El Comercio

Premios Princesa
Núria Espert, declamando en el Campoamor.
Núria Espert, declamando en el Campoamor. / M. ROJAS

«El teatro me ha hecho tan apasionada que solo puedo ser yo misma en el escenario»

  • Recurrió a Shakespeare y Lorca para recitar en catalán y español fragmentos de 'El rey Lear' y 'Doña Rosita la soltera' en un canto a la esperanza

  • Núria Espert.Artes

No fue un discurso al uso. Como reconocida actriz que es, Núria Espert (Hospitalet de Llobregat, 1935) quiso agradecer su Premio Princesa de Asturias de las Artes llevando el teatro a las tablas del Campoamor como tantas veces lo había hecho antes, pero esta vez de forma diferente, en la que fue una de las escenas más importantes de su vida. En su intervención, la intérprete catalana se sirvió de Federico García Lorca y William Shakespeare, dos genios de la literatura, para lanzar un mensaje de esperanza en tiempos difíciles.

Lo hizo poniéndose en la piel de doña Rosita la soltera, el personaje central de la obra teatral del genial poeta granadino, y en la del Rey Lear, la tragedia del universal escritor inglés. Recurrió a la voz de la primera, a la de doña Rosita, para recordar cómo ya mayor, cuando parece que la ilusión está perdida y «uno se levanta con el terrible sentimiento de tener la esperanza muerta, la esperanza me persigue, me ronda, me muerde, como un lobo moribundo que apretase sus dientes por última vez». Interpretó ante el atril este monólogo del tercer acto en castellano, una de sus «dos lenguas más amadas». Porque la segunda es el catalán. Por ella optó para traer al coliseo ovetense al rey Lear de la Gran Bretaña medieval, cuando reconoce que «nunca antes se había preocupado por los desamparados que viven día a día una situación invivible». «Vosotros, que tenéis que soportar los embates de este temporal feroz, ¿cómo os defenderán de un tiempo así? Sus cabezas, desprotegidas; sus vientres, hambrientos; su ropa, llena de agujeros. ¡Qué poco me ha preocupado hasta ahora todo esto!».

Con este fragmento, Lady Núria Espert -como la presentó el día antes en el Jovellanos el crítico teatral Marcos Ordóñez- cerró un discurso que ya había sido interrumpido con una fortísima ovación. Comprometida con su tiempo y con un teatro que se caracteriza por la fidelidad a los ideales del humanismo, la actriz confesó que la relación de amor con el teatro comenzó bien temprano y fue él quien la eligió a ella. «El teatro se apoderó de mí a los trece años», reveló la veterana actriz, Premio Princesa de Asturias de las Artes, en el Teatro Campoamor, un escenario que, hasta ayer, conocía muy bien por su dilatadísima trayectoria, pero desde otro punto de vista. La reconocida intérprete, una de las más aplaudidas a la entrada del coliseo, fue deshilvanando recuerdos de su «bellísima profesión, el teatro». «Me eligió. Al principio, suavemente, pero en tres, cuatro años, se había convertido en dueño absoluto de mi vida, de mis deseos, de mis sueños. Cada vez con más fuerza, con más exigencia. Hizo de mí un persona apasionada, tan entregada, que consiguió que yo no pudiera ser yo misma más que en el escenario, más que transformada en otra persona. No un personaje, una persona».

La actriz, que ha dejado una huella imborrable en la memoria del público con personajes como Medea, la Celestina o Lucrecia, reconocía ayer, sin máscaras, que «esas transformaciones no siempre fueron placenteras. Mi dueño es muy duro, me ha lastimado muchísimas veces tratando de servirle». A sus 81 años, cuando acaba de estrenar 'Incendios' -la obra del canadiense de origen libanés Wajdi Mouawad que habla del duro camino que hace falta recorrer para llegar a uno mismo-, la intérprete catalana demuestra que «aún sigue intentando» servir al teatro. «Él nunca dice basta, para, ya basta». Segunda actriz en lograr el Premio Princesa de Asturias de las Artes (el primero fue Vittorio Gassman en 1997), ayer quiso volver a compartir su premio con «los compañeros del teatro» y volver a dar las gracias por los logros que le ha reconocido el jurado, que desde el inicio le han hecho sentirse «muy contenta». «Dice el acta que represento un nexo de unión entre el clasicismo y la modernidad. Lo agradezco y me emociona».