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Premios Princesa
James Nachtwey, en el hall del Reconquista.
James Nachtwey, en el hall del Reconquista. / ALEX PIÑA

«La belleza de una imagen nos ayuda a entender la tragedia»

  • James Nachtwey, fotoperiodista

  • «No sabes qué es una buena foto hasta que la tienes delante, emerge de la realidad y hay que tener percepción, destreza y suerte para captarla»

Habla muy bajito y muy despacio. Como si los mundos terribles que lleva años visitando y retratando le hubieran enseñado que de nada sirven ni los gritos ni las prisas. James Nachtwey (Siracusa, Nueva York, 1948) llegó ayer a Oviedo desde Estados Unidos para recoger el viernes su Premio Princesa de Comunicación y Humanidades cansado y reflexivo, con ganas de hablar de su oficio pero ninguna de la política estadounidense y con una convicción: otro mundo distinto al que él fotografía es posible.

La pregunta del millón: ¿se puede cambiar el mundo?

Podemos cambiar las cosas de una en una, no el mundo de una vez. No creo que podamos alterar la naturaleza humana, pero sí situaciones concretas. Una a una. Eso tenemos que hacer. Debemos estar comprometidos por siempre jamás en este proceso de cambio continuo.

Cuarenta años de fotoperiodismo. ¿Han merecido la pena?

Sí, han merecido la pena. No ha sido una vida fácil, pero para mí ha tenido significado y sentido. Espero que el trabajo que he hecho haya transmitido ese significado a otras personas. Es lo que me motiva para hacer mi trabajo. No tuve elección, necesitaba hacerlo, tuve que hacerlo y me siento muy afortunado.

¿Recuerda cómo fue su primera vez en un conflicto bélico?

Irlanda del Norte, 1981, durante la huelga de hambre de Bobby Sands. Había sublevaciones en las calles. Llevaba diez años intentando ser un fotógrafo de guerra y esa fue la primera vez. Sentí que la historia estaba sucediendo delante de mí, fue una sensación increíble, emocionante. Sentí el peso de la responsabilidad y que había encontrado lo que quería hacer con mi vida.

¿Ha descubierto cuáles son los elementos de una buena foto?

No sabes qué es una buena foto hasta que la tienes delante. Las fotos son intuitivas, espontáneas, se basan en la improvisación. Trabajamos en tiempo real y no sabemos qué va a pasar. No se pueden imponer cuáles son los elementos de una buena foto, porque emergen de la realidad, y si tienes la percepción y la destreza, con suerte, capturas el momento.

¿Por qué la guerra se retrata mejor en blanco y negro?

No sé si se retrata mejor. Es verdad que el color es un fenómeno impresionante de la naturaleza. Es tan potente... Tanto que en una imagen que muestra una situación dramática parece que el color está compitiendo con ella. Quizá hay algo subsconciente, parece que el color roba el protagonismo para convertirse en el tema de la instantánea. Creo que el blanco y negro te deja ver mejor el significado de la foto y de forma más inmediata. Pero también he de decir que hay muchísimas fotos maravillosas de conflictos que se han hecho en color. Para mí la dificultad está en controlar ese gran poder que tiene el color.

En blanco y negro y en color, vivimos ante un bombardeo de imágenes de tragedias como las de Grecia o el Mediterráneo. ¿En qué medida tal volumen nos sensibiliza y en qué medida nos insensibiliza?

Esas imágenes son necesarias. Nos sensibilizan. El hecho de que tengamos distintas fuentes de información es siempre positivo. Un profesional de los medios seguramente ve muchísimas imágenes pero un ciudadano normal no tiene tantas para elegir, de modo que cuanto más se pongan a su alcance, mejor. Además, es bueno que el público tenga la capacidad de gestionar esa gran cantidad de información porque de esta forma puede crear su propia perspectiva de lo que sucede.

En sus imágenes conviven horror y belleza. ¿Cómo es la relación de esos dos ingredientes?

Es la paradoja de la vida, la belleza y la brutalidad coexisten. No es algo que yo imponga al tomar una foto, simplemente está ahí, es parte de la vida y ha sido el objeto del arte y de la literatura desde tiempos inmemoriales. No estoy seguro de por qué, pero es así. Una foto que nos muestra algo trágico, sin duda puede ser bonita; el objetivo no era ese, pero sí parte del resultado. Quizá la belleza nos ayuda a entender la tragedia, puede que sin ella ni siquiera miraríamos esa foto. Ahí puede estar el motivo de la existencia de la paradoja: que la belleza nos permite acceder, contemplar y sentir esa fotografía.

¿Hay líneas rojas para un fotógrafo en escenarios de conflicto?

He vivido situaciones de personas heridas, pero que estaban siendo atendidas por personal médico o por amigos, en las que no había nada más que yo pudiera aportar como fotógrafo. No somos médicos, no somos trabajadores sociales, tenemos un objetivo, que es estar donde ocurren las cosas... Pero hay momentos en los que el fotógrafo sí podría ser la única persona capaz de ayudar en ese momento, y ahí sueltas la cámara y ayudas. Ante todo eres un ser humano. Conozco a muchas colegas que lo han hecho y lo hacen.

¿Se ha traído la cámara para hacer fotos en Asturias? ¿Suele hacer fotos cuando no está trabajando?

No, para mí la fotografía tiene un propósito: si no estuviera intentando hacer algo con un valor social no sería fotógrafo.

Pero llevará cámara en el móvil.

Todos los teléfonos tienen cámara ahora, así que ese tipo de fotos de souvenir sí que las hago.

Es estadounidense. Es obligado preguntarle por Donald Trump.

(Cara de no voy a dedicarle ni un segundo a ese señor. Se levanta y pone fin a la entrevista entre risas).