Los All Blacks, leyenda del rugby, premio Princesa de los Deportes

El jurado de los premios Princesa de Asturias distingue a la selección neozelandesa por su «ejemplo de integración racial y cultural»

VÍCTOR M. ROBLEDO

En 1870, un joven llamado Charles Monro regresó a Nueva Zelanda tras completar sus estudios en Inglaterra con una maleta llena de pelotas y con un libro: eran las reglas del rugby, el deporte que lo cautivó durante aquella etapa como estudiante. Instalado en su localidad natal, Nelson, Monro acudió rápidamente a hablar con los responsables del club de fútbol para organizar el primer partido de rugby en la historia del país. Él mismo ejerció como jugador de uno de los equipos y como árbitro, aunque la actividad no tuvo el éxito esperado y apenas acudieron doscientos espectadores. Al día siguiente, los periódicos no le dedicaron ningún espacio.

Casi siglo y medio después de aquella cita, el rugby neozelandés está dando la vuelta al mundo en forma de noticia. Este mediodía, el jurado de los premios Princesa de Asturias otorgó a la selección de Nueva Zelanda el galardón de 2017 en la categoría de Deportes por los éxitos acumulados a lo largo de su historia. Los conocidos popularmente como ‘All Blacks’ por su indumentaria negra, todo un símbolo en su país, se impusieron en la votación final a la atleta norteamericana Kathrine Switzer. Ruth Beitia y Andrés Iniesta finalizaron en tercera y cuarta posición. Veinticuatro candidaturas de once nacionalidades optaban este año al reconocimiento.

El acta del jurado, leído por el presidente Abel Antón, destaca los ”extraordinarios éxitos deportivos” de la selección neozelandesa, que ha ganado tres mundiales de los ocho disputados hasta la fecha (1987, 2011 y 2015) y a la que solamente cinco países han conseguido derrotarlos en un partido oficial: Australia, Inglaterra, Francia, Sudáfrica y Gales. Su estadística de victorias supera el 76 por ciento. También se valora que los ‘All Blacks’ son “un ejemplo de integración racial y cultural, y que han contribuido a la unidad de neozelandeses de diferente origen”. En ese sentido, una de sus grandes señas de identidad es la ‘haka’, una danza de origen maorí que bailan antes de los partidos para intimidar al rival.

Nada más conocerse el galardón, el presidente de la Federación Neozelandesa de Rugby, Steve Tew, expresó su agradecimiento: “Es un gran honor para los All Blacks ser distinguidos con el prestigioso Premio Princesa de Asturias. La selección se siente humildemente honrada por el premio y agradecida a la Fundación y a los aficionados de todo el mundo por su increíble apoyo”. La candidatura fue propuesta por Manuel Pradas Romaní, embajador de España en Nueva Zelanda, y Ramón Moreno, director de Casa Asia. El año pasado ya acarició el premio, pero el triatleta gallego Javier Gómez Noya recibió más apoyos en la votación final.

En Nueva Zelanda, un país con cuatro millones y medio de habitantes, el rubgy ha ido creciendo al amparo de los éxitos de su selección hasta convertirse en el gran deporte nacional, con casi 150.000 licencias. Miles de niños pueblan los fines de semana los parques y campos de todo el país soñando con convertirse algún día en un ‘All Black’. El joven Charles Monro no lo supo, pero el partido que organizó en 1870 en el jardín botánico de su localidad fue el germen de un equipo legendario.

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