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La investigación sobre las ondas gravitacionales, Premio Princesa de Investigación Científica

La investigación sobre las ondas gravitacionales, Premio Princesa de Investigación Científica
  • El jurado ha acordado distinguir a los físicos Rainer Weiss, Kip S. Thorne, Barry C. Barish y a la Colaboración Científica LIGO por la detección de las ondulaciones anticipadas por Einstein en su Teoría de la Relatividad

La Colaboración Científica LIGO y tres de los físicos que la impulsaron, Rainer Weiss, Kip S. Thorne y Barry C. Barish, han sido distinguidos hoy con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnicapor sus aportaciones en la detección directa de ondas gravitacionales, en las que se basa la nueva astronomía.

El acta del jurado, que ha adoptado la decisión por unanimidad, recoge que la investigación responde a «uno de los desafíos más importantes de la físcia en toda su historia». Este premio, además, «reconoce tanto el talento individual como la obra colectiva de más de mil investigadores de un centenar de instituciones de dieciocho países».

En el acta de este Premio Princesa de Investigación se subraya también que el proyecto LIGO «supone un reto tecnológico de primera magnitud. La extraordinaria precisión alcanzada por sus instrumentos ha permitido observar colisiones de agujeros negros muy masivos que ocurrieron hace más de mil millones de años». Y añade: «La detección de ondas gravitacionales abre una nueva ventana para el estudio del universo, que permitirá descubrir nuevos fenómenos y alcanzar regiones del espacio-tiempo no accesibles con las técnicas actuales».

El Laboratorio de Ondas Gravitacionales con Interferómetro Láser (LIGO son sus siglas en inglés) cuenta con la colaboración de un millar de científicos de docenas de instituciones y universidades de una veintena de países que trabajan en la detección de ondas gravitacionales que puedan ser empleadas en la exploración de las leyes fundamentales de la gravedad.

El físico estadounidense nacido en Alemania Rainer Weiss (Berlín, 1932) fue el inventor de la técnica interferométrica láser en la que se basa el LIGO, que cofundó en los años ochenta junto a sus compatriotas Ronald Drever (fallecido el pasado mes de marzo) y Kip Thorne, conocido por defender la teoría de los "agujeros de gusano" para viajar en el tiempo.

El también físico estadounidense Barry Barish dirigió este observatorio entre 1997 y 2006 y fue quien propuso en 1997 la puesta en marcha de la Colaboración Científica LIGO (LSC) que cuenta con un laboratorio en Hanford (Washington) y otro en Livingston (Luisiana), así como con instalaciones en Hanover (Alemania) desde los que se buscan ondas gravitacionales de origen astrofísico y se desarrollan detectores de estas ondas a gran escala.

La Colaboración Científica LIGO (LSC) cuenta con un laboratorio en Hanford (Washington) y otro en Livingston (Louisiana), así como con instalaciones en Hanover (Alemania), desde los que se buscan ondas gravitacionales de origen astrofísico y se desarrollan detectores de estas ondas a gran escala.

Hasta ahora, la astronomía estaba basada en la luz, las ondas de radio o los rayos X mientras que ahora, las ondas gravitacionales están llamadas a ganar terreno porque son absorbidas muy fácilmente por la materia existente, con lo que son prácticamente transparentes al universo.

La astronomía de ondas gravitacionales ayudará a explorar cuestiones como la formación de los agujeros negros, la descripción correcta de la gravedad o cómo se comportan las estrellas de neutrones y las supernovas en determinadas condiciones.

Las ondas gravitacionales, que pueden surgir de la explosión de supernovas (explosiones estelares), transportan información sobre el movimiento de los objetos en el universo y permiten observar la historia del universo desde antes de que se hiciese la luz.

Los detectores LIGO comenzaron a funcionar en 2002 y trece años después la Colaboración Científica LIGO anunció la primera detección de ondas gravitacionales procedentes de la colisión de dos agujeros negros de características desconocidas hasta ese momento, lo que ha supuesto un hito en la historia de la física al confirmar la predicción hecha por Einstein en 1916 y ha marcado el inicio de un nuevo campo de la astronomía.

Este descubrimiento está considerado uno de los logros científicos más importantes del siglo al validar uno de los pilares de la física moderna -la teoría general de la relatividad- y abrir una nueva ventana para observar el Universo.

Rainer Weiss fue pionero en la medición del espectro de radiación del fondo cósmico de microondas, radiación procedente de fotones en la etapa más temprana del universo y también fue cofundador de la misión COBE (Cosmic Background Explorer), lanzado en 1989, y sentó las bases para este proyecto, a principios de los setenta, al detallar cómo debería un interferómetro distinguir las ondas gravitacionales del ruido de fondo.

Kip S. Thorne (Logan, Utah, EE.UU., 1940) está reconocido como uno de los astrofísicos más reputados y uno de los mayores expertos en la teoría general de la relatividad de Einstein, que en la década de los sesenta y setenta fijó los fundamentos teóricos de las pulsaciones de estrellas relativistas y las ondas gravitacionales que emiten, e inventó herramientas para visualizar la curvatura del espacio-tiempo.

Barry C. Barish (Omaha, Nebraska, EE.UU., 1936) creó la Colaboración Científica LIGO, que actualmente está formada por más de 1.100 científicos del campo de la física de más de un centenar de universidades.

Las candidatura de la Colaboración Científica LIGO y de estos tres físicos habías sido propuesta por Emilio Méndez Pérez, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 1998. El jurado ha estado integrado por Juan Luis Arsuaga Ferreras, Juan Ignacio Cirac Sasturáin, Miguel Delibes de Castro, Luis Fernández-Vega Sanz, Cristina Garmendia Mendizábal, Álvaro Giménez Cañete, Bernardo Hernández González, Clara Menéndez Santos, Sir Salvador Moncada, Ginés Morata Pérez, Enrique Moreno González, Teresa Rodrigo Anoro, Inés Rodríguez Hidalgo, Manuel Toharia Cortés, presidido por Pedro Miguel Echenique Landiríbar y actuando de secretario Santiago García Granda.

El pasado año fue merecedor del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica el ingeniero mecánico y biofísico estadounidense Hugh Herr, conocido como el hombre biónico, por su contribución al desarrollo y diseño de extremidades y prótesis robóticas. También han ganado este premio, entre otros, las bioquímicas Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna; los químicos Avelino Corma, Mark E. Davis y Galen D. Stucky; los físicos Peter Higgs y François Englert y la Organización Europea para la Investigación Nuclear; los neurólogos Joseph Altman, Arturo Álvarez-Buylla y Giacomo Rizzolatti; los neurobiólogos David Julius, Linda Watkins y Baruch Minke y los pioneros de Internet Lawrence Roberts, Robert Kahn, Vinton Cerf y Tim Berners-Lee.

El de Investigación Científica y Técnica ha sido el séptimo de los ocho galardones internacionales en fallarse que convoca anualmente la Fundación Princesa de Asturias, que este año alcanzan su XXXVII edición.

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