El Comercio
Premios Princesa

Soñar Europa

  • La opinión de Jonás Fernández, eurodiputado socialista e impulsor de la candidatura

Esta semana recibía a un grupo de estudiantes del instituto de Roces de Gijón. La mayoría era la primera vez que cruzaban los Pirineos. Mientras les hablaba, intentando engancharles con la historia de éxito que ha supuesto Europa y las oportunidades que ha generado para todos, caía en la cuenta de que estos jóvenes siempre habían pagado en euros, en sus planes ya está realizar una beca Erasmus y manejan perfectamente las ya no tan nuevas tecnologías. En ese mismo momento, mi mente también estaba en el Hotel Reconquista de Oviedo, donde se iniciaban las deliberaciones del jurado del Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2017 en la que competía la candidatura de la Unión Europea a iniciativa mía y de otros asturianos en el exterior, fundamentalmente de Diego Canga, actual jefe de gabinete de Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo y gran valedor de la ciudad de Gijón.

Este miércoles 21 de junio de 2017, la Fundación Princesa de Asturias ha anunciado la concesión del premio a la Unión. Atrás han quedado varios meses de gestiones en las que hemos reunido un gran número de apoyos, donde hemos constatado que, a pesar de cuestiones como la crisis de los refugiados donde la UE no está siendo capaz de doblegar a los Estados miembros, el proyecto europeo sigue despertando una gran ola de exigente ilusión y en los que hemos chequeado la necesidad de que Europa vaya adoptando cada vez más un cariz social, olvide los egoísmos nacionales y destierre los populismos, tal y como han ido haciendo en las últimas contiendas electorales franceses, austriacos y holandeses.

Estoy seguro de que este premio contribuirá a renovar la confianza de los ciudadanos en el proyecto de integración en clave federal, en un momento en el que necesitamos del mejor aire puro asturiano de unos premios cada vez más universales y a impulsar el trabajo de las instituciones europeas para alcanzar una Unión más sensible y cercana a sus ciudadanos. La Europa que sueñen los chavales del instituto de Roces no es exactamente igual a la que imaginaron los padres fundadores, pero ambas deben contemplar la prosperidad, la paz y los valores de convivencia que hacen de nuestro continente el mayor espacio de libertad del mundo.

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