«No he tenido valor, solamente curiosidad»

Alma Guillermoprieto, ayer, en su casa de Bogotá./E. C.
Alma Guillermoprieto, ayer, en su casa de Bogotá. / E. C.

Alma Guillermoprieto, periodista y escritora galardonada con el Premio Princesa de Comunicación y Humanidades: «Este premio me llena de asombro, alegría y susto por su significado e historia»

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Su voz, que se oye cercana al otro lado del Atlántico, en su casa de Bogotá, donde ayer no hubo tiempo ni para respirar «un segundo», tiene más de aquella bailarina que fue, que de la aguerrida reportera que es desde hace 40 años y a la que se le presume y premia el coraje, la valentía y la sobresaliente manera de ejercer el periodismo para contar la verdad de la Iberoamérica, lo acontecido en las últimas décadas. Alma Guillermoprieto celebraba en su querida Colombia ese «no parar» al que la abocó el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. «No he podido ni desayunar», decía a las siete de la tarde hora española. Pero no puedo estar más feliz con este jaleo», confesaba esta mexicana de 1949, que en unos días cumplirá 69 años.

-¿Entraba en sus planes lograr el Princesa de Comunicación?

-Nunca lo había soñado. Cuando me llamaron para decirme que si era finalista no me lo podía creer. Los componentes del jurado, los premiados de otros años. Todo me parece importantísimo. Me preguntaron que si de ser elegida podría acudir a recibir el galardón y contesté «tengo que pensármelo».

-¿De verdad?

-No (y se ríe abiertamente). Es broma. Dije que claro, que por supuesto. Que estaba feliz y encantada. Este premio me llena de asombro, alegría y confieso que también de susto por su significado e historia.

-Dice ese jurado que la ha premiado porque es usted una periodista con coraje. ¿Qué opina?

-Es difícil evaluar eso. Yo creo que no he tenido valor. Solo curiosidad. Cuando eres joven no ves el peligro. Del mismo modo, cuando algo te interesa, cuando sientes curiosidad, no te haces preguntas sobre el peligro, solo sobre la historia.

-También destacan su capacidad para tender puentes entre Iberoamérica y el mundo anglosajón.

-Eso sí lo veo. Por accidente he escrito principalmente para medios de habla inglesa y me he pasado la vida traduciendo, no solo las lenguas, sino las culturas. Y eso sí que es tender puentes.

-Nacida en México, pasó su adolescencia en Nueva York y ha viajado por toda América. ¿Por qué Colombia para vivir?

-Llevo cinco años viviendo. Estuve hace tiempo, en la época dura y cuando pasas dificultades creas lazos muy importantes. Esos lazos me han traído de vuelta.

-Se cuenta que participó en el proceso de paz entre las FARC y el gobierno. ¿Es cierto?

-Qué va. No sé por qué se ha corrido esa. Tengo compañeros que jugaron un papel importante, pero yo no. Ahora lo que tengo en remojo sobre Colombia es un libro, que contará cómo están las cosas ahora. La actualidad de este maravilloso país.

-¿Siempre quedan historias que contar?

-Mientras a uno no se le acabe la curiosidad, por supuesto. Lo difícil no es contar historias. Lo difícil es ponerles punto y final, siempre quieres seguir preguntando, seguir aportando información. Cuando le doy a enviar me entra un enorme desasosiego.

-¿Sigue sintiendo miedo a no haberlo hecho bien?

-Uf. Muchísimo. Me voy a la cama y sigo pensando en lo que he escrito. A veces, ni duermo. Estoy toda la noche con ello.

-He leído que ha dicho que historias terribles pueden resultar maravillosas.

-Lo que ocurre es que de ellas uno puede sacar cosas maravillosas, grandes aprendizajes. Siempre procuro que las personas que leen lo que escribo no se queden con la sensación de 'qué horror, qué horror'. Quiero que el lector tenga ganas de seguir haciéndose preguntas. Que sirva para algo lo que escribo.

-Su serie de artículos sobre la Masacre de El Mozote en El Salvador es uno de sus trabajos más laureados. ¿Descubrir esa realidad le dejó huella?

-Todas las historias la dejan. Todas te marcan de alguna manera, pero en el caso de la masacre de El Mozote lo que me dejó, además, es la satisfacción de haber contribuido a que se supiera lo que había pasado. La gente desconocía lo que había hecho el ejército. Ahora lo saben todos y me alegra haber podido dejar constancia de que los hechos queden para la historia.

-¿Cree que se está acabando el periodismo?

-Creo que el periodismo ha sido y sigue siendo la manera más emocionante de vivir el mundo. Pero también creo que se está acabando una manera de hacer y empieza otra. Y en esta etapa de ajuste está habiendo grandes pérdidas.

-«Internet ha roto la plaza pública de las opiniones diferentes». Son palabras suyas.

-Es lo que creo, pero también que en estos tiempos tan ultraradicalizados a los que ha contribuido internet ha surgido la necesidad de pelear y de que nos unamos. Debemos convertirnos en un solo país.

-Se ha dicho que es una pesimista crónica, pero no lo parece.

-Es que solo soy una pesimista moderada. También una optimista moderada.

-Su premio coloca a la tercera mujer en un palmarés que cumple ya 38 años. Las anteriores Annie Leibovitz y María Zambrano. ¿Qué le parece?

-Que ya era hora de que el galardón recayera en otra mujer. Sí, ya era hora. Faltan mujeres, muchas mujeres. Esto tiene que cambiar y lo vamos a cambiar.

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