A las cuatro de la madrugada, Tiro era una ciudad dormida. Sólo el muecín rompía el silencio con su oración. De pronto, su canto se rompió y empezaron a escucharse los sonidos de la guerra. Hezbolá lanzó un katiusha muy cerca del centro urbano y el casco antiguo retumbó. Luego llegaron los helicópteros, las ráfagas de las baterías antiaéreas del Ejercito libanés y, por último, los aviones supersónicos haciendo vuelos rasantes. Cada vez que pasaban por encima de una casa, los corazones de sus acostumbrados, y sin embargo aterrorizados, inquilinos multiplicaban sus latidos por mil.
La guerra también se veía. Los dos helicópteros Apache se divisaban perfectamente, casi se podían tocar la mano, sobre todo cuando los destellos de las bombas iluminaban el cielo. La guerra se olía. El polvo, los escombros y un carro blindado en llamas con una humareda gris y cálida que impregnó el paseo marítimo de olor a chamuscado. La guerra se tocaba. Los vecinos de las casas se juntaron rápidamente en los sótanos y juntaban sus manos sudorosas para darse ánimos.
Y la guerra tenía sabor a fruta. El sabor agrio y empalagoso de los limones y los plátanos. Porque la guerra en Tiro sabe a estas frutas. De los campos donde crecen salen cada día y cada noche los katiushas que asolan Israel. En esos campos se desarrolló la operación militar más importante sobre esta ciudad desde el inicio de la guerra. Apenas duró dos horas, pero el tiempo pasa lento cuando Israel ataca.
Como hace un par de jornadas en Baalbek -donde Israel atacó un hospital supuestamente dirigido por Hezbolá- el Ejército hebreo lanzó una operación de sus tropas especiales para acabar con los líderes del Partido de Dios en Tiro. Dos comandos hebreos llegaron a las cuatro de la mañana en dos helicópteros Apache e intentaron tomar tierra en esos campos de frutales que rodean la ciudad más importantes del sur de Líbano. La respuesta de Hezbolá no se hizo esperar y sus milicianos lanzaron cohetes y dispararon sus AK47 contra los helicópteros. El Ejército libanés, por primera vez desde que empezó el conflicto, puso en marcha su única batería antiaérea en la ciudad para repeler la operación. De esta manera cumplieron con la promesa realizada por el ministro de Interior libanés al comenzar la guerra, «si intentan una invasión terrestre, responderemos». El Ejército respondió y la aviación israelí destruyó su único vehículo blindado.