«Cada vez nos estamos replegando de forma más agresiva hacia guetos culturales»

La activista del entendimiento interreligioso Karen Armstrong logra el Princesa de Ciencias Sociales

M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAGijón

Tender puentes en tiempos confusos y convulsos. Esa ha sido y es la misión que se ha encomendado así misma Karen Armstrong (Wildmoor, Reino Unido, 1944), una mujer que lleva una vida entera analizando las religiones para encontrar sus puntos de unión, para dar carpetazo a los desencuentros que conducen a la violencia, para dar la batalla en pro de un mundo ecuménico con espacio para todos. Ayer el jurado del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales le agradeció su esfuerzo con una distinción mucho más que necesaria en los tiempos de hoy: «Al otorgar este premio, el jurado quiere destacar la relevancia del estudio de las religiones para comprender la sociedad y el mundo contemporáneos», ha dejado escrito para la posteridad. Pero no se olvidó de reconocer su amplio conocimiento del judaísmo, el cristianianismo y el islam, la profundidad de sus análisis históricos y «su compromiso activo con la difusión de un mensaje ético de compasión, paz y solidaridad».

Ella lo agradeció de inmediato con una llamada al entendimiento en los «tiempos peligrosos que vivimos», a darnos cuenta de que lo que pasa en Oriente Próximo repercute en Europa, a saber que los guetos nacionalistas, religiosos y culturales no conducen a nada bueno, a mirar dentro de las noticias para ver un poquito más allá y profundizar en los temores y aspiraciones de los otros, para conocer las realidades que desgarran el mundo y para comprender que «compartimos el planeta no con nuestros inferiores sino con nuestros iguales».

Parecía querer resumir Karen Armstrong en los dos párrafos que envió como agradecimiento a la Fundación Princesa de Asturias el pensamiento de toda una vida que ha dado a luz decenas de estudios y publicaciones a través de los que ha concluido que la compasión, entendida como empatía e interés hacia el prójimo, es un elemento común a todas las religiones. Y por eso impulsa desde 2009 la Carta de la Compasión, que busca que los líderes religiosos trabajen unidos por la paz. No queda otra en el mundo interconectado en el que nos ha tocado vivir. «Vivimos tiempos peligrosos. Hemos creado un mercado global donde estamos más estrechamente unidos que nunca: nuestras economías son profundamente interdependientes; lo que sucede hoy en Siria o el Yemen puede tener repercusiones en Londres o Mánchester mañana; estamos conectados electrónicamente mediante internet; nuestras historias están profundamente entrelazadas; y todos nos enfrentamos a los mismos desafíos ambientales. No podemos vivir los unos sin los otros y, sin embargo, cada vez más nos estamos replegando de forma agresiva hacia guetos nacionalistas, religiosos y culturales», ha escrito Armstrong, que anima a mirar al otro con ojos limpios y curiosos «Es esencial que entendamos las aspiraciones religiosas, políticas e ideológicas y los temores de nuestros vecinos globales», alerta. Y eso implica olvidarse de vacuidades - «afirmar que la religión motiva el terrorismo es simplista», «la idea de que la religión es dañina no es muy inteligente»- y asumir que en la religión, como toda creación humana, como en el sexo o en el arte, hay de todo, entender incluso que el laicismo no ha de ser necesariamente liberador, y aceptar que es tan necesario conocer la religión como la economía, porque, como la cultura o la ciencia, forma parte de la vida humana.

Llegar hasta aquí y ahora, a su mirada lúcida en torno a las tres principales religiones monoteístas -y muchas más-, le ha exigido muchos años de investigación y de reflexión, un trabajo que comenzó cuando en 1962 ingresó como novicia en un convento católico al tiempo que estudiaba en la Universidad de Oxford. Siete años después -suele decir que era una monja mala- abandonó la vida religosa, se licenció en Literatura contemporánea y se unió a la Universidad de Londres como profesora e investigadora. En 1982 editó su primer libro, el relato autobiográfico 'Through the Narrow Gate', publicado por entregas en el 'Daily Express' que le abrió las puertas a los programas de televisión en los que estrenó com polemista contra la Iglesia católica.

En 1983 viaja a Jerusalén para realizar un documental y desde entonces se dedica por completo al estudio de las religiones. 'Una historia de Dios: 4.000 años de búsqueda en el judaísmo, el cristianismo y el islam' (1993), 'The Battle for God: Fundamentalism in Judaism, Christianity and Islam' (2000) se convirtieron en éxito de ventas. Pero es que además es autora de otros 20 títulos más sobre la fe, las principales religiones, sus elementos comunes y el rol que juegan en el mundo moderno. Entre ellas, 'Holy War: The Crusades and Their Impact on Today's World' (1988), 'Historia de Jerusalén: una ciudad y tres religiones' (1996), 'La gran transformación: El principio de nuestras tradiciones religiosas' (2006) e 'Historia de la Biblia' (2007). Son conocidos y elogiados sus estudios y libros sobre el islam, como 'Mahoma: biografía del profeta' (1991).

Su obra está plagada de reflexiones indispensables para afrontar el hoy y que a ella le han valido distinciones tan destacadas como la de Oficial de la Orden del Imperio Británico, El Freedom of Worship de la Fundación Roosevelt o el Building Bridges de la Asociación de Científicos Sociales Musulmanes. Ahora se suma el Princesa de Asturias y con este nuevo impulso seguirá propagando por el mundo su fe, que no es otra que la de creer en el ser humano. Porque para Armstrong la idea primitiva de Dios debe avanzar más allá del creador del mundo que sabe las cosas y piensa como nosotros: «Dios refleja una capacidad de los seres humanos, de su mente, de tener experiencias trascendentes», ha dicho.

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