Lunes, 16 de octubre de 2006
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El futuro del 'Pavo Real'
El Ayuntamiento no ha decidido aún el destino del edificio de la Escuela de Hostelería que trasladará su sede a Olloniego, aunque ha habido propuestas
El futuro del 'Pavo Real'
FORMA EXÓTICA. El edificio, ahora de la Escuela de Hostelería, tiene forma de pavo real, como se observa en su tejado. / MARIO ROJAS
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El traslado de la Escuela de Hostelería del Principado al edificio que construye la Cámara de Comercio en una parcela del Polígono Industrial de Olloniego-Tudela dejará al 'Pavo Real' vacío.

Quedan casi 11 meses para terminar la obra de la nueva sede y unos meses más para rematar su equipamiento. Así que, de momento, nadie parece haberse planteado su destino.

«Quedan dos años de transición y no sé lo que va a pasar», afirma la directora del centro, Marta Ávila. Prácticamente en el mismo sentido se explica el concejal de Patrimonio, Óscar Cuetos. Asegura que el Ayuntamiento no tiene pensado un uso todavía y, si lo ha hecho, él al menos no lo desvela. Desde luego, no le faltan novios al 'Pavo Real'. La Administración local ovetense es la propietaria del establecimiento y como tal lo cedió a la escuela. Pero su historia se remonta a unos años antes.

En 1992, el de los Juegos Olímpicos de Barcelona, el Ayuntamiento convocó un concurso de ideas para la instalación de bar-cafetería en el paseo de la Herradura, el mismo lugar donde, unas décadas antes, se celebraban bailes durante las fiestas de San Mateo. Unas vallas delimitaban el espacio donde había mesas para tomar algo y pista para moverse al ritmo de pasodoble. Bajo el quiosco de música, estaban los urinarios.

«Más de cuatro se habrán echado novio en La Herradura», rememora la cronista oficial de la ciudad, Carmen Ruiz-Tilve, que define los bailes como un evento «popular», que no populachero, «democrático», por lo asequible de la entrada y la variedad del personal, y «agradable». «Había gente de todo tipo». Años después, también se celebraron conciertos. Dos habituales recuerdan que, de jóvenes, fueron allí a ver actuar a Víctor Manuel y Ana Belén. Eran los 70.

La idea de construir un establecimiento en un parque con el valor medioambiental y sentimental que tiene el Campo de San Francisco despertó voces en contra, al menos, entre los grupos políticos del Ayuntamiento. Como puede leerse en el expediente que atesora el Archivo Municipal, en una sesión de la Comisión Informativa de Personal, el concejal socialista Alberto Hinojal recordaba «la oposición del pueblo desde el pasado siglo a todo obstáculo en el interior del Campo». Con estos y otros argumentos parecidos, PSOE e IU se opusieron al proyecto del equipo de gobierno municipal. Ganó la postura del PP. Como resumía el ya desaparecido Enrique Díaz, «este tipo de construcciones pueden potenciar el Campo para disfrute de los ciudadanos, complementando su pavimentación y alumbrado».

La obra

Los arquitectos José Barcena y José Antonio Fernández ganaron el concurso de ideas y, también, llevaron adelante el proyecto para su ejecución, adjudicada a la empresa Coprosa por un precio de 37 millones de pesetas -algo más de 220.000 euros- y un plazo de cinco meses. Plantearon la construcción de un edificio con marquesina realizado, fundamentalmente, en hierro, aluminio y cobre. Rodeándolo, un espacio polivalente al aire libre y una pérgola ya pegando al kiosco de música. Además de como bar-cafetería, los autores del proyecto, que lo bautizaron como 'Pavo Real' por motivos evidentes, concibieron el espacio para otros usos: muestras artesanales, feria del libro, exposiciones o actuaciones musicales.

Pero como tal establecimiento no llegó ni al horizonte de 2000. Unos años antes, la Escuela de Hostelería 'adoptó' como sede este edificio que imita los colores y las formas de la exótica ave que alegra el Campo de San Francisco. Evidentemente, tal como estaba, se les quedaba pequeño. Así que los mismos arquitectos se encargaron de la ampliación siguiendo una configuración radial. Ahora, sus alumnos y profesores padecen las deficiencias propias de una construcción que no pudo utilizar ladrillos y elementos que realmente aíslan del frío y las goteras. No fue un capricho, sino por respetar y proteger un entorno salvaguardado como el parque.

Este inconveniente no parece amilanar a los que han manifestado su interés en ocupar el lugar. El presidente de la Sociedad Protectora de La Balesquida, Francisco Blanco, aprovechó su oportunidad para hacerlo en una entrevista a EL COMERCIO publicada en junio: «Ya se lo dije al alcalde, que nos deje el paseo de La Herradura ahora que la Escuela de Hostelería se va para Olloniego», avanzó entonces. Parece ser que ya tienen espacio asignado en las plantas superiores de la recientemente inaugurada Oficina de Turismo.

Otros han propuesto nuevos usos para cuando quede vacío. Es el caso del Grupo Municipal de Izquierda Unida, que hace más de un año planteó trasladar al 'Pavo Real' a la emisora municipal, Radio Vetusta. «Como casi todo lo que proponemos, quedó en el olvido», dijo su portavoz, Roberto Sánchez Ramos. En fin, posibles usos no le faltan, aunque no hay que olvidar que se concibió como un edificio desmontable.

 
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