En 2027 el mundo, angustiado por la guerra, el caos y una infertilidad genética de escala global, se sume en la desesperación por la muerte del hombre más joven del planeta, un chico de 18 años que sólo por eso ya era un celebridad. Éste es el atractivo arranque de 'Children of men' (Hijos de los hombres), el nuevo trabajo del mexicano Alfonso Cuarón cinco años después de la magnífica 'Y tu mamá también'.
Se trata de una película de acción con ecos espirituales y políticos. Muy bien rodada, eso sí, con un plano secuencia espectacular de varios minutos. A concurso en Venecia, resulta apocalíptica, pesimista y sin concesiones. Gran Bretaña resiste como el último reducto de estabilidad al precio de estar militarizada y es invadida por hordas de inmigrantes ilegales. Todos son confinados en campos de concentración de corte nazi que aplican los sistemas que ya han demostrado su eficacia en la prisión de Abu Ghraib (las referencias son explícitas).
Encima siempre está nublado y todo el mundo está como enfadado, salvo un curioso y jovial Michael Caine con melenas de viejo 'hippy' campestre. El protagonista es Clive Owen y también sale por ahí Julianne Moore. Lástima que le sobren subrayados y le falten sutileza y matices para ser realista. Enésima deudora de 'Blade runner', la ambientación es sombría y lluviosa. En cualquier caso, es interesante, hace pensar un poco y entretiene.
Rollo austriaco
El otro título a concurso de ayer fue una película austriaca que es un patata, 'Fallen', de Barbara Albert. Viene a ser como 'Reencuentro', el maravilloso film sobre un grupo de amigos que se vuelven a ver al cabo de muchos años en un funeral. Lo que pasa es que en vez de tratarse de unos tipos entrañables que oyen a Marvin Gaye y los Rolling Stones en esta ocasión son una panda de sosas que se ríen de cosas incomprensibles y se conmueven con pop alemán de los ochenta. Mejor abstenerse si no se es austriaco.