirse más predispuestos a los sacrificios. «Y ahí fue donde nos llevamos la sorpresa porque tanto los luchadores (contra el ISIS) como los terroristas nos dijeron: "Esta no es la pregunta que nos tienes que hacer, lo que nos tienes que preguntar es cuál es la fuerza espiritual"», reconoce el profesor. Entonces, las palabras del presidente estadounidense Barack Obama en 2014 retumbaron en su cabeza: «Subestimamos al Estado Islámico y sobreestimamos la capacidad de combate del ejército iraquí (..) como hicimos en Vietnam (..) Se reduce a predecir la voluntad de lucha, lo cual es un imponderable».

Con el nuevo enfoque, el estudio se dirigió hacia un nuevo concepto. «Había una coincidencia para ellos: la 'fuerza espiritual' es poder hacer lo que realmente para ti es relevante. También hablan de la religión, pero no era uno de los factores más importantes», explica Gómez. «Lo que vamos a tener son los llamados 'actores devotos', que son aquellas personas que están fusionadas con un grupo pero además tienen un valor sagrado, algo por lo que están dispuestos a renunciar a sus bienes materiales o inmateriales», señala. «Había ocurrido en realidad. A algún luchador que estaba pegando tiros en la frontera vinieron a decirle que probablemente el Estado Islámico iba a entrar en su ciudad y allí tenía a su familia. Tenía que tomar la decisión de si volvía y conservaba esa familia o elegir el valor, algo sagrado», ejemplifica el profesor. «Sorprendentemente, había personas que elegían el valor respecto al grupo. Esos eran los más extremistas a la hora de responder a los sacrificios costosos», indica antes de aclarar que el radicalismo era igual en los dos bandos y estaba asociado a la defensa de un valor por encima del grupo. «Son sacrificios costosos que incluyen acciones como torturar civiles, matar niños o asesinar a miembros de su familia si es necesario», remarca.

En esa ‘fuerza espiritual’ se observa la capacidad de anticipar la voluntad de lucha que Obama calificaba como «imponderable» y que ya tiene una posible medición gracias al equipo español. No es el potencial militar del ejército, sino la 'fuerza espiritual' la que puede predecir la disposición a sacrificarse ya que iguala loos enfrentamientos bélicos en tableros a priori desequilibrados. «Hay un consenso de que el grupo más fuerte físicamente es Estados Unidos, pero espiritualmente no es así. Hay estudios que coinciden en que los soldados de Estados Unidos se ven (como grupo) físicamente muy fuertes, pero espiritualmente muy débiles», expone como comparación Gómez.

La muestra

Entre los primeros sujetos entrevistados hubo cuatro terroristas prisioneros, pero el foco tuvo que dirigirse hacia los luchadores contra el Daesh que a diario se encontraban a menos de 1.500 metros de milicianos del autodenominado Estado Islámico. Así, se repartieron con una veintena de soldados de la Armada iraquí, otra de kurdos y otra de 'peshmergas' (kurdos iraquíes) hasta sumar 60 (cuatro murieron durante la investigación).

Alertas

Con todos los datos recogidos y con más estudios relacionados que han sido analizados para el artículo publicado en Nature Human Behaviour, desde el equipo se detectan algunos problemas para el futuro con el yihadismo. «El hecho de estar fusionados con el grupo les hace sentirse más invulnerables y tener la sensación de que lo que ellos hagan de forma individual puede tener una repercusión para el grupo en su conjunto. Una de las cuestiones clave de los procesos es el poder que tiene un individuo de creer que su comportamiento puede llegar a tener unas consecuencias muy grandes, que yo solo poniéndome un cinturón bomba voy a tener una repercusión muy relevante», avisa Gómez. «Hemos visto cuando en diferentes atentados una sola persona matando a 30 personas o menos ya ha creado la inseguridad que hace que se modifique todo el sistema de seguridad, no sólo de ese país, sino de los países aledaños o incluso cuestiones políticas o de presión de la sociedad. Lo más relevante no es tanto lo que ellos (el Daesh) hacen en Iraq, sino la diseminación de este tipo de comportamientos en distintos lugares», analiza.

Asimismo, surge un aspecto relativamente novedoso en el panorama de las amenazas yihadistas. «Un porcentaje importante de los retornados son para atentar y son peligrosos porque son personas que tienen nacionalidad belga, francesa o española y les es más fácil volver. Son de segunda o tercera generación y les puede resultar más fácil entrar y atentar», avisa Gómez desde su experiencia en la investigación de extremismos. «Esto se va a acentuar, o se está acentuando, porque se están recuperando algunos de los bastiones del Estado Islámico como Mosul y otras pequeñas ciudades. Eso está haciendo que muchos retornen porque no se pueden quedar allí. Eso puede favorecer y fomentar la posibilidad de que haya más atentados. O no», analiza un investigador que insiste en que su trabajo no es el de perfilar terroristas sino el de analizar conductas desde su laboratorio en Madrid.

La alerta del profesor de la Facultad de Psicología de la UNED viene acompañada por otro cambio en Occidente. «La población en general puede pensar que todos los refugiados son potenciales terroristas», anticipa Gómez con la experiencia del 11-S en Estados Unidos como referencia. «De hecho, hemos publicado este año un trabajo que llamamos 'El efecto Gulliver’. Es la cuestión de cómo a los terroristas se les ve pequeños teniendo en cuenta su medida física, pero, sin embargo, muy amenazantes. Teóricamente es contradictorio, pero no lo es por la relevancia que tiene una persona que puede hacer muchísimo daño. Por tanto, los retornados pueden plantear algunas cuestiones de peligro o preocupación que no eran relevantes hace un año o dos», apunta como una posible nueva materia de estudio para su equipo.

El valor

«La investigación del terrorismo es difícil, y como consecuencia, sólo unos pocos investigadores serios se han atrevido a participar en ella», remarca el psicólogo norteamericano experto en conducta terrorista John G. Horgan sobre el valor del estudio firmado en primer lugar por Ángel Gómez. Se ha publicado en Nature Human Behaviour, con sus correspondientes revisiones, con el título 'La voluntad de lucha del actor devoto y la dimensión espiritual del conflicto humano'.

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