Dos plumas para Oviedo

Alfredo Quirós acompaña a Adam Zagajewski, ante el público expectante. / FOTOS: HUGO ÁLVAREZ
Alfredo Quirós acompaña a Adam Zagajewski, ante el público expectante. / FOTOS: HUGO ÁLVAREZ

Karen Armstrong y Adam Zagajewski se encontraron por última vez con sus lectores | La librería Cervantes acogió ayer a los Princesa de Ciencias Sociales y Letras en sendas firmas, que ponían el colofón a sus encuentros públicos

ALEJANDRO CARANTOÑA OVIEDO.

Los ovetenses ya saben lo que significa un imponente coche, de aires oficiales, aparcado (por ejemplo) en la calle doctor Casal estos días. «Za-ga-jes-qui» (sic), deletrea una paseante al teléfono: Los ovetenses ya saben que ese coche ante la librería Cervantes anunciaba que había algún acto de algún galardonado con los Premios que hoy se entregan.

En la tarde de ayer eran la Princesa de Ciencias Sociales Karen Armstrong primero, a las cuatro; y el Princesa de las Letras Adam Zagajewski después, a las cinco. Ella empezó con la sesión de firmas de ejemplares, recién comprados, de sus obras más destacadas. Aún no había demasiada gente por lo temprano de la hora: cuarenta minutos después, rubricó el consabido autógrafo al ubicuo cazador de firmas Ander Azcárate, departió con el gerente de la librería, Alfredo Quirós, y emprendió camino.

Justo entonces entró un hombre de pelo blanco: era Álex Grijelmo, jurado del Premio de Letras y que precisamente acudía a comprar algunos volúmenes de Zagajewski, sin saber que firmaría a continuación. A él lo atendió Concha Quirós, la veterana propietaria de la librería, mientras que la cola para recibir la firma del poeta polaco se iba llenando.

«El año pasado, Richard Ford», explicaba Quirós, «exclamó de emoción al ver la cantidad de gente que convocaban. Los tratan como dioses.» Ella no era lectora de Zagajewski, reconocía, hasta que recibió el Premio: «Y es un descubrimiento, esto los acerca al público y da visibilidad a escritores que no hacen 'best sellers', sino que son autores de calidad. Aprendemos todos».

«Ya llega», la avisan: Zagajewski, perpetua chaqueta, zapatillas marrones y cómodas que lo han llevado por todo Oviedo desde el lunes, se asoma al escaparate que luce lleno con su obra y su rostro.

Al entrar, lo recibe un aplauso que, al menos por tercera vez desde su llegada a la ciudad, lo abruma: unas treinta personas esperan en una pulcra cola a que les dedique alguno de sus libros. Lo hace durante la hora siguiente preocupándose por incluir sus nombres, igual que Armstrong. Quirós está encantada: «¡Ha venido hasta la tele!» Llega la escritora Ángeles Caso, pregunta si Zagajewski «va a hablar». No, solo firmas: «Bueno, ya que estoy...» Empieza a hojear libros.

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