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El Rey saludó a todos los vecinos que solicitaron su mano. / CITOULA

El Rey ensalza la unión de los Oscos y cómo «construyen futuro sin abandonar el pasado»

  • El Premio al Pueblo Ejemplar también reconoce, subrayó don Felipe , sus montañas «como puertas más que fronteras»

  • Los alcaldes de San Martín, Villanueva y Santa Eulalia reivindican políticas «para mantener la vida rural»

La esperanza que flotó en el aire del Campoamor llegó ayer a los Oscos. A la comarca que dibuja esa bella franja de occidente unida por San Martín, Villanueva y Santa Eulalia, premiada este año como el Pueblo Ejemplar de Asturias. Y llegó también para advertir «que un mundo mejor es posible». Lo decía el Rey al instante de poner en manos de los tres alcaldes el título que otorga la Fundación Princesa, después de darse, junto a la reina Letizia tres baños de multitudes, uno por pueblo. Y lo decía, precisamente, por que sumando los valores de esta tierra sobre la que ayer caía la niebla como un invitado extraordinario del paisaje, se logra ser el «ejemplo» que los Oscos han logrado ser.

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Un ejemplo, que lo es sobre todo, subrayó el monarca, por el «coraje», que «hace falta para resistir el atractivo urbano y permanecer». Quedarse en la tierra «que se ha conservado fiel a sí misma», y en la que sus vecinos han elegido, «seguir construyendo el futuro, sin abandonar el pasado». Esos dos sillares son los que hacen destino para don Felipe, que estuvo durante toda la jornada acompañado por el presidente asturiano, Javier Fernández, pero también por el ministro de Educación y Cultura en funciones, Íñigo Méndez de Vigo, además de por los máximos responsables de la Fundación Princesa de Asturias, su presidente, Matías Rodríguez Inciarte, y su directora, Teresa Sanjurjo.

Ante ellos, y también ante el presidente de la Junta, Pedro Sanjurjo, y el delegado de Gobierno en Asturias, Gabino de Lorenzo, recalcó otros hechos que han colocado los Oscos en el palmarés que lleva con éste 27 pueblos premiados. Hechos como la unión de fuerzas entre las tres localidades. Juntas han mantenido «un respeto irrenunciable a su herencia, a un legado de generaciones», que perseveran en transmitir, y que «no hubiera sido posible sin un sentido arraigado de la solidaridad vecinal».

A la solidaridad vecinal, al trabajo en común y también al coraje por elegir las montañas, en lugar del asfalto, también se refirieron los alcaldes premiados, José Antonio González Braña, de Villanueva; Marcos Niño, de Santa Eulalia, y Javier Martínez Pérez, de San Martín.

Los dos primeros haciendo reivindicación de un apoyo para cuando flaqueen la decisión y el esfuerzo por quedarse en el territorio rural. «Unas políticas que ayuden a poner fin a esa crisis, que aquí no es solo económica, como en todas partes, sino también humana. Nos estamos quedando sin gente», sentenció Marcos Niño, que antes de pedir, dio sentidas gracias por el galardón, recibiéndolo como un «punto de partida para mantener el trabajo comunal, que nos tiene que llevar a profundizar en lo económico, pero también en lo humano y en lo social».

Injusta marginalidad

Todo es difícil en las zonas rurales, más en las que, como el propio don Felipe recordó, después de «una larga historia, de gente fuerte y acogedora que ha sabido hacer de estas montañas puertas más que fronteras», después de haber alumbrado «la más destacada ilustración», de haber estado «en vanguardia de la industria, del comercio o del arte o en la cima de la administración al servicio de España», han tenido que asistir a la marginalidad de muchos años. «Una injuta marginalidad que se hizo costumbre» y que, les dijo el Rey, «vuestro carácter pacífico y noble la soportó con resignación». Pero no todos respondieron haciéndole frente. La emigración fue inevitable para muchos. «Fue», reflexionó el Monarca, «el recurso más doloroso, del que toda la familia guarda memoria».

Ahora esa memoria enciende su llama. Por eso la reclama municipal, a la que sumó su voz José Antonio González Braña. Después de acompañar con la más expresiva de las alegrías a Felipe VI por los muros del maravilloso Monasterio de Santa María, de Villanueva, convertido en esqueleto de lo que fue, pero en símbolo de lo que culturalmente se hace en esa pequeña localidad (que, por cierto, sueña con convertir sus muros en un parador nacional), el alcalde pidió «no cruzarse de brazos ante lo que está pasando en el campo».

Poner de moda lo rural

«Tenemos», añadió, «un problema importante en el medio rural, la despoblación, y necesitamos que se pongan en marcha medidas concretas y claras para que siga vivo, para que sea tan importante como el territorio urbano. Debe haber un equilibrio», dijo convencido.

No fue tan contundente el alcalde de San Martín. No hacía falta, ya habían hecho redoble sus homólogos, pero no quiso Javier Martínez Pérez quedarse atrás y añadió al discurso compartido el recuerdo de la «posición de periferia en la que estaban inmersos».

Pero ni la marginalidad, de la crisis poblacional han impedido, «llevar a cabo un trabajo de recuperación de la cultura y los valores tradicionales», en el que se mantendrán, prometió, «en parte, gracias al premio que impulsa para seguir adelante, para lograr que lo rural se ponga de moda, para que todos sepan que ésta, la nuestra, es una buena alternativa de vida».

Así lo consideraron los vecinos que acudieron a festejar el premio, a ver de cerca a los Reyes, pese al frío y la lluvia, y a aplaudir con fuerza a sus alcaldes. Pero no fueron los únicos que hicieron causa de la capacidad de acoger de esta tierra. El Rey, tras sus palabras, también destacó ese hecho, recordando, además, los tiempos en que «llegaron los monjes del Císter», a cuya sombra se cultivó «con cuidado conmovedor». El pasado que atrajo a «los ferrones de Vizcaya, de los que hoy muchos lleváis apellido, para poner en marcha los mazos que marcaron el compás de una nueva comunidad en la que se fundían todos los pueblos de Euskadi hasta Galicia».

Ayer, en la jornada de fiesta colectiva, aún sonaban los hierros y se olía el calor de la fragua, cuya llama de exhibición en mitad de la plaza le servía a la reina Letizia, un instante, para paliar el frío. Pero, minutos después, con los discursos en los atriles y las autoridades bajo la carpa, el tintineo seguía vivo, acompañando como una banda sonora de fondo las palabras del Rey, que hablaba de historia, pero también de presente. De ese que han sabido edificar quienes han podido mantener en sus venas el pasado vivo y el conocimiento de la perseverancia en tiempos difíciles.

Un presente que llama a las puertas de los Oscos, según Felipe VI, «con una dignidad renovada que se transmite a unas generaciones que ya no se sienten al margen y afrontan el futuro con más optimismo». De nuevo la esperanza. Generaciones que saben que en «las escuelas», -ese lugar que el Rey describió como «el mañana de cualquier pueblo»-, se «aprende que el mundo es una oportunidad y que ésta también pasa por aquí».