Los policías asturianos, del odio a ser tratados como héroes

Parte del contingente gijonés, ya en Monzón (Huesca) tras haber abandonado Pineda de Mar el pasado jueves. / E.C.

Los agentes de la UPR gijonesa han vivido «una etapa de montaña» en Cataluña

ALEJANDRO CARANTOÑA BARCELONA.

En principio, todo iba a empezar el día en que finalmente terminó: el 5 de octubre de 2017, el pasado jueves, los doce agentes de la Unidad de Prevención y Reacción de la Policía Nacional que habían partido de Gijón nueve días antes salían de Pineda de Mar, de Cataluña. Así acababa una «etapa de montaña», como la define uno de ellos, para comenzar la siguiente en Monzón, en Huesca.

En estos doce días han sido «señalados y queridos», según el momento y el lugar, como resumían ya al salir de Cataluña. Este es el relato de un operativo que para algunos de ellos, con décadas de pertenencia al Cuerpo «y servicio en el País Vasco, en los años duros», ha dejado experiencias insólitas y una exposición mediática con escasos precedentes.

A lo largo de septiembre habían circulado rumores de que no iban a acudir a Cataluña hasta este jueves, en que darían el relevo. Sin embargo el viernes 22 de septiembre, a las diez de la noche, les comunicaron que todo se adelantaba: iban a partir el martes 26. Cubrieron el partido del Sporting contra el Lorca de aquel domingo y emprendieron camino.

La UPR, explica uno de los agentes, tiene el cometido de realizar tareas de «seguridad estática», esto es, a diferencia de la UIP, no está pensada para realizar intervenciones, aunque pueda dar apoyo en esas tareas si se les solicita. Eso ocurrió el domingo día 1, aunque ninguno de los agentes gijoneses formó parte del refuerzo ni participó en cargas.

El viernes previo al referéndum, desde un edificio en obras aledaño a la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, en la Via Laietana, alguien lanzó una bolsa con pintura a un policía. Los gijoneses, que custodiaban el edificio, intervinieron y lo detuvieron: fue su única incidencia.

«En Pineda la gente nos miraba, cuchicheaba, lo normal. Pero no pasó nada hasta el lunes», cuenta un miembro del contingente. «El sábado, que hubo una manifestación a favor de la unidad de España, fue uno de los días más emocionantes de nuestras carreras».

Y entonces llegó el domingo que lo cambió todo. De todo el polémico operativo, que ahora investiga un juez de Barcelona, a ellos se les encomendó la vigilancia de un centro de internamiento de extranjeros de la ciudad. Pasaron las horas, asistieron a «la locura» que se iba radiando por la malla (el sistema de comunicaciones interno) y la posterior retirada. Luego, se fueron a dormir a Pineda.

El lunes ya entendieron «que nada era igual»: en Pineda los vecinos los miraban, señalaban, insultaban y, ya de noche, se convocó el famoso escrache que desembocó en episodios de tensión con los Mossos, la posterior visita del 'popular' Xavier García Albiol y la decisión de trasladarlos a Huesca, a Monzón, este jueves. «El martes fue un día precioso, pero el lunes no pudimos dormir».

Uno de ellos explicaba ayer que están «cansados» por la acumulación de días y viajes. Otro, en cambio, lo negaba: «A ver qué pasa el martes».

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