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Premios Princesa

Un niño, una casa, una familia, un premio

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Un grupo de niños que convive en una de las aldeas repartidas por el mundo enarbola sus banderas. / A. I. S.

  • Aldeas Infantiles SOS y los miles de benefactores que las sostienen logran el Princesa de la Concordia

  • El jurado destaca que son pioneros en la protección de los menores en momentos en que «los conflictos internacionales ponen en riesgo a los más vulnerables»

Llevaba años llamando a la puerta. Han sido cientos las instituciones que han puesto su firma debajo de sus logros, del trabajo de casi siete décadas protegiendo a los niños, que son los que cumplirá pronto Aldeas Infantiles SOS. Y todo para que el jurado de los Premios Princesa de Asturias sostuviera la mirada sobre ellos. Por fin el de la Concordia lo hizo ayer y sucumbió ante los méritos. Hoy la institución, propuesta para el galardón por la exjugadora de la selección española de baloncesto Amaya Valdemoro, una de sus benefactoras, luce ya el reconocimiento a nivel internacional y toda la «felicidad del mundo», en palabras de su presidente en España, Pedro Puig.

La organización, creada en 1949 por Hermann Gmeiner, que fundó la primera aldea en Austria, sacando a los niños huérfanos de las sórdidas instituciones a las que les había llevado la guerra, ya está en 134 países. En todos se ha convertido, como advierte el acta del Princesa de la Concordia cosida ya a sus otros premios, en un ejemplo por sus «principios pioneros», en la protección de los niños. Una protección -subraya el jurado- que, en estos tiempos que vivimos, «cobran aún mayor vigencia» debido a los conflictos internacionales que «ponen en especial riesgo a los más vulnerables».

Aldeas Infantiles SOS es una organización internacional y privada, que no tiene ánimo de lucro y cuyo único objetivo «es ofrecer a los niños una familia, un hogar estable y una formación sólida», algo que se logra gracias al trabajo de miles de voluntarios en todo el mundo, pero también de miles de benefactores. Socios que, en la mayoría de los casos, aportan una pequeña cuota (a partir de diez euros), pero también padrinos que adoptan a un niño o una aldea y que ponen esfuerzos y nombres propios para conseguir que las miradas de todos se detengan en las de los pequeños con problemas.

En España desde 1981

El fin último es adoptar un modelo familiar. El concepto de familia está presente en cada rincón de cada casa creada, de cada aldea nacida de sumar esas casas. La cruzada de sus creadores es que, pese a la falta de progenitores, sea cual sea la causa, los pequeños sientan el afecto de quien está en un hogar. También en España, donde la organización llegó oficialmente en 1981, aunque se tiene constancia de su labor desde mucho antes. Ya en 1967 el trabajo de la institución es evidente en nuestro país.

Aldeas Infantiles SOS actúa «como una federación de asociaciones nacionales» y su presidente es el indio Siddhartha Kaul, quien en nombre de la organización aseguró sentirse «honrado» de recibir la distinción. Entre sus colaboradores nacionales se recordaba, como hacía también la Fundación Princesa de Asturias, cómo la convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas ha operado siempre «de guía».

De ahí que sus principios sean: «Un entorno familiar protector, el apoyo de redes familiares y sociales, la toma de decisiones y acciones basadas en el interés superior del niño y la participación de todos ellos en la toma de decisiones que afecten a su vida».