«Podremos acercarnos al Universo primitivo»

Los científicos, ante la facultad de Ciencias, rodeados de profesores y alumnos. / PABLO LORENZANA
Los científicos, ante la facultad de Ciencias, rodeados de profesores y alumnos. / PABLO LORENZANA

Los invesigadores premiados se citan en la Universidad | Los galardonados en Investigación Científica explicaron la importancia de la constatación de las ondas gravitacionales

ALBERTO PIQUERO OVIEDO.

Casi al modo de las estrellas de fútbol -aunque los fenómenos estelares de los que se hablaría después serían otros-, fueron recibidos en la mañana de ayer en la Facultad de Ciencias los investigadores galardonados con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2017 (posteriormente han sido reconocidos con el Nobel de Física), Rainer Weiss, Kip S. Thorne y Barry C. Barish, junto a la portavoz adjunta de LIGO (Observatorio de ondas gravitatorias por interferometría láser), Laura Cadonati, a los que alumnos universitarios que colmaron dos grandes aulas dispensaron a su llegada una clamorosa ovación.

Fueron presentados por el rector Santiago García Granda y por el vicedecano de la Facultad de Ciencias Luigi Toffolatti Ballarin.

Rainer Weiss, primero en intervenir, recordó que ya Albert Einstein había predicho «las distorsiones de la ondas gravitacionales sobre el tejido del espacio-tiempo», las cuales se propagan a la velocidad de la luz y crean un efecto de 'arrugas'. Quiere decirse que «el espacio se contrae y se expande» y detectores como LIGO «miden esa contracción y esa expansión». Y, en ese terreno, Weiss aludió a su colega Kip Thorne y a la interferometría como aportaciones fundamentales que han acercado ese fenómeno.

El propio Kip S. Thorne asumió «la dificultad para comprender la distorsión del tiempo y el espacio que provoca la colisión de dos agujeros negros», cuya primera observación directa en el observatorio LIGO se produjo el 14 de septiembre de 2015. Previamente, a finales de la década de los 80, explicó, «sólo podíamos predecir las ondas gravitatorias que ocasionaba la colisión de dos agujeros negros mediante simulación en ordenador». Los estiramientos cósmicos que se producen, dijo acudiendo al humor, «básicamente, indican que si te caes allí no podrás salir».

Laura Cadonati subrayó la importancia de la colaboración entre países e que contribuyen a LIGO, evocando la detección mencionada del 14 de septiembre de 2015, «a 1.300 millones de años-luz». Constató que respondió «a los patrones que esperábamos». Pero el pasado 17 de agosto se avanzó un paso (sideral) más, al poner bajo el foco la colisión «de dos estrellas de neutrones», lo que permitirá indagar «los elementos que existieron en el interior de esas estrellas».

Barry Barish abogó en favor de la investigación básica y pronosticó que «en los próximos años dispondremos de un detector de nueva generación que ampliará la visión de eventos, a distancias más lejanas y con mayor resolución». Incluso, agregó, podrá «acercarnos a través de las ondas gravitacionales al Universo primitivo y al Big Bang».

Se les despidió con aplausos tan efusivos como los iniciales.

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