La marcha de Trevín por sus discrepancias con Sánchez agita al PSOE asturiano

Antonio Trevín, ayer, momentos después de confirmar su renuncia al escaño. / MARIO ROJAS

Dejará el escaño en septiembre, disconforme con el proyecto de Sánchez y reacio a ser la voz discrepante | Su anuncio agita las primarias asturianas: los 'sanchistas' creen que su retirada prueba el declive del sector oficial, y Pérez lamenta el clima interno que propicia estas salidas

ANDRÉS SUÁREZ OVIEDO.

En la disconformidad con la nueva estrategia parlamentaria trazada por Pedro Sánchez enmarcó ayer Antonio Trevín su decisión de renunciar a su escaño en el Congreso, que hará efectiva el próximo mes de septiembre. El veterano diputado asturiano abandonará así la primera línea de la política, y lo hará, dijo, preocupado por el creciente espacio de «confrontación» que advierte en el PSOE, un clima tempestuoso del que en todo caso no responsabilizó exclusivamente al nuevo secretario general, cuyo proyecto dijo respetar pero no compartir, sino al conjunto de la organización. El adiós de Trevín generó pena y comprensión entre los suyos e indiferencia entre sus adversarios internos y supuso una cierta agitación para el proceso congresual que vive en estos momentos la Federación Socialista Asturiana.

El político llanisco oficializó así una decisión que ya trascendió a última hora de tarde del lunes. Trevín llegó solo y sonriente a la nueva sede que el PSOE asturiano tiene en Oviedo, leyó una declaración en la que explicó los motivos de su despedida y permitió únicamente tres preguntas. Tranquilo y cordial, dejó meridianamente claro que se va porque no comparte el proyecto de Sánchez pero evitó hacer sangre o cargar las tintas. En estas circunstancias, dijo, «lo más honesto es dar un paso atrás».

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Inicialmente 'sanchista' y posteriormente afín a la gestora de Javier Fernández y a la candidatura de Susana Díaz, el resultado de las primarias había dejado al diputado en una posición incómoda, apartado de sus responsabilidades como portavoz de Interior y recolocado en el 'gallinero', las últimas filas del Congreso. Dijo asumir la «legitimidad» de los nuevos gestores del PSOE para trazar el nuevo rumbo a seguir, pero apuntó que, disconforme, prefiere apartarse. Lo hace para dar el salto a la actividad privada y para seguir trabajando «como un militante de base más» por un partido que, sostuvo, es «un instrumento imprescindible en la arquitectura política e institucional de España y para la defensa de los trabajadores y los colectivos con más dificultades».

El mensaje con más miga que quería trasladar Trevín tenía que ver con el ambiente que vive el actual PSOE. Se mostró preocupado por el hecho de que «esté desapareciendo la fraternidad entre militantes» y en su lugar esté ganando terreno la «confrontación» interna. Ironizó con el recuerdo de que las charlas en torno a un café o una cerveza con los compañeros después de las reuniones de los órganos internos, citas en las que se mantenían posiciones encontradas, son imposibles ahora. Y llamó a reconducir la situación. Lo hizo sin señalar a nadie en concreto, tampoco a Sánchez, sino al conjunto de militantes y dirigentes.

«No quiero convertirme en alguien que sistemáticamente discrepa en todas las cuestiones porque acaba convirtiéndose en una molestia para el grupo; no quiero molestar, prefiero dar un paso atrás y dejar a quienes legítimamente tienen la mayoría», remachó.

La reacción a la salida fue diversa. En privado, diputados regionales que compartieron campaña de primarias en apoyo de Díaz lamentaron la pérdida de caudal político que supone la marcha de cargos como Trevín o Eduardo Madina. El grupo parlamentario del Congreso se limitó a una escueta despedida en la que le agradecía el trabajo realizado y mostraba respeto por su decisión. «Reconozco la coherencia de una persona que defiende unas ideas y ha actuado en consecuencia», anotó José María Pérez, candidato a las primarias de la FSA. «Le agradezco el trabajo realizado en todos los cargos institucionales que ha ocupado y le deseo suerte», apuntó el también candidato Adrián Barbón.

Es inevitable que una decisión como esta no agite las aguas internas del PSOE en un momento en que, en Asturias, se dirime el liderazgo del partido. Los 'sanchistas' leyeron el movimiento de Trevín como la prueba del declive de la candidatura rival, la que lidera José María Pérez. La renuncia de un dirigente tan significativo de esa sensibilidad «demuestra que dan el congreso por perdido», indicaron fuentes de este sector. Pérez no entró en esa batalla aunque sí mostró su preocupación por ese clima interno de ausencia de fraternidad al que se refirió Trevín, al que no es ajeno el PSOE asturiano, y abogó por volver a un escenario de diálogo y concordia.

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