Tradicionalmente al llegar estas fechas se hace un balance de la temporada turística, asumiendo que finalizado agosto se entra en la larga y difícil temporada baja, pero en esta ocasión, lejos de hacer un análisis del verano pretendemos hacer una reflexión sobre otros aspectos. A nuestro modo de ver la temporada no ha terminado, aunque inevitablemente debemos asumir que se ha superado la parte álgida del año (junto al breve paréntesis de la Semana Santa). Proponemos desde ahora trasladar el balance turístico a finales de año, para poder contar con perspectiva suficiente para hacer un análisis reflexivo en base a datos objetivos suficientes sobre número de visitantes, ocupaciones, etc. en lugar de extraer conclusiones parciales sobre julio y agosto o sobre los distintos concejos del oriente de Asturias.
Desde hace ya algunos años se viene experimentando un importante cambio en el comportamiento turístico que ha influido muy positivamente en la actividad del sector. Hoy en día se cuentan con algunos indicadores que muestran tímidamente que se están alcanzando logros en la tan ansiada y cacareada desestacionalización. El cambio de hábitos de consumo, la fragmentación de las vacaciones, la generalización de las escapadas cortas, la consolidación de productos como el turismo rural, la creación de nuevos atractivos consumibles durante todo el año, los vuelos baratos, etc. han motivado que se mantenga una cierta actividad a lo largo de todo el año, lo que es motivo suficiente para esperar a diciembre para ver si realmente el año ha sido bueno o malo. Los datos de agosto no pueden variar mucho entre unos años y otros al mantenerse un equilibrio entre el aumento de la oferta y el aumento de la demanda. Julio, por otra parte, es un mes en cierta medida predecible en cuanto a visitantes y ocupación porque todos los años reproduce el mismo comportamiento: gran expectativa por ser la entrada de la temporada alta y ocupación por debajo de lo esperado, achacable siempre al crecimiento de la oferta y el estancamiento de la demanda para este periodo. Si realmente el sector trabajase por objetivos, no sería realista fijar un objetivo de ocupación del 100%, ni tan siquiera del 80% para el mes de julio. Por el contrario si se fija un objetivo de un 60% de ocupación y se alcanza el objetivo, el resultado es plenamente satisfactorio. Podría parecer que un objetivo tan bajo muestra una situación de crisis, pero no lo es si se hace un análisis ponderado en lugar de una valoración absoluta. Hace tan sólo 10 ó 15 años la actividad se concentraba casi en exclusiva en Semana Santa, algunos puentes, julio y agosto, pero hoy día los resultados de julio hay que ponerlos en relación con septiembre, con mayo, con octubre, con abril con los fines de semana y con el resto de los meses. El cómputo general nos dará realmente la clave y los datos para ver los resultados de la temporada, y su evolución la tendremos si la comparamos con los años anteriores. Y a partir de estos datos deberíamos hacer una reestructuración de nuestras temporadas turísticas, fijando de forma realista lo que efectivamente es temporada alta o especial, los periodos de temporada media y la inevitable temporada baja.
Por el momento algunas pistas apuntan a que el año evoluciona favorablemente: aumento de visitantes (según los datos de las consultas en oficinas de turismo) en Cangas de Onís, Llanes y Ribadesella, incremento de visitantes en algunos recursos turísticos como el Aula del Reino de Asturias, o el aumento de reservas en la Central de Reservas , pero sobre todo se barajan otro tipo de indicadores que muestran que se está avanzando mucho y trabajando en serio para consolidar turísticamente la comarca de Picos de Europa como el principal destino de la región.
La puesta en marcha de una serie de proyectos de ámbito comarcal como es el caso de 'Paraíso Rupestre', la red de destinos de Excelencia o Dinamización turística que permitirá a los Ayuntamientos adaptarse a los nuevos tiempos y mejorar o crear su oferta turística, la misma Fundación Turística de la Comarca o el ansiado arranque de las obras de aparcamientos en el acceso a Covadonga y Los Lagos, muestran cómo la comarca se va preparando no sólo para acoger sino también para atraer turistas.
La clave para el futuro, y de ello dependerán en gran medida los resultados no sólo anuales sino de las próximas décadas, será saber crear una red de recursos turísticos lo suficientemente atractivos como para interesar y atraer visitantes, que sean complementarios entre si y que estén organizados y previstos para funcionar todo el año, de forma que se pueda mantener una oferta permanente capaz de satisfacer una amplia demanda.
Una buena promoción es clave para atraer turistas, y los resultados pueden comprobarse fácilmente en nuestro entorno con el crecimiento de Llanes y Ribadesella, pero esta promoción debe ser paulatina y adaptada a la generación de atractivos, de forma que se mantenga un constante equilibrio entre expectativa y satisfacción.
Hay que hacer un llamamiento a la reflexión sobre la dinámica de crecimiento que se está experimentando en la comarca: la permanente urbanización, que puede transformar y anular el atractivo de los pueblos, de las zonas rurales y de los paisajes, componentes fundamentales de nuestra oferta, y que lleva aparejados otros problemas no menos importantes como son la gestión del agua y de los residuos.
Imaginarse un escenario de nuestra comarca donde se ofrezca una auténtica red de puntos de interés consumibles todo el año, con un paisaje y un urbanismo protegido y cuidado, con servicios suficientes para el habitante habitual y para el visitante ocasional, no sólo es posible sino que será la mejor forma de asegurar el crecimiento turístico y de que la temporada turística no se limite a julio y agosto.
Junta directiva de INCATUR