Michael Sandel: «El discurso civil y el respeto mutuo se enfrentan a tiempos difíciles»

El filósofo estadounidense Michael J. Sandel, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2018. / J. R. L.

El filósofo estadounidense se alza con el Premio Princesa de Ciencias Sociales por sus alegatos contra los excesos de la economía de mercado y la desigualdad social

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

«No es un filósofo esotérico», sino que su perfil responde más al de una estrella mediática y mundial del pensamiento. Y, de hecho, su nombre había sonado varias veces entre los candidatos al Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, pero no fue hasta ayer cuando el estadounidense Michael J. Sandel (Minnesota, Estados Unidos, 5 de marzo de 1953) se alzó con el codiciado galardón. Un reconocimiento anunciado en el ovetense Hotel de la Reconquista al filo del mediodía por un jurado que quiso premiar así «una obra ejemplar sobre los fundamentos normativos de la democracia liberal y la defensa tanto de las virtudes públicas como del pluralismo de concepciones del bien en nuestras sociedades».

Porque, según señala el acta, «además de su visión pública de la justicia, destaca por la críticas de los excesos de la lógica del mercado y por promover el debate para la solución de los principales dilemas morales». Y porque si por algo se caracteriza Sandel es por ser «ejemplo del uso público de la razón en la búsqueda de la verdad». Un hombre que «ha adquirido prestigio mundial por haber trasladado su enfoque dialógico y deliberativo a un debate de ámbito global», comprometido «con los valores de la democracia y la relevancia de la argumentación conjunta para resolver nuestras diferencias como sociedad».

Así que, como no podía ser de otra manera, el pensador estadounidense (un primer espada de la filosofía política y «tal vez el catedrático más prominente de América», según 'The Washington Post'), profesor en Harvard y autor de libros que han sido traducidos a veintitrés idiomas, agradeció el reconocimiento desde Boston con una llamada a la concordia y al diálogo: «Me siento profundamente honrado de recibir el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. En un momento en que el discurso civil y el respeto mutuo se enfrentan a tiempos difíciles en todo el mundo, los ideales humanísticos que la Fundación Princesa de Asturias ensalza son más importantes que nunca. Me enorgullece asociarme con los objetivos de la Fundación de promover el entendimiento cultural y los ideales pluralistas».

Kiku, su esposa sefardí

Pero es que, además, aclaró que el premio es «aún más significativo» por su «estrecha conexión familiar con España». Y es que su esposa, Kiku Adatto, «proviene de la comunidad judía sefardí que fue expulsada de Sevilla en 1492, pero continuó hablando ladino y considerando a España como su patria espiritual». Y todavía más, añadió: «En reconocimiento de esa historia, España recientemente invitó a los judíos sefardíes de todo el mundo a solicitar la ciudadanía española. Me enteré de la noticia del Premio Princesa de Asturias en el mismo momento en que Kiku y nuestros hijos están preparando la documentación para solicitar esa ciudadanía. Recibir este premio de España tiene un significado especial, a la luz del legado sefardí de mi familia».

Con ese espíritu ecuménico, «más allá de las aulas y de la letra impresa, su método de discusión socrática ha encontrado amplio eco en multitud de foros en la red», una de las virtudes que quiso destacar una de las integrantes del jurado, la también filósofa Adela Cortina: «No solamente es un filósofo de raza, sino que tiene una gran presencia en los foros públicos a través de internet. Es fundamental contar con una figura como la suya, capaz de llegar a mucha gente y potenciar la deliberación para resolver los problemas por el diálogo y nunca jamás por la fuerza. Un referente indiscutible, extraordinario».

Contra la posverdad

Y si Cortina ponía el acento en que Sandel «es un filósofo que trata de encontrar la verdad a través del uso público de la razón en sociedades pluralistas», la historiadora Carmen Iglesias subrayaba también su «lucha constante frente a la posverdad, que no es más que la mentira, y, por lo tanto, para que la verdad sea un elemento fundamental de la justicia pública».

Y todo, como destacado representante de la teoría comunitarista, corriente surgida a finales del siglo XX contraria a posturas individualistas y liberales. Una línea de pensamiento filosófico que consiste en la defensa orientada al bien común en la que los gobiernos puedan intervenir para evitar los excesos de la economía de mercado y las desigualdades sociales.

En palabras del economista Emilio Ontiveros, Sandel «pone en su sitio al mercado como institución y como mecanismo de asignación y lo limita, fundamentalmente, a la actividad económica». O en las del sociólogo Mauro Guillén, cuando «algunos de los grandes problemas que tenemos son la distribución de la renta y de la riqueza y la falta de solidaridad», él defiende que «tenemos que encontrar políticas económicas que permitan no solamente crecer, sino crecer con igualdad». Democracia real.

Una llamada de atención también a Trump, en opinión del politólogo Sami Naïr: «Lanza un mensaje a Estados Unidos. El de que nuestra elección es la del debate y el diálogo y no la fuerza ni la vulgaridad intelectual y política que están imperando por ahí».

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