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Premios Princesa
Esther Duflo.
Esther Duflo. / EFE

Duflo, azar y experimentación

  • La Premio Princesa de Ciencias Sociales ha dado un giro de 180 grados en la forma de afrontar la lucha contra la pobreza

Es una chica lista, de modo que bien podría haber hecho carrera en Wall Street. Pero no, Esther Duflo (París, 1972) miró hacia el polo opuesto del imperio del dólar y puso sus ojos en una investigación económica inédita hasta el momento. Sobre la pobreza se había teorizado, y mucho, pero no se había pasado del pensamiento a la acción, de idear estrategias que buscan romper con las desigualdades a probarlas, testarlas, experimentarlas de forma científica, para saber qué funciona y qué no. No importa tanto el cuánto dinero se invierte en batallar contra la pobreza sino cómo se hace. Ella se ha empeñado en encontrar la vía para hacer solo lo que merece la pena hacer. Y ese empeño le ha valido el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. En octubre estará en Oviedo para recogerlo y en la Universidad para contar su forma de afrontar las políticas de desarrollo.

Parece pura lógica, al fin y al cabo simplemente se trata de algo tan básico como optimizar recursos, pero lo cierto es que el sistema que Duflo aplica era inédito años atrás y entonces -y también ahora- desata algunos recelos. La razón, que se sirve de la aleatoriedad para las investigaciones, y eso es algo que muchos consideran que no es válido. Dicho de forma comprensible, el azar puede decidir quién recibe mosquiteras y quién no, qué niños se vacunan y qué niños no de cara a realizar las investigaciones. «Ella lo que hace es aplicar la técnica experimental y algunos consideran que tiene problemas éticos», revela Javier Mato, profesor de la Universidad de Oviedo y traductor al castellano de su libro 'Repensar la pobreza' (Taurus).

Defensor de una trayectoria que -asegura- le llevará más tarde que pronto -solo tiene 42 años, todavía no le toca- a recoger el Premio Nobel de Economía, Mato explica que la economista nacida en Francia y afincada en Boston -ejerce en el Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT)- ha combinado el alto rigor académico con la determinación absoluta en la búsqueda de políticas útiles, una mezcolanza aplicada a través de un laboratorio contra la pobreza que trabaja en diferentes países y que une en el mismo objetivo a más de un centenar de investigadores.

No es sencillo sintetizar las ideas que mueven a Duflo y su equipo y que están recogidas en el libro que en el Estados Unidos se tituló 'Poor Economics': «Es amplio y difícil de resumir, pero si tuviera que hacerlo en una idea, diría que el libro pone de manifiesto que el comportamiento económico de los pobres no es muy diferente al del resto de la gente», revela Javier Mato. Claro que ellos tienen un estrés añadido: el riesgo que les atenaza es mayor. Las fuentes potenciales de incertidumbre -enfermedades, desempleo, malas cosechas, desastres naturales...- son mucho mayores en la India que en Francia. Saber eso, conocer sus pautas de gasto o ahorro en sus particulares circunstancias, ayuda plantear políticas contra la pobreza más efectivas.

Son muchos los estudios que se han realizado desde el laboratorio en la búsqueda de esa efectividad. Quizá algún ejemplo podría ayudar a entender por dónde van sus tiros que, parafraseándo a la propia Duflo en una entrevista concedida a este periódico, nunca se disparan con «balas de plata» ('silver bullets' en inglés significa recetas mágicas). «Le pongo el ejemplo de las mosquiteras frente a la malaria. Algunos economistas muy defensores del mercado dirán que quien quiera una mosquitera que la compre y que si no la compra será que no la necesita; otros más defensores de la acción pública, dirán que hay que repartirlas gratuitamente entre la gente; ¿qué hace Duflo? Experimentar. Eligen al azar los pueblos donde se venden las mosquiteras con descuento, donde no se hace nada y donde se regalan las mosquiteras y a partir de ahí extraen conclusiones y ven que la subvención facilita no solo el acceso sino también el uso y la compra posterior, que también es importante porque es necesario un uso sostenido para evitar la malaria», explica Javier Mato.

De modo que, en contra de lo que podría parecer lo más lógico desde la teoría, no es mejor regalar mosquiteras que subvencionarlas. ¿Por qué? «El riesgo de algo que se regala es un uso indebido, las mosquiteras, por ejemplo, pueden ser empleadas como redes de pesca o hasta velos para novias».

Concluida empíricamente cuál es la mejor receta, solo falta actuar. En lugar de meterse en discusiones teóricas, se va a la práctica. Ese mismo ejemplo de las mosquiteras se puede llevar a otros muchos ámbitos: las vacunas, la potabilización de las aguas, las políticas educativas, agrícolas...

El problema es que Duflo elige a sus potenciales receptores de esas mosquiteras de forma aleatoria -random en inglés- y por esa razón sus colaboradores han sido bautizados como 'randomistas'. El azar marca los grupos de estudio y son muchos los que opinan que no es aceptable éticamente. Otros, en cambio, apuntan hacia otros males mucho mayores asociados al reparto de ayudas contra la pobreza, como el nepotismo, el amiguismo y la desorganización.