El Comercio

Premios Princesa

«Los romanos siguen entre nosotros»

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La británica Mary Beard se convirtió ayer tarde en dueña y señora de Veranes para ofrecer una visita guiada por el yacimiento gijonés, una clase magistral casi como un cuento. / FPA

  • Mary Beard ofreció una visita guiada por Veranes, «una villa un poco pija construida para impresionar»

  • La galardonada en Ciencias Sociales se adentró en la vida cotidiana del Imperio, «donde podías hacer el amor ante los esclavos, tal era su invisibilidad»

«Si los romanos hubieran podido contar en su tiempo con Mary Beard, conservarían todavía el Imperio». Eso han dicho sobre la Premio Princesa de Ciencias Sociales de este año y puede que no se equivocasen mucho, porque ayer tarde, la historiadora británica (además de gran divulgadora y mujer feliz) ofreció una visita guiada por Veranes en la que demostró que «uno no puede no preocuparse por los romanos, porque siguen aquí, entre nosotros». Y la prueba es el enclave gijonés, dijo, «una villa un poco pija construida para impresionar, el símbolo del mismo poder que siempre ha movido el mundo».

Acompañada por Carmen Fernández Ochoa, la arqueóloga que sacó a la luz el Gijón romano, y por la alcaldesa de la ciudad, Carmen Moriyón, además de por autoridades, especialistas, profesorado de la Facultad de Filosofía y Letras y por los ganadores del sorteo realizado entre los participantes de la yincana 'La clásica pista', Beard consiguió insuflar vida a la piedra. Y lo hizo desde donde estaba colocado el enorme portón de acceso a la villa. Allí pidió a su público que se imaginase cómo se entraría a un lugar como aquel, «que ahora parece de fácil ingreso, pero que entonces no lo era. Y menos para la gente que no era pudiente. La mayor parte de nosotros, por ejemplo, no podríamos entrar. Así que lo más probable es que nos encontrásemos a un perro muy desagradable, ladrándonos. Un perro que despertaría a un guardián, que, todavía algo soñoliento, nos preguntaría quién somos y qué queremos».

«Intentemos cerrar los ojos y sentir lo que sentían ellos», propuso ante una audiencia ya metida en el bolsillo que se alegró (una vez superados el perro y el guardián) de poder acceder a las estancias. Entre ellas, al 'triclinio' o comedor, ante el que Mary Beard exclamó: «¡Esto es todavía más pijo de lo que pensaba cuando estábamos entrando! Este es un comedor enorme. Probablemente, uno de los mayores que se conservan del Imperio romano. El dueño, que tenía un ego tremendo, lo construyó para disfrutar de las vistas, pero, sobre todo, para impresionar. Y aquí podemos imaginarnos a la gente tumbada, comienzo uvas y en exceso, aunque, contra lo que mucha gente piensa, no todos los romanos comían así». Y todo, tras «haber sudado y haber recibido algún masaje en las termas. Es hospitalidad sí, aunque también se trataba de demostrar el nivel social, una manera de representar el estatus».

Pero el viaje espacio-temporal de la catedrática de Clásicas en Cambridge no se quedó ahí, porque, aunque «la villa formaba parte de la imagen pública del señor, también era un lugar para estar en privado». Y, entonces, llevó a su auditorio a su terreno: el de la gente común, los soldados o los millones de ciudadanos del Imperio que vivían bajo un régimen de ocupación militar. Y así, por ejemplo, habló de la invisibilidad de los esclavos. «Era tal que podías hacer el amor delante de ellos como hoy se hace frente al televisor. Sencillamente, no existían. No sabemos mucho de ellos».

Y, como aún queda mucho por descubrir, Beard reclamó un mayor compromiso de las administraciones con las Humanidades, «fundamentales para construir la sociedad que queremos»: «No son un extra optativo que está bien cuando las vacas son gordas y que se puede suprimir en tiempos de vacas flacas».

«No queremos un mundo en el que haya cambios enormes y progresos tremendos en las tecnologías que no vayan acompañados de la existencia de filósofos que nos ayuden a dar sentido a todo esto», defendió la catedrática, quien, al ser preguntada por la memoria histórica, aseguró que «es algo que tenemos que afrontar» y que una de las funciones de la historia «es hacernos sentir incómodos».

«No podemos hacer 'photoshop' de las cosas que no queremos ver. No vamos a adelantar nada corriendo un tupido velo. Es incómodo, pero es así», zanjó esta mujer firme pero adorable volcada en descubrirnos que la herencia de los clásicos es algo vivo.

Y, en ese afán por recuperar las vidas y costumbres cotidianas, se preguntó desde las escaleras de acceso al salón del mosaico, la joya del yacimiento de Veranes: «¿Y, en este lugar, dónde estarían las mujeres? Porque, a diferencia de en la Atenas clásica, en Roma sí que comían con los hombres y tenían cierto papel público, pero desconocemos hasta qué punto estarían presentes».

Otro camino en el que aún queda trecho por recorrer, toda vez que «la discriminación está integrada en la civilización occidental». «Algún día podremos decir que una mujer es ambiciosa y será un elogio, pero hoy en día no es así», lamentó. Y, entre tanto, ella sigue recibiendo amenazas e insultos en las redes sociales.

¿El fin de un imperio en manos de hombres? De lo que Mary Beard está segura es de que «probablemente no nos enteremos cuando suceda, porque la mayoría de las gentes, a lo largo de la historia, no fueron conscientes de las crisis que estaban viviendo. Y no hablo de crisis como la de Siria».