Un premio con el wifi debajo del brazo

Poreñu estrena la conexión un día después de ser elegido Pueblo Ejemplar

Los vecinos de Poreñu leen EL COMERCIO mientras celebran la conexión inalámbrica a internet./D. ARIENZA
Los vecinos de Poreñu leen EL COMERCIO mientras celebran la conexión inalámbrica a internet. / D. ARIENZA
PABLO A. MARÍN ESTRADA

El recién elegido Premio al Pueblo Ejemplar vivía ayer la resaca de la fiesta improvisada el día anterior al enterarse de su elección. Y lo hacía celebrando un segundo milagro: después de meses esperando, por fin tenían conexión wifi. Y para celebrarlo, Félix Martín, vocal de la entidad vecinal, lanzaba los dos últimos voladores que habían quedado de la fiesta.

Sus caleyas asfaltadas y caminos volvían a la serenidad usual de un lugar en el que sus actuales vecinos –menos de un centenar, de los que unos sesenta residen en él de forma estable– mantienen costumbres comunitarias heredadas de sus mayores, como la sextaferia (trabajo colectivo para el arreglo de espacios y vías comunales), un mérito que ha reconocido el jurado de la Fundación Princesa encargado de su elección y que aplaudió don Felipe en una carta remitida al alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega: «Nuestra más sincera felicitación por el premio concedido por mantener vivas sus tradiciones y por la vitalidad de sus asociaciones», escribió.

El jurado recordaba otros hechos históricos no menos importantes que la fundación de la localidad, designada por el rey Enrique II en 1366 como coto señorial, y relacionados directamente con sus sextaferias: «Gracias a una de ellas, en los años 50 del siglo pasado, los vecinos de Poreñu abrieron, con picos y azadas, la caja de la actual carretera y también realizaron la traída de agua a la fuente pública», se recoge en el acta. El cuidado del pueblo, sus caminos sin maleza, las edificaciones rehabilitadas como las antiguas escuelas –hoy centro social–, son la prueba material que se encuentra el visitante de los trabajos de sus vecinos realizados en sextaferia.

Loli Riva (Colunga, 1968), presidenta de la Asociación ‘La Capilla’ lo explica, orgullosa de preservar la costumbre: «Nuestros antepasados hacían sextaferias para arreglar el pueblo y seguimos haciéndolo». La fórmula es sencilla y eficiente: «El ayuntamiento nos da el material y nosotros realizamos la obra», detalla Riva, mientras organiza el reparto de lotería de Navidad con otros vecinos. Bromean sobre la demanda que va a tener su número este año. Y es que el pueblo parece estar en racha.

Por las calles de Poreñu aparecían los primeros visitantes atraídos por la concesión. Desde otro pueblo ejemplar, Torazu, llegaban Tere González y Pepe Cobián, emigrantes en Argentina desde hace más de medio siglo y que vuelven cada verano a su casa asturiana. En septiembre de 2008 les tocó vivir la alegría de Torazu: «Nos fuimos a Buenos Aires y volvimos para la entrega. Los Príncipes estuvieron en mi casa», evoca ahora. Félix les invita a visitar las colecciones fotográfica y etnográfica del centro social, reunidas con las aportaciones de los vecinos.

El pequeño museo de la memoria local es otro logro del espíritu de sextaferia que la asociación vecinal impulsa desde su creación en 1999. En Poreñu cuentan con un interesante conjunto de hórreos y paneras centenarios que mostrar a los visitantes que lleguen de ahora en adelante. Sextaferiando han recuperado viejos caminos como rutas senderistas, riegas, abrevaderos y sobre todo la ilusión de seguir trabajando en común por el pueblo. Tania Naredo, de diez años, asiste con su familia a la reunión vecinal. Tiene el futuro por delante y parece feliz. La fiesta para ella empezó hoy conectando su tablet al wifi recién llegado. Otro nexo de unión para estos maliayeses ejemplares.

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