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Premios Princesa

El Princesa de Cooperación impulsa el «vigor» de la cultura hispana y latina en toda América

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Aspecto que presentaba el patio de la sede neoyorquina de la Hispanic Society antes de la reforma iniciada. / MIGUEL RAJMIL

  • Ninguna otra institución, ni dentro ni fuera de la Península, ofrece una visión más completa del mundo hispano

  • El galardón reconoce a la Hispanic Society of America, fundada en 1904 en Nueva York

En la zona norte de Manhattan, lejos de los grandes atractivos de Nueva York, está el mayor museo de arte español y latinoamericano del mundo. Conserva tres goya, siete grecos, tres velázquez, los magníficos murales de Sorolla y, sin embargo, solo recibe al año 20.000 visitantes, algo menos de una cuarta parte de los que albergó el Museo de Bellas Artes de Asturias en 2016. La Hispanic Society of America, el sueño hecho realidad del millonario Archer Milton Huntington (1870-1955), lleva más de un siglo velando por sus tesoros, que son los del mundo hispano y latino, y ahora, en pleno proceso de restauración y reconversión para hacerse más grande y más fuerte -este año cerró sus puertas y las reabrirá en 2019- y cuando sus joyas se lucen en el Museo del Prado en una de las grandes exposiciones del año en España, le llega el espaldarazo definitivo a esa tarea a través del Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional.

No parece baladí la elección del jurado presidido por Marcelino Oreja Aguirre y que ayer hizo público su fallo en Oviedo, que bien parece que haya querido firmar un elogio de lo hispano en la era Trump. «El jurado ha reconocido el papel de la Hispanic Society of America en la promoción de la cultura y valores de lo hispano y lo latino, a través de la creación de un museo, una biblioteca y una institucion educativa, de acceso público y gratuito, y descatacando la importancia de su labor en un momento en el que la cultura hispana, reflejada en millones de personas, está pujando por mantener su presencia y vigor en toda América, con una muy relevante proyección hacia el futuro». Así lo ha dejado impreso para la historia en su fallo.

Ese impulso, ese empujón a la cultura hispana, llega a propuesta del embajador español en Estados Unidos Ramón Gil-Casares y con el apoyo de personalidades tan destacadas como Mark Thompson, presidente de 'The New York Times'. Y llega a una organización fundada en 1904 por Archer Milton Huntington, que encontró en el British Museum londinense y el Louvre parisino la inspiración para crear una institución educativa de acceso público y libre que tenía como fin avanzar en el estudio de la lengua, la literatura y la historia de España y Portugal, así como los países que hablan sus idiomas sin olvidarse de Filipinas. En 1908 abrió sus puertas con una notabilísima colección adquirida en España, en lo referente a libros y manuscritos, y también en París, Nueva York y Londres, donde se compraron numerosas pinturas.

El estudio, colección, exposición y preservación del arte y la literatura del universo hispano ha sido y es la misión de una institución cuyo museo neoyorquino cuenta con una colección de 23.000 piezas, que van desde los cuadros a las esculturas, a la cerámica y el textil, desde el Paleolítico hasta el siglo XX. Especial valor tiene su colección de pintura, con un magnífico retrato de 'La duquesa de Alba' de Goya, 'El Cardenal Camillo Astalli', de Velázquez o 'La Piedad' del Greco. También atesora cuatro obras del asturiano Carreño Miranda, entre ellas una Inmaculada Concepción pintada en 1670 que forma parte de la magna exposición que hasta el 10 de septiembre se puede visitar en el Museo del Prado titulada 'Tesoros de la Hispanic Society of America. Visiones del mundo hispánico'. Igualmente conserva el retrato más famoso de Ramón María de Campoamor, firmado por Emilio Sala en 1891.

Tan impresionante es la colección artística, abarca tanto en el espacio y el tiempo, que dicen los expertos que ninguna otra institución, ni en España ni fuera de ella, proporciona una visión tan completa del mundo hispánico. Esa virtud fue fruto del empeño de Huntington, que cultivó la amistad con los intelectuales españoles de su época y le sitúo muy próximo a pintores tan destacados como Zuloaga o Sorolla. Del último son célebres los 14 murales 'Visiones de España' que decoran la sede neoyorquina y que en 2007 cruzaron el Atlántico para mostrarse en España.

Claro que más allá de la pintura, el resto de sus colecciones son formidables. En especial, la biblioteca, que conserva 175.000 fotografías, un sinfín de libros raros procedentes de Iberoamérica y hasta 30.000 volúmenes anteriores a 1830, entre ellos, nada menos que 250 incunables. Hay primeras ediciones de 'El Quijote' y 'La Celestina' y 'Os Lusiadas'. Se une a ellos una colección extensa de manuscritos, con cerca de 250.000 ejemplares, que incluyen cartas y mapas medievales, con el Mapamundi de Juan Vespuccio, de 1526, que también se muestra estos días en el Prado. Patentes de títulos nobiliarios, biblias iluminadas, libros de las horas comparten espacio con más de 300.000 volúmenes de materias dispares.

Apenas un 5% de la impresionante colección se muestra al público. Y la lástima es que es muy escaso el que en los últimos tiempos lo disfruta. Quizá por eso hace ya un par de años se eligió como nuevo presidente del Patronato de la institución cultural a Philippe de Montebello, quien de 1977 a 2008 dirigió el Museo Metropolitano de Nueva York. «El Premio Princesa de Asturias es, tal vez, el premio más prestigioso que podríamos recibir y estamos encantados con este reconocimiento del valor de nuestra institución. Esto aumentará aún más la importancia y el prestigio del museo y de la biblioteca de la Hispanic Society en un momento vital de nuestra historia», afirmaba ayer tras conocer la noticia del galardón.

Afronta, pues, la Hispanic Society una nueva era, en la que busca mayor visibilidad y presencia, más financiación privada con la que hacer frente a sus retos y lo hace con el impulso importante que le llega desde Asturias. Porque no solo ha de conservar y mostrar lo que tiene, también ha de continuar con su labor para fomentar el conocimiento de la cultura hispánica a través de los programas educativos orientados a escolares, los conciertos y la cooperación cultural internacional, como la que ha permitido que sus tesoros estén hoy en Madrid.

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