Dos pioneros bajo el hechizo del Himalaya

El alpinista italiano Reinhold Messner, en la cima de los Dolomitas, en Italia, el 20 de abril de 2001. /  EFE
El alpinista italiano Reinhold Messner, en la cima de los Dolomitas, en Italia, el 20 de abril de 2001. / EFE

El Premio Princesa de los Deportes se rinde a las trayectorias de los montañeros Messner y Wielicki El italiano fue el primer hombre en conquistar los catorce 'ochomiles', y sin oxígeno, y el polaco, en escalar tres cimas de más de 8.000 metros en invierno

EDUARDO ALONSO OVIEDO.

Las historias sobre el montañero italiano algo cascarrabias, aunque afable, un interlocutor, en el fondo, apasionante, al que le gusta contar historias de las montañas, y sobre el polaco discreto, aún en activo pese su longeva trayectoria, que lleva décadas brillando entre la pléyade de himalayistas y que viene de liderar como jefe de expedición una ascensión fallida al K-2 y un rescate en el temible Nanga Parba de la joven francesa Elisabeth Revol, a la que lograron poner a salvo, y a Tomek Mackiewicz, por el que no pudieron hacer nada, revolotearon, a partir del mediodía, en el salón Covadonga del Hotel de la Reconquista, epicentro de lo que fue la noticia del día: la atribución de la máxima recompensa del Premio Princesa de Asturias de los Deportes a dos alpinistas únicos criados a la sombra de las grandes cimas, dos montañeros que saben en qué consiste vivir al límite y sobrevivir, amantes de las aventuras extremas y los duelos cercanos a la muerte.

Reinhold Messner (Funes, Bolzano, Italia, 1944), el montañero probablemente más grande de la última era, se ha convertido en un político combativo, padre de familia, granjero emprendedor y fundador de sus museos de la montaña (el castillo de Firmian, en los valles de los Dolomitas, donde nació, es uno de ellos, con 200.000 visitantes al año). El primer hombre que conquistó la cima de los catorce 'ochomiles', las cumbres más altas de la Tierra. Sin oxígeno de botella y con un estilo puro, tradicional, sin ayudas.

Su futuro compañero de silla entre los premiados de la ceremonia del Teatro Campoamor, Krzysztof Wielicki (Szklarka Przygodzicka, Polonia, 1955), ha escrito memorables capítulos de escalada en las grandes montañas de la tierra y ha sido pionero en realizar tres invernales a 'ochomiles': el Everest, junto a Leszek Cichy (1980), el Kangchenjunga, con Jerzy Kukuczka (1986), y el Lhotse, en solitario (1988).

La candidatura fue presentada por el ya galardonado Pedro Miguel EcheniqueMessner dedicó años a estudiar la existencia del famoso Yeti tras un avistamiento

La de ayer fue, en cualquier caso, una decisión inesperada y, paralelamente, una reivindicación colectiva. Por eso, Edurne Pasabán no pudo o quiso evitar una sonrisa en su rostro mientras escuchaba la lectura del acta por parte de Abel Antón. Fue precisamente la montañera nacida en Tolosa la persona que más decantó, en las últimas deliberaciones de ayer, a sus compañeros de jurado hacia el lado de la candidatura presentada por Pedro Miguel Echenique Landiríbar, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 1998. Hasta tal punto que la decisión acabó siendo unánime.

«Ambos encarnan, a través de sus trayectorias deportivas, la esencia del alpinismo, un deporte en el que han protagonizado grandes gestas y nuevos hito, convirtiéndose en ejemplo e inspiración para las nuevas generaciones de escaladores». Estos fueron algunos de los motivos de peso que terminaron por decantar la balanza. En el cajón de desengaños se quedaron, horas antes de conocer el fallo, las tres últimas víctimas de los montañeros: la regata Cambridge-Oxford, el piloto español Carlos Sainz y la exatleta Jessica Ennis-Hill.

Reinhold Messner no es, en cualquier caso, uno más del panorama alpino. Es el montañero más importante de la historia. Y quizás el más influyente. Nacido en el corazón de los Alpes, rodeado de montañas de más de 3.000 metros, en el seno de una familia numerosa y modesta (compartían una bicicleta los once miembros), pronto se enamoró de la naturaleza y las montañas. Enemigo de los estudios, enamorado de la escalada en roca y hielo, vivió la tragedia de perder a su hermano Günter en su estreno en el Himalaya. Concretamente, en el Nanga Parbat.

La muerte de su hermano le persiguió durante casi treinta años. Tres décadas durante las cuales tuvo que escuchar cómo varios excompañeros de expedición le acusaban de haberlo abandonado durante la ascensión por su propia ambición. Él siempre mantuvo firme su postura: lo perdió en algún momento del descenso. Posiblemente, en una avalancha. Los restos hallados en el año 2000 por Hanspeter Eisendle, a los pies de la vertiente Diamir, confirmaron la versión de Reinhold.

Aquel suceso le llevó a subir siempre en solitario. Sin arriesgar más vidas. Y sin botellas de oxígeno. Algo impensable hasta el que conquistó en 1978 la cima del Everest en esas condiciones. Fue su primer 'ochomil'. A este le siguieron el Manaslu, el Hidden Peak, el Everest, el K-2, el Shisha Pangma, el Kangchenjunga, el Gasherbrum II, el Broad Peak, el Cho Oyu, el Dhaulagiri, el Annapurna, el Makalu y, finalmente, en 1986, el Lhotse, su decimocuarto y último 'ochomil'.

Fue el punto final. Desde entonces, Messner no ha regresado a la montaña. Fuera de las primeras páginas, se ha embarcado en aventuras por los últimos lugares vírgenes del planeta. Atravesó la Antártida, el desierto del Bhután del Takla Makán, Groenlandia y el desierto del Gobi (2004). Y no solo eso. Diversificó su tiempo en un amplio abanico de actividades. Por ejemplo, entre 1999 y 2004, se convirtió en diputado en el Parlamento Europeo por Los Verdes, también ha sido escritor y participa en documentales.

El primer 'catorceochomilista' dedicó años, además, a estudiar la posible existencia del famoso Yeti, después de haber realizado un avistamiento en primera persona del 'Abominable Hombre de las Nieves'. No obstante terminó por identificarlo con el oso pardo del Himalaya. Muchos montañeros recibieron con sorpresa y condescencia el libro que Reinhold Messner escribió sobre la materia: 'Yeti. Leyenda y realidad.

Los valores del deporte

Krzysztof Wielicki también comenzó con su afición a la montaña bien temprano, con 14 años, en los montes de Tatra, en su Polonia natal. Producto de una de las grandes canteras europeas, disfruta de una buena imagen entre los alpinistas de todo el mundo y disfruta como referente del alpinismo de su país. Además de sus logros deportivos, sus compañeros destacan de él valores como el humanismo, compañerismo y capacidad de liderazgo. A sus casi 70 años, Wielicki, como recoge el acta, se ha convertido en «un ejemplo para la humanidad por su labor social, humanitaria y de divulgación de los valores del alpinismo».

Es la primera vez, desde 1987, año en el que se concedió el galardón en esta categoría, que el montañismo recibe tan elevada consagración. El alpinismo ha sido hasta hoy el deporte descuidado en la fiesta de los premios. Pero tanto Messener como Wielicki han empezado desde ayer a practicar el levantamiento de trofeos con un galardón principesco para los reyes de la montaña. Ambos estarán presentes a finales de año en el Teatro Campoamor.

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