Miércoles, 11 de octubre de 2006
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GIJÓN

AL AIRE
Monografía
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ASEGURA el personaje apodado Casacites que su verdadero nombre es el de todos aquellos escritores o decidores que han hecho las funciones de un buril para grabar en su memoria comentarios y narraciones que él ha hecho propios sin pudor ni rubor.

«Ye que, a estes altures, ya está prácticamente todo dicho, bobín», suele argüir a modo de excusa coloquial, que se transforma en pedantería a un nivel excusador de tono más elevado:

«Copiar es algo pedestre. Copiar es algo peculiar. Por una parte, copiar nos convierte en lo que somos. Nuestros cuerpos adquieren forma a través de la transcripción de secuencias de proteínas; nuestros lenguajes, a través de la mímica de sonidos privilegiados; nuestras marcas, a través de la repetición de prototipos. Las culturas se basan en la transmisión fiel de rituales y de patrones de conducta. Copiar célula a célula, palabra a palabra, imagen a imagen, es hacer nuestro el mundo conocido».

Y como lo de nuestro hombre no es la biología, ni la pintura o la fotografía, sino lo verbal y la palabra escrita, resulta que acaba de publicar una monografía con un título que lo dice todo: «Cito, luego existo». Como no podía ser de otra forma, en el prólogo cita una parte del que Montaigne escribió para sus 'Ensayos':

«Se podría decir de mí que en este libro lo único que ha hecho es juntar un ramillete de flores de otros hombres, y que a mí me corresponde sólo la cinta que la mantiene juntas».

Por tratarse de un nativo del barrio primigenio de la villa de Jovino, elijo hoy una flor perfumada del aire solitroso de Cimadevilla narrada por L. Nicieza Ovies, 'Noti':

«Faciéndose el entendíu, un madrileñu con mala sombra pregunta a un playu en La Escalerona, como no dándose importancia, en plan de sorna: 'Usted que es del mar, ¿sabría leerme esos medidores atmosféricos?'. El de aquí contestó: 'No me haz falta leélos, selos de memoria'».

O esta otra, alusiva también al tiempo, en estos tiempos en los que a un viento de 'les castañes' un poco fuerte lo llaman huracán: «El tiempo, tema permanente de conversación, es el clima de una hora. Heredamos el hábito de hablar y preocuparnos por él de nuestros antepasados de las cavernas que, no obstante, se fiaban de los dolores de callos y de los magos, con idéntico o mejor resultado que el de los servicios meteorológicos».

 
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