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Premios Princesa

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El sanatorio Marítimo, que representa la actividad de la orden en Asturias.

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Premio Princesa de Asturias de la Concordia

  • La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios celebró el galardón recordando a los muertos por el ébola

  • Los 50.000 euros que lleva implícito el título serán destinados a seguir «combatiendo la terrible enfermedad»

No hay un solo rincón en el inmenso mapa de los desfavorecidos sobre el que no hayan detenido su mirada. Los enfermos agudos y crónicos, los que no tienen casa, aquellos a los que les falla la salud mental, los terminales, los desplazados, los toxicómanos, los sin papeles, los ancianos. Allí donde haya una persona a la que le flaqueen las fuerzas, viva en uno u otro continente, están los miembros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Por eso y por dejarse no solo la piel, sino también la vida por el camino, esta orden religiosa, convertida en una de las mayores organizaciones internacionales de cooperación sin ánimo de lucro del mundo, fue proclamada Premio Princesa de Asturias de la Concordia. De hecho nada más saberse la elegida entre los 27 candidatos que optaban al mismo título, lo primero que hicieron sus responsables fue recordar a aquellos de los suyos que el ébola se llevó por delante. Fueron en total 18, pero los que más dolieron en esta parte del mundo se llamaban Miguel Pajares y Manuel García Viejo. A ellos especialmente, así como a todos los religiosos y colaboradores muertos por estar ayudando a quienes padecían la enfermedad, dedicaron el premio. De hecho, tras agradecer la distinción, anunciaron que los 50.000 euros con los que está dotada serán dedicados íntegramente a «seguir combatiendo el ébola».

La mortal enfermedad que aún golpea África tampoco pasó inadvertida entre los miembros del jurado, que trasladaron su realidad al acta del fallo, donde se explícita que el «reconocimiento» es «a una ejemplar labor asistencial desarrollada a lo largo de cinco siglos». Y es que la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios nació en Granada en 1593. Hoy, como recuerda también el acta, está presente en 51 países y centra sus atenciones «en los difíciles momentos que vive el mundo, en cuestiones tan sensibles como la epidemia del ébola, las crisis migratorias y, en general, la protección de las personas más desfavorecidas y en riesgo de exclusión».

No hay un solo continente en el que no se conozca su labor. «A todos los rincones llegan nuestros principios de cooperación y ayuda a los más necesitados», dicen en el texto que describe sus intereses solidarios.

Recompensada con el Princesa de Asturias a proposición de la profesora Elvira Rojo, que lideró su candidatura hasta llegar el martes a la mesa del jurado, en Oviedo, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, ha logrado en los últimos años abrir las puertas y mantener activos 330 centros de atención entre los que destacan 70 servicios para discapacitados. Uno de ellos desarrolla una labor más que extraordinaria en Gijón, en el Sanatorio Marítimo, que pertenece a su estructura internacional. Gestionan 80 hospitales, la mayor parte en los países más desfavorecidos, 44 servicios para enfermos mentales, 42 dispensarios, 37 servicios para ancianos y 33 servicios socio-asistenciales de distinto tipo. En realidad, pese a que su vocación es sanitaria, llevan a cabo programas en otros terrenos. Su Obra Social presta una atención integral con el fin de mejorar la calidad de vida de sus destinatarios a través de diferentes programas de inserción laboral, orientación y mejora de calidad de vida, integración y atención social a extranjeros.

Por dejarse la piel y la vida

Conociendo esta realidad fueron muchos los que se felicitaron por la decisión de otorgarles el prestigioso premio. Entre ellos, el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, quien emitió una nota destacando, precisamente, «la labor impagable» que la Orden de San Juan de Dios hace en Gijón. Para otros, como el presidente de la Fundación Princesa de Asturias y también miembro del jurado, Matías Rodríguez Inciarte, el acierto no puede ser mayor, porque, además de destacar un importante trabajo, se está subrayando con él el espíritu de la institución que concede el galardón. «La organización premiada simboliza los valores que la Fundación quiere respaldar y dignificar», dijo, tras dar a conocer el fallo. Adoptado por franca mayoría y tras un debate que no fue muy contestado, llevó también al jefe del Ejecutivo autónomo, y ayer portavoz del jurado, que también presidió, Javier Fernández, a asegurar que «la labor de la orden coincide con la prioridad de la sociedad española y europea de apostar por la solidaridad». Sin duda fue ese el concepto que más veces se pronunció ayer al relacionar premio y premiado. Una relación que, en palabras de otra jurado, Alicia Koplowitz, es tan evidente que «fallar el galardón a su favor no fue nada difícil».

Todos coincidían en lo justo del premio, pero para José María Viadero, presidente de la Fundación Juan Ciudad, una de las de la organizaciones no gubernamentales de la orden, lo que ahora toca no es solo celebrar, sino advertir que «ha saltado una alarma en la sociedad sobre todas las cosas pendientes que quedan por resolver en este mundo del bienestar y este premio indica que todavía hay que seguir alerta».