Ribera ratifica su plan energético sin el carbón y promete «soluciones justas» para las cuencas

El comisario europeo de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, y Teresa Ribera, ayer, en Luxemburgo. / EFE / JULIEN WARNAND
El comisario europeo de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, y Teresa Ribera, ayer, en Luxemburgo. / EFE / JULIEN WARNAND

La ministra de Transición Ecológica se alinea con los países de la UE que apuestan por las renovables, «pero sin obviar a las regiones afectadas»

DANIEL FERNÁNDEZ GIJÓN.

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, confirmó ayer ante sus colegas de la Unión Europea el cambio de la política energética de España para «alinearnos con los objetivos más ambiciosos en materia de renovables» abandonando el uso de un carbón «que ya no tiene futuro», como dijo el pasado viernes. Pero a la vez, la titular de esta cartera modula su discurso inicial. Ante sus colegas de la UE ya no habla de una descarbonización exprés ni de unas centrales térmicas «que ya no tienen sentido», como afirmó el viernes pasado, sino que apuesta por un modelo que se aleje del carbón de forma progresiva. Y para ello, Teresa Ribera promete «buscar soluciones justas» para las regiones afectadas, como es el caso de Asturias.

Fue el de ayer el estreno europeo de la ministra de Transición Ecológica, que el pasado jueves tomó posesión del cargo. Teresa Ribera acudió a Luxemburgo a la reunión del Consejo de Ministros de Energía de la Unión Europea con el mensaje claro de que la política energética de España cambia de rumbo. «El Gobierno de Pedro Sánchez deja de ser un lastre» en materia de cambio climático, dijo antes de la reunión. De seguido, anunció que nuestro país se alineará con los países que persiguen unos «objetivos más ambiciosos» en esta cuestión, como son los casos de Italia y Francia, que apuestan por adelantar los plazos hacia la descarbonización para conseguir que en 2030 el 35% de la producción eléctrica provenga de las renovables. Esta postura cuenta con la posición frontal de países como Alemania y Polonia -en este bloque estaba España antes del cambio de gobierno- que apuestan por un proceso de reducción de emisiones de CO2 menos ambicioso y en un plazo más largo: hasta 2050.

Cualquier adelanto de los objetivos de descarbonización sería contrario a los intereses de regiones como Asturias, con industrias de alto consumo energético, que barruntan un encarecimiento precio de la electricidad si el carbón es sustituido por otras energías.

«Estamos con la gente»

El pasado viernes ya aludió Teresa Ribero a la necesidad de buscar soluciones a las regiones afectadas por este proceso de reconversión energética. Y ayer, en Luxemburgo fue un poco más allá en este sentido. Porque sin abandonar el objetivo que se marca para que España abandone el carbón, sí prometió «soluciones justas» para las regiones y comarcas afectadas. «Confío en que podamos encontrar soluciones justas y que podamos reforzar el mensaje de que estamos con la gente, que no hay ningún tipo de conflicto y que con esas regiones que hoy se sienten preocupadas tenemos que ponernos manos a la obra generando oportunidades», dijo en declaraciones recogidas por Efe.

Entre esas regiones «preocupadas» se encuentra Asturias. El pasado sábado, el presidente del Principado, Javier Fernández, dijo que su «preocupación va en aumento» tras las declaraciones que el viernes había realizado la ministra, cuando afirmó que el carbón «ya no tiene futuro» y cargó contra las anteriores políticas «que han desperdiciado dinero en situaciones que tienen poco futuro», en una clara alusión a los fondos mineros, cuando «España debía llevar diez años invirtiendo en la diversificación industrial y económica».

Ayer, en Luxemburgo, Teresa Ribera se mostró más conciliadora. Porque reconoció que esta «modernización de la política energética» que defiende no puede acometerse obviando a las comarcas y a las personas más afectadas por ese cambio». Por ello, agregó, esa transición energética debe ser «justa» y se comprometió a «buscar la generación de empleo y el respaldo de una sociedad solidaria a un proceso de cambio que conlleva la generación de nuevos empleos, nueva riqueza y nuevos procesos industriales».

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