Las orejas de todos, incluida plantilla, directiva y afición, están más gachas que las de un perro perdiguero. Y es lógico. La derrota frente al Málaga ha dejado al Sporting tocado y a Manuel Preciado haciendo un cursillo acelerado de psiquiatría para que sus chicos se olviden del tema. Sólo hace falta saber ganar, debe repetir. No obstante, eso no evitó lo esperado, que el técnico rojiblanco echara ayer un rapapolvo a los suyos en el vestuario. Un secreto a voces.
Atribuye el técnico el jarro de agua fría recibida en El Molinón a los pecados de juventud de un plantel muy joven, sin experiencia y tremendamente cansado física y psicológicamente por tanto trajín de viaje. No es el único.
«Los jóvenes nos van a ofrecer momentos visuales maravillosos, pero también nos harán sufrir porque, en ocasiones, no leerán bien los partidos». Lo dice el técnico decano de Tercera y responsable del Ceares, Rogelio García. Pero también el entrenador del Ribadesella, el ex defensa sportinguista Mino -«cuando un equipo es joven, la bisoñez se paga porque la Segunda es una categoría complicada»-; el titular del banquillo del Langreo, el ex rojiblanco Juanjo -«ser capaces de dar, en un escaso margen de tiempo, lo mejor y lo peor es algo innato a la juventud»-, y el técnico y legendario delantero de la etapa de oro rojiblanca Enzo Ferrero, para quien el arranque liguero ha puesto sobre la mesa «la irregularidad de una plantilla joven».
A ojos de estos profesionales, no todo es tan evidente. «El sistema de Preciado es arriesgado, pero lo prefiero así. No podemos pretender que sea un equipo atrevido, vistoso, guerrero y, a la vez, con experiencia», explica Rogelio, que observa una pega: la falta de concentración en las jugadas de estrategia del rival. «Si en la grada estábamos nerviosos, hay que imaginarse cómo estaría uno de estos chavales sobre la hierba», matiza. En esos mismos términos conviene Ferrero. «El Sporting hace agua por muchos sitios, pero sobre todo se trata de problemas de estrategia y del trabajo en el centro del campo», apunta el argentino, que advierte de que «cuando se pierde el balón, la recuperación debe hacerse de forma ordenada y con el futbolista sabiendo dónde tiene que estar y qué tiene que hacer».
Sin balón, menos fuelle
Es decir, sin el balón en los pies, el equipo pierde fuelle. «Cuando no llega la presión y el rival le mueve el balón y le obliga a replegarse, es entonces cuando le cuesta sacar el esférico desde atrás». Juanjo considera, en cualquier caso, que estas carencias «se trabajan y se mejoran con el paso de los partidos hasta el límite que establezcan las propias condiciones de los futbolistas». «El problema será que no exista ese jugador contundente en la plantilla», apunta.
En cuanto a la forma de jugar, todos coinciden en varios puntos importantes: la efectividad del sistema, la calidad de los jugadores, la línea de presión muy adelantada y la posesión de la pelota. Cuatro aspectos muy sencillos de plantear y muy difíciles de llevar a cabo. «Tenemos el mejor profesor que puedan tener los alumnos porque hay que tener mucha paciencia e insistir en la concentración, pero teniendo en cuenta que en el campo hay jugadores de 21 y 22 años», afirma Rogelio al ser interpelado sobre el técnico Manuel Preciado. Y Mino destaca que el cántabro «tiene una idea clara de lo que quiere, que no es otra que presionar desde que sale el balón, con las líneas juntas y los chavales en buena forma física». En este sentido, el técnico del Ribadesella incide en la importancia de dónde sitúa Preciado esa línea de presión: «Colocarla tan adelante dificulta el juego de sus rivales, que en Segunda no suele ser de gran calidad».
Con todo, esos matices se ciñen a una idea inicial: el respeto a la tradición del mejor fútbol. Fútbol de pelota, de posesión, de toque, fútbol al pie. «Es un conjunto que quiere jugar arriba, que aprieta, con un estilo fluido que gusta a la grada y para el cual se hizo la plantilla. Este año acudes a El Molinón como cuando lo haces a una corrida de toros, a ver al maestro firmar una buena faena», destaca el responsable del Ceares. El ex técnico, entre otros, del Industrial y ACF, por su parte, lo ve de otra manera: «Lo positivo es el futuro que puede tener este Sporting y, actualmente, cómo trabaja con el balón».
La bolsa del Sporting escasea. Cinco partidos y seis puntos. Dos victorias, ningún empate y tres derrotas -consecutivas-. ¿Pobre bagaje? «A poco que los resultados refuercen la cabeza de los jugadores y éstos se sientan importantes, el plantel, con su calidad y condición física, va a darnos cosas positivas», señala el entrenador del Ribadesella. «La competición es la que le da al futbolista joven la experiencia para dominar estas situaciones», dice Juanjo, que, como su homólogo riosellano, conoce, y bien, cómo funciona el vestuario gijonés. Tanto como Enzo Ferrero, que recuerda que «todos los sistemas son buenos siempre que se trabajen bien. Y a éste le falta que lo hagan en la faceta defensiva».