«Imponer la donación de órganos puede tener un efecto perjudicial»

«Imponer la donación de órganos puede tener un efecto perjudicial»
Beatriz Domínguez-Gil, antes de las deliberaciones. / PABLO LORENZANA
Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT)

«Deberíamos lograr que no se hablase de hombres ni de mujeres, sino de personas. Que la cuestión del género no fuese una cuestión»

A. VILLACORTA OVIEDO.

Beatriz Domínguez-Gil (hija de un farmacéutico gijonés y nacida en Santiago de Compostela en 1971, pero criada en Salamanca, nefróloga y madre de tres hijas) se estrenaba ayer como jurado del Premio Princesa de Cooperación Internacional. Y eso que la directora de la Organización Nacional de Trasplantes, una entidad que recibió el galardón en 2010, es toda una experta en este campo, porque, antes de relevar a Rafael Matesanz en el cargo, trabajó con la OMS, el Consejo de Europa, la UE y el Grupo Custodio de la Declaración de Estambul contra el tráfico de órganos y el turismo de trasplantes. Autora de más de un centenar de publicaciones en revistas científicas, Domínguez-Gil ha contado que, en la facultad, «fue una de las raritas a las que les gustaba la Nefrología» y que sintió un auténtico flechazo por el trasplante renal. Brillante, perfeccionista y concienzuda, de las que le roban horas al sueño para leer, ha prometido ir a por el Nobel para lo que ya llaman «el milagro español de los trasplantes». Solo en 2017, hubo 2.183 donaciones y en los últimos tres años se registró el mayor incremento de la historia, con una subida del 30%.

-Se confiesa una enamorada de lo que hace, un reto mundial.

-Sí. Sigue siendo un reto mundial poder afrontar las necesidades y esa disparidad entre la oferta y la demanda de órganos es el motivo de que muchos pacientes se enfrenten a una muy pobre calidad de vida y al riesgo de fallecimiento. Además, es la causa raíz del tráfico de órganos.

-¿Cómo lucha España contra ese problema?

-Tenemos un sistema muy rígido a la hora de estructurar todo el proceso de donación y trasplante. Intentos ha habido, pero se han identificado y se han cortado de raíz. La tolerancia del sistema contra el tráfico de órganos es cero. Somos muy duros castigando el delito y es imposible que se dé.

-Cumple un año al frente de la ONT. ¿Qué balance hace?

-Es un gran reto y es complicado, pero tengo un equipo tan extraordinario que hay mucho hecho y ganado.

-Podemos sacar pecho.

-Así es. La sociedad española es muy solidaria y nosotros somos testigos de ello. Todos los días, asistimos a familias que, en el peor momento de sus vidas, son capaces de decir que sí a la donación y pensar en cómo, en medio de esa pérdida trágica de un ser querido, pueden ayudar a otros. Pero el 'quid' del éxito español, aparte de la solidaridad y del sistema nacional de salud que tenemos, es la buena organización: tener a los profesionales adecuados en el lugar adecuado, con la formación adecuada y perfectamente orquestados.

-Hay quien ha planteado que la donación debería ser obligatoria.

-Yo soy más partidaria de la educación. De que los miembros de nuestra sociedad sean capaces de hacer que aflore lo mejor de ellos en esos momentos trágicos. Pienso que se puede llegar mucho más allá. Imponer la donación puede ser interpretado por parte de la población como una fiscalización por parte del Estado, como una intromisión en la vida personal. Y, lejos de tener un efecto beneficioso, puede tener un efecto perjudicial.

-¿El sistema sanitario ha perdido calidad?

-Creo que no, pero tenemos que estar muy comprometidos en mantenerla en un futuro, porque cada vez va a ser más complicado. Llegan terapias que van a ser extraordinariamente caras y que van a poner difícil la sostenibilidad. En eso hay que enfocarse.

-¿La crisis les ha pasado factura?

-El presupuesto en actividades de formación sufrió una reducción del 20% aproximadamente. Y, por supuesto, todos los profesionales sufrieron ajustes de personal, de salario... Pero podemos decir con orgullo que su profesionalidad hizo que, incluso en periodo de crisis, hayamos sido capaces de seguir creciendo.

-¿En qué tenemos que mejorar?

-En este momento, los donantes que tenemos no son jóvenes, así que, en el futuro, debemos ver cómo conseguir que esos órganos más complicados, de personas mayores, funcionen con la mayor garantía de éxito.

-¿Veremos trasplantes de órganos bioartificiales?

-Está cada vez más próximo y espero que vea la luz, pero las nuevas terapias, por ejemplo la terapia con células madre, creo que nos van a ayudar más a prevenir la necesidad de un trasplante que a crear trasplantes.

-Ha desvelado que una mujer con un currículum tan brillante como el suyo ha sentido, a veces, el síndrome del impostor. Es por el que piensas: «A ver si se dan cuenta de que no soy tan buena como creen».

-Todos los síndromes los he tenido yo (Ríe). En realidad, el techo de cristal o la discriminación por el hecho de ser mujer nunca los he sentido, pero creo que ha sido porque, si en mi entorno ha habido alguna actitud así, la he ignorado. Lo que tendríamos que lograr es que fuera natural hablar de personas, no de hombres ni de mujeres. Que la cuestión de género no fuese una cuestión. En el equipo hay 45 personas. La mayoría, mujeres.

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