Un sobrecoste acumulado de 600.000 euros (100 millones de pesetas) en las obras de la Iglesiona han encendido todas las alarmas en el Arzobispado de Oviedo, propietario del templo y promotor de la rehabilitación de la emblemática basílica gijonesa. No es para menos. Cuando aún no ha culminado la primera fase de los trabajos, la del tratamiento del subsuelo, ya se ha excedido casi en un 50% el presupuesto de adjudicación de obra a la empresa especializada Geocisa. Esta fase se retrasará finalmente hasta finales del mes de setiembre.
El coste de partida de la rehabilitación asciende a 1,3 millones de euros y, de acuerdo con el convenio suscrito hace casi un año, ha de ser financiado a partes iguales por la Iglesia asturiana, el Principado y el Ayuntamiento de Gijón. Sin embargo, todos los imprevistos económicos que surjan durante las obras debe afrontarlos en solitario la Diócesis. Y ya va más de uno.
El primer sobrecoste, 378.000 euros (62 millones de pesetas), fue el responsable del importante retraso que acumuló también el arranque de la intervención para resolver los problemas estructurales que aquejan a la Iglesiona. Éste superó el medio año de demora.
Las obras debían haber arrancado en noviembre de 2005, pero la exigencia por parte de Geocisa de una serie de actuaciones de carácter preventivo que no figuraban en el proyecto inicial -el andamiaje especial bajo las bóvedas y la sujeción con arneses de la escultura del Sagrado Corazón- supuso el primer quebranto para las arcas diocesanas. De hecho, en aquella ocasión los responsables de la Iglesia asturiana estuvieron tentados de cancelar el contrato con la empresa adjudicataria por incumplimiento del mismo. Algo que no se materializó por el apremio de las obras. Al final, tras meses de negociaciones, el ecónomo de la Diócesis, José Ramón Garcés, y el rector de la basílica, Julián Herrojo, consiguieron una pequeña rebaja para el pago de ese sobrecoste.
Inyectar más profundo
Pero ahora el Arzobispado se ha encontrado con que las inyecciones de hormigón aplicadas desde el pasado mes de junio para reforzar la cimentación han encarecido el proyecto originario en otros 270.000 euros adicionales (45 millones de pesetas). Según explicó a EL COMERCIO Agustín Cidón, el aparejador de la obra, «los recalces -las inyecciones para estabilizar las partes hundidas de la Iglesiona- se han hecho a más metros de profundidad de los previstos en inicio».
Los responsables de la Diócesis asturiana está tan preocupados por lo que se les avecina, que ya han convocado una reunión urgente con los máximos responsables de Geocisa. Este encuentro se celebrará previsiblemente durante la primera quincena de setiembre y en él se pondrá encima de la mesa tanto el malestar del Arzobispado como la búsqueda de alternativas para las fases de rehabilitación que quedan pendientes. La Diócesis no está dispuesta a que siga creciendo el agujero financiero de la Iglesiona y, según Cidón, planteará a la empresa la necesidad de hacer reajustes económicos que nivelen los sucesivos sobrecostes.
«Habrá que abordar lo más prioritario, porque estos contratiempos se están produciendo nada más empezar las obras», anticipó el arquitecto técnico contratado por el Arzobispado. Y lo prioritario para la Diócesis que encabeza Carlos Osoro es ahora la recuperación de la cubierta. De esta forma, otras actuaciones más accesorias como la limpieza de la piedra y el sellado de las grietas de la fachada exterior podrían demorarse en el tiempo. Agustín Cidón advirtió de que la continuidad de los trabajos o la posibilidad de que se produzca un nuevo parón dependerá de «la disponibilidad de fondos por parte de la Diócesis».
El rector de la basílica del Sagrado Corazón, Julián Herrojo, arremetió ayer contra la empresa contratada para la rehabilitación. A su juicio, Geocisa, integrada en ACS Dragados, conglomerado de empresas a cuyo frente está el ex presidente del Real Madrid Florentino Pérez, «maneja con los clientes privados los mismos presupuestos blandos que utiliza para la obra pública contratada por administraciones como la del Estado». Además, el sacerdote comparó el sobrecoste de las obras del templo con el del acuario, donde participó FCC, otra firma del mismo grupo.