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Richard Ford llegó a Oviedo con su mujer, Kristina Hensley. / PABLO LORENZANA

Richard Ford: «Este premio significa que no soy tan viejo»

  • El escritor estadounidense cree que el Nobel de Bob Dylan es «una buena elección porque es una gran influencia para todas las generaciones»

El tiempo dio tregua a la literatura ayer en Oviedo. La lluvia, que se hizo presente durante toda la mañana, cesó su intento de sabotaje en cuanto el azul imponente de los ojos del Premio Princesa de las Letras 2016, Richard Ford, hipnotizó a los que esperaban su llegada a las puertas del Hotel de la Reconquista. Las gaitas, que parecían convencer más al cielo de que se trataba de una ocasión especial, entonaron sus mejores melodías mientras las decenas de paraguas permanecían cerrados rindiendo armas al «nuevo Hemingway» de la literatura. «¿Quién viene aquí?», preguntaba una señora mayor. «Son los que ganaron los Premios Princesa de esti añu», le respondió uno de los locales. Así pues, móvil en mano, todos intentaban capturar el momento del gran invitado, quien tardó un poco más de lo previsto en llegar a la capital asturiana. La culpa, al parecer, la tuvo el tren en el que viajó hasta Asturias. Algo que no afectó al autor de la conocida triología integrada por la novela 'El periodista deportivo', 'El Día de la Independencia' y 'Acción de Gracias' pues aseguró que «el viaje ha sido maravilloso. Las montañas son espectaculares. Puedes venir en coche o avión, pero el tren es la mejor manera de verlo, puedes admirar lo fantástica que es Asturias por la ventana».

No solo quedó impresionado con el paisaje, sino que nada más posar un solo pie fuera del reluciente vehículo que lo llevó al hotel su mirada fue directamente a parar a los músicos de la banda Xiranda, que le esperaban al ritmo de gaita y tambor en la entrada. «Preguntó por la música de las gaitas. Le ha gustado mucho», explicaba sonriente la directora de la Fundación Princesa de Asturias, Teresa Sanjurjo. Para tranquilidad de Ford, Sanjurjo le dijo rapidamente que «a lo largo de esta semana va a escuchar muchas gaitas». Como todos en Oviedo.

Lo que es un lujo es tener al único e inegualable Frank Bascombe, alter ego de Ford, durante esta semana en la región. Eso sí, en esta cita tan «especial» no podía faltar su inseparable esposa, Kristina Hensley, con la que lleva casado casi medio siglo y con la que tuvo alguna que otra muestra de cariño en su llegada a Oviedo.

Con cariño y alegría también atendió a los medios de comunicación a los que mostró su satisfacción por recibir el galardón: «Significa para mí un estímulo. Significa que no soy tan viejo todavía, que no tengo que renunciar... que lo que estoy haciendo está haciendo al mundo abrir su mente. Y por ello, debo seguir haciéndolo, o hacer más», expresaba. Y cómo no, quiso hacer presente la figura de los lectores, ya que para él son un pilar fundamental. «Un premio así es para los lectores, quiero decir, los lectores siempre leen tu libro y para eso son mis novelas. No escribiría libros si no tuvieran lectores». Por ellos se atreve a todo y ayer lo hizo con el español. «Estuve de estudiante en México hace 30 años», recalcó con un fino y estiloso acento, aunque reconoce que este idioma no es su fuerte.

¿Cuál es su fuerte entonces? «El cuidado detallismo en las descripciones, la mirada sombría y densa sobre la vida cotidiana de seres anónimos e invisibles, con los que conjuga la desolación y la emoción de sus relatos». El jurado de los Princesa describe sus virtudes con estas palabras, razón por la cual le dieron el Premio de las Letras de este año. Letras e historias no tan lejanas de las del Nobel de Literatura, Bob Dylan, el cual le parece a Ford «una buena elección. Significa que este comité está abriéndose a lo que es literatura y eso es bueno». Y es que, según dice, «Bob Dylan es una gran influencia para todas las generaciones. Lo fue en mi vida así que creo que es genial». El hecho es que su lenta y pausada escritura ha logrado convertirse en una seña de identidad que lo ha consagrado como un escritor de culto, pero amante a la vez de los pequeños detalles de la vida. Qué mejor heredero para Hemingway.